20 años de “Around the Fur” de Deftones: Una estética del contraste

Por Rodrigo Guzmán.

Hace un par de días atrás conversaba con el editor de este medio sobre cuánto se extraña la sensación de escuchar un disco que logra cambiar las percepciones de lo que uno entiende por música. Ese tipo de álbum que obliga a preguntarse ¿qué es esto? ¿qué es lo que escucho? Los últimos lanzamientos internacionales no alcanzan a generar aquello, una sensación antigua que alimenta una percepción algo sesgada: ya no se hacen discos como antaño.

A mediados de los noventa, tras el auge y caída del grunge, el desarrollo posterior que el rock y el metal podrían alcanzar era algo más bien incierto. Esto, hasta que apareció Rage Against The Machine y, con ellos, dos conjuntos que cayeron desde el cielo: Korn y Deftones. En 1995 estos últimos editaron Adrenaline, un álbum que generó tanto admiración y resistencia para los puristas de siempre, como perplejidad. Su mezcla de estilos y su crudeza, matizada a la vez con cierta melosidad (la que sólo se había observado en parte y con timidez en algunos conjuntos), era disruptiva. Sin embargo, y tras sobreponerse al impacto del primer disco, los nativos de Sacramento dieron uno de sus golpes maestros: su segundo álbum, Around The Fur, fue publicado el 28 de octubre de 1997.

Este disco supone el trabajo del complemento y la oposición sonora (tan propia de Deftones como colectivo), pues logra conjugar un sonido definitivamente más abrasivo que su antecesor, toda vez que comienza a incorporar elementos melódicos y bajas de bpm a lo largo de su escucha. Por lo mismo, su paleta sonora logra evocar tanto al groove metal de Sepultura, como al post hardcore de Will Haven, cuyo sticker se puede observar pegado en el gabinete de Stephen Carpenter dentro del booklet del álbum. Asimismo, los matices vocales de Chino Moreno logran afianzar la veta melódica del conjunto, que supone la influencia de The Cure, Depeche Mode, The Smiths, The Cars y Duran Duran; influencia que luego se apreciará en los múltiples cover que los oriundos de Sacramento realizaron de estos ilustres colectivos.

De este modo, y ya en cuestión de tracklist, el álbum se advierte de inmediato como rotundo: la rola elegida para abrir la producción fue “My Own Summer”. En dicha pista se logra oír desde el primer minuto el timbre agudo de la caja de Abe Cunningham, quien, tras un riff hipnótico de Stephen Carpenter, se deja progresar durante tres minutos con treinta y cinco segundos con cadencia inusual para el género (o al menos para el de la época). Mucho se ha hablado de la veta new wave de Chino Moreno, quien, distante del sonido del metal puro, susurraba calmo cada uno de sus versos, interrumpidos súbitamente en un estribillo rabioso que repetía sin parar “shove it, shove it, shove it”.

Al igual que “My Own Summer”, otro de los tracks elegidos como sencillo promocional fue “Be Quiet & Drive”. Esta elección no fue antojadiza, pues supuso un contraste con el primer single, cuya violencia se vio matizada por el sonido más bien cándido y pueril que éste destilaba. Dicho contraste materializa muy bien la esencia de Deftones, cuyo sonido transita sin mayores problemas entre la crudeza y la melancolía, entre la calma y la cólera, generando así ambientes tan tensos como emotivos.

Decía Chino Moreno que Around The Fur ha sido, con bastante probabilidad, el trabajo más irascible de Deftones. Dicha rabia se vio condicionada, en parte, por el misterioso homicidio de Dana Wells, hijastro de Max Cavalera, quien fue asesinado en un confuso incidente en 1996. El rostro del muchacho se hizo familiar para muchos fanáticos de Soulfly, quienes se acostumbraron a verlo en los distintos lanzamientos del conjunto liderado por Max. Este mismo colaboró en uno de los tracks más agresivos del disco, “Head Up”, cuya interpretación en el Santiago Gets Louder 2015 fue, francamente, apabullante. Teñido por el sonido practicado en Roots por Sepultura, “Head Up” constituye un himno brutal y caótico, selvático y atávico a ratos, muestra de lo que Moreno y compañía pueden ser capaces de facturar.

En la misma dirección de “Head Up” se puede advertir a “Lotion”, cuyo riff de apertura es ampliamente reconocible. Junto a “Rickets”, este tema es una muestra de la contundencia del riff de Carpenter; quien se decidió, en este álbum, a engrosar el sonido de su guitarra con respecto a Adrenaline, dotando a Deftones de una sonoridad voluminosa que lograba contrastar una vez más con las notas agudas cantadas y gritadas por Chino Moreno.

Pero no sólo de caos estaba compuesto Around The Fur, pues si así fuera, no tendría la relevancia que hoy lo hace ser el disco favorito de Moreno. En este sentido, parece obvio destacar la presencia dislocante de “Mascara”, cuyo beat evoca las texturas hipnóticas y aletargadas del trip hop de Portishead (género que luego Chino Moreno cultivó en los trabajos tempranos de Team Sleep). Asimismo, hay un elemento a destacar que tiende a pasar desapercibido tras el carisma del frontman y el peso aplastante de la guitarra: Abe Cunningham, sentado en su sillín, logra dotar a Deftones de un sonido particular. Lejos del mero baterista funcional que sólo marca los tiempos una y otra vez, Cunningham fue capaz de fabricar fills y breaks notables, cuya particularidad es posible apreciar en tracks como “Lhabia”, “Around The Fur” y “Dai The Flu”, excluyendo posteriormente algunos tan insignes como los conjugados en “Digital Bath”, “Bloody Cape”, “Romantic Dreams” o “Heart/Wires” por nombrar sólo algunos. En este sentido, Cunningham demuestra que para ser un baterista eximio no es necesario encumbrarse por sobre los 250 bpm o tener una cantidad gigantesca de címbalos y toms. Por el contrario, basta y sobra con sólo un estilo, con un touch, dinámico y omnipresente como el suyo, pues su trabajo de bombo, caja y hi hat se convierte en el exquisito sello de estilo de los de Sacramento.

Como sea, Around The Fur es un disco que hoy cumple veinte años, pero tras su halo de modernidad aún suena fresco, potente y evocador. Por lo mismo, es un álbum que desborda con creces los límites de nu metal como género, ya que, a lo largo de sus composiciones, se logra intuir un ánimo y una estética sonora que busca plantearse como alternativa, como independiente, y no como una muestra hábil de un género modal. Para los seguidores de Deftones es quizás uno de sus mejores álbumes, advirtiéndose así como un precedente directo del sonido de White Pony, placa que cimentó definitivamente la carrera de los sacramentinos. En este sentido, urge decir que Around The Fur, junto a Adrenaline y White Pony, son las tres vigas maestras que estructuran el templo construido por Deftones, espacio que nosotros, los fans de Chino Moreno y compañía, visitamos frecuentemente con la misma fruición de hace 20 años atrás.

Por Rodrigo Guzmán. Hace un par de días atrás conversaba con el editor de este medio sobre cuánto se extraña la sensación de escuchar un disco que logra cambiar las percepciones de lo que uno entiende por música. Ese tipo de álbum que obliga a preguntarse ¿qué es esto? ¿qué es lo que escucho? Los últimos lanzamientos internacionales no alcanzan a generar aquello, una sensación antigua que alimenta una percepción algo sesgada: ya no se hacen discos como antaño. A mediados de los noventa, tras el auge y caída del grunge, el desarrollo posterior que el rock y el metal podrían alcanzar era algo más bien incierto. Esto, hasta que apareció Rage Against The Machine y, con ellos, dos conjuntos que cayeron desde el cielo: Korn y Deftones. En 1995 estos últimos editaron Adrenaline, un álbum que generó tanto admiración y resistencia para los puristas de siempre, como perplejidad. Su mezcla de estilos y su crudeza, matizada a la vez con cierta melosidad (la que sólo se había observado en parte y con timidez en algunos conjuntos), era disruptiva. Sin embargo, y tras sobreponerse al impacto del primer disco, los nativos de Sacramento dieron uno de sus golpes maestros: su segundo álbum, Around The Fur, fue publicado el 28 de octubre de 1997. Este disco supone el trabajo del complemento y la oposición sonora (tan propia de Deftones como colectivo), pues logra conjugar un sonido definitivamente más abrasivo que su antecesor, toda vez que comienza a incorporar elementos melódicos y bajas de bpm a lo largo de su escucha. Por lo mismo, su paleta sonora logra evocar tanto al groove metal de Sepultura, como al post hardcore de Will Haven, cuyo sticker se puede observar pegado en el gabinete de Stephen Carpenter dentro del booklet del álbum. Asimismo, los matices vocales de Chino Moreno logran afianzar la veta melódica del conjunto, que supone la influencia de The Cure, Depeche Mode, The Smiths, The Cars y Duran Duran; influencia que luego se apreciará en los múltiples cover que los oriundos de Sacramento realizaron de estos ilustres colectivos. De este modo, y ya en cuestión de tracklist, el álbum se advierte de inmediato como rotundo: la rola elegida para abrir la producción fue "My Own Summer". En dicha pista se logra oír desde el primer minuto el timbre agudo de la caja de Abe Cunningham, quien, tras un riff hipnótico de Stephen Carpenter, se deja progresar durante tres minutos con treinta y cinco segundos con cadencia inusual para el género (o al menos para el de la época). Mucho se ha hablado de la veta new wave de Chino Moreno, quien, distante del sonido del metal puro, susurraba calmo cada uno de sus versos, interrumpidos súbitamente en un estribillo rabioso que repetía sin parar "shove it, shove it, shove it”. https://www.youtube.com/watch?v=XOzs1FehYOA Al igual que "My Own Summer", otro de los tracks elegidos como sencillo promocional fue "Be Quiet & Drive". Esta elección no fue antojadiza, pues supuso un contraste con el primer…

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