Anthrax en Chile: Más que una pasión, un sentimiento

Anthrax en Chile: Más que una pasión, un sentimiento
Teatro Caupollicán, 12 de noviembre 2017.

Por Sebastián Allende.
Fotografías por Miguel Fuentes (Fanlab)

La música produce un sentimiento raro e inexplicable que se puede apreciar en cada uno de los que alguna vez hemos asistido a un concierto. Para cada persona produce una suma de emociones, nos trae a la memoria mil y un recuerdos y nos logra hacer olvidar de la rutina diaria en la que estamos inmersos. El metal, ese que suena muy fuerte y bien arraigado en nuestro país, une, junta y logra sumar fuerzas año tras año logrando quebrar las barreras generacionales.

Este 12 de noviembre en el Teatro Caupolicán viviríamos la sexta (¡sí, sexta!) presentación de los neoyorquinos de Anthrax, quienes con sus sonidos que cruzan el thrash metal, harían vibrar a los miles de fans que se aglutinaron en masa en este particular recinto capitalino.

Al apreciar a la audiencia, sabíamos que el de este domingo sería uno de esos grandes conciertos. El metal rompe generaciones y es así como observábamos a padres e hijos unidos por una sola pasión: el rock. Parejas de enamorados, grupos de amigos, hermanos, todos juntos como una gran barra que espera al minuto uno para que comience este gran partido al que todos, impacientes, queríamos que comenzara a tomar acción.

Pero antes de la embestida de Anthrax, la previa perfecta para esta ocasión la entregarían dos números precisos para el acompañamiento del combo estelar. Los nacionales de Forahneo serían los primeros que subirían a escena para calentar los motores de la noche presentando parte de su trabajo debut Perdify, editado el 2015 y que nos mostró un potente sonido.

Después de un correcto show de los chilenos, los alemanes de Assassin subirían al estrado comandados por el guitarrista histórico de la banda, Jürgen “Scholli” Scholz y la gran atracción de esta nueva encarnación de la banda, el guitarrista Frank Blackfire, para entregarnos un gran show con mucha fuerza y con un poder demoledor que sirvió de aperitivo para el plato fuerte de la noche: Anthrax.

Con un público que a medida que corre el tiempo comienza a impacientarse y que cada vez quiere estar más cerca de sus ídolos, vivimos los minutos previos al gran show. Así podemos ver que desde tribuna muchos de estos intentan lanzarse a la cancha para así poder estar más cerca de la banda y gracias a la ayuda de sus pares quienes servirían de verdaderos rescatistas para atrapar a los osados (y osadas) que lo darían todo con tal de disfrutar de más cerca a los titulares de la noche.

Los sonidos de fondo de Iron Maiden y su emblemática “The Number Of The Beast” servirían de precalentamiento para lo que ya estábamos a punto de vivir. Un cántico a todo pulmón que transforma a este verdadero clásico en una tonada barrial, que aumentaba el sentimiento pasional que ya vivíamos en el Caupolicán y que nos haría sentir esa cofradía y esa gran hermandad que el metal logra.

Las guitarras al aire y los cabeceos de los fans producidos por el “666” de los británicos, darían pie a la intro del show. Suena “I Can’t Turn You Loose” de Otis Redding de fondo y se observa como los miembros del crew de la banda despliegan un gran lienzo que cubre todo el fondo del escenario con la imagen del último disco For All Kings, la que fue dibujada y pintada por el destacado artista de comics, Alex Ross.

Finaliza esta particular intro y es así como suben al escenario del Teatro, Charlie Benante para ponerse a punto en su batería, Frank Bello listo para dar los ritmos con las cuatro cuerdas de su bajo, Jonathan Donais al filo de cañon con su guitarra y el líder, Scot Ian como un verdadero animal suelto recorriendo toda la escena y tratando de hacer un reconocimiento de su nuevo hábitat. Todos juntos comenzarían a dar vida a los primeros riffs del clásico de 1985, “A.I.R.” y la fiesta tomó forma. Pero faltaba la presencia del verdadero showman y maestro de ceremonias, el señor Joey Belladona. Su sola presencia encendió a toda la fanaticada, quien comenzó a dar muestras de su amor por el grupo posterior a los clásicos de “Got the Time”, en donde el bajo de Frank Bello toma la primera línea y especialmente en “Caught In A Mosh”, momento en que literalmente el mosh pit del concierto se transformó en una verdadera batalla campal, con bengalas incluidas por parte de los fans ubicados en la cancha, mientras que los que estaban en las otras ubicaciones del recinto respondían cabeceando hasta más no poder y coreando inclusive hasta los solos de guitarra y los riffs que, milimétricamente, y casi como un cirujano, Jonathan Donais entregaba canción tras canción.

Joey Belladona es un show por sí solo. Además de su gran calidad vocal, que mantiene a pesar de los años y el desgaste lógico de la voz, es un animador por excelencia que con muecas, miradas y gestos hacia el público llegaba desde el primer fan agarrado, a la reja del escenario, hasta el que estaba instalado en la parte más arriba de la tribuna. Dos banderas chilenas de parte del público fueron parte del premio para Joey, quien no dudo en ponerlas en la tarima de la batería para rendir tributo a los fanáticos chilenos, los que, más que fanáticos de la banda eran sentidos como verdaderos hermanos de lucha.

“Madhouse” y “Fight ‘Em ‘Til You Can’t”, fueron parte de las canciones presentes en este show de Anthrax, el que mayoritariamente es una revisión de los clásicos de la banda, pero con la interpretación de “Breathing Lightning” también tuvo parte para lo más nuevo del grupo, el disco For All Kings, el que musicalmente ha demostrado el gran nivel en que se encuentra la agrupación en esta versión post retorno de Belladona.

La interpretación de la melosa “Intro To Reality”, da para que Scott deje de lado sus clásicas guitarras Jackson modelo Ian King V para montarse una más similar a una stratocaster en esta gran canción instrumental que fue conjugada con otro de los clásicos de los chicos de NY, “Belly Of The Beast”, tema en donde el headbanging fue la tónica desde el fan más pequeño (llamó gratamente la presencia de niños que realmente disfrutaron del show como uno más) hasta el más maduro.

Con un Scott Ian extasiado y ultra agradecido de las demostraciones de cariño y pasión de los fans, a quienes nos dedicó un dulce: “You´re a crazy motherfuckers”, a lo que posterior tocaría con su guitarra la intro de una de las más coreadas de la noche, “Antisocial”. El mosh se encendería una vez más y el sonido ensordecedor de los fanáticos acompañarían a la banda en toda la canción.

Llegaría el momento del adiós, los sonidos de la batería de Charlie Benante serían el anuncio para uno de los mayores hits de Anthrax. Suena “Indians”, momento en que desde el público es lanzada una bandera del pueblo mapuche a lo que Joey la levanta al momento en que canta junto a la audiencia a todo corazón “Cry for the Indians, Die for the Indians”.

El final para esta gran noche se viviría junto a los acordes de “Among The Living”, thrash metal en su mayor expresión. Todo es fiesta, es salto, es mosh. todos juntos como una sola voz, dueños de una noche digna de sonidos pesados que pueden atemorizar a cualquiera, pero que también son capaces de dibujar una sonrisa en los más duros que, poco a poco, se retiran del teatro para ir a brindar y celebrar en el nombre del rock.

Setlist:
A.I.R.
Got the Time
Caught In A Mosh
Madhouse
Fight ‘Em ‘Til You Can’t
Breathing Lightning
Medusa
Intro to Reality
Belly of the Beast
I Am the Law
March of the S.O.D.
Blood Eagle Wings
Be All, End All
Antisocial

Encore:
Indians
Among the Living

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Anthrax en Chile: Más que una pasión, un sentimiento Teatro Caupollicán, 12 de noviembre 2017. Por Sebastián Allende. Fotografías por Miguel Fuentes (Fanlab) La música produce un sentimiento raro e inexplicable que se puede apreciar en cada uno de los que alguna vez hemos asistido a un concierto. Para cada persona produce una suma de emociones, nos trae a la memoria mil y un recuerdos y nos logra hacer olvidar de la rutina diaria en la que estamos inmersos. El metal, ese que suena muy fuerte y bien arraigado en nuestro país, une, junta y logra sumar fuerzas año tras año logrando quebrar las barreras generacionales. Este 12 de noviembre en el Teatro Caupolicán viviríamos la sexta (¡sí, sexta!) presentación de los neoyorquinos de Anthrax, quienes con sus sonidos que cruzan el thrash metal, harían vibrar a los miles de fans que se aglutinaron en masa en este particular recinto capitalino. Al apreciar a la audiencia, sabíamos que el de este domingo sería uno de esos grandes conciertos. El metal rompe generaciones y es así como observábamos a padres e hijos unidos por una sola pasión: el rock. Parejas de enamorados, grupos de amigos, hermanos, todos juntos como una gran barra que espera al minuto uno para que comience este gran partido al que todos, impacientes, queríamos que comenzara a tomar acción. Pero antes de la embestida de Anthrax, la previa perfecta para esta ocasión la entregarían dos números precisos para el acompañamiento del combo estelar. Los nacionales de Forahneo serían los primeros que subirían a escena para calentar los motores de la noche presentando parte de su trabajo debut Perdify, editado el 2015 y que nos mostró un potente sonido. Después de un correcto show de los chilenos, los alemanes de Assassin subirían al estrado comandados por el guitarrista histórico de la banda, Jürgen “Scholli” Scholz y la gran atracción de esta nueva encarnación de la banda, el guitarrista Frank Blackfire, para entregarnos un gran show con mucha fuerza y con un poder demoledor que sirvió de aperitivo para el plato fuerte de la noche: Anthrax. Con un público que a medida que corre el tiempo comienza a impacientarse y que cada vez quiere estar más cerca de sus ídolos, vivimos los minutos previos al gran show. Así podemos ver que desde tribuna muchos de estos intentan lanzarse a la cancha para así poder estar más cerca de la banda y gracias a la ayuda de sus pares quienes servirían de verdaderos rescatistas para atrapar a los osados (y osadas) que lo darían todo con tal de disfrutar de más cerca a los titulares de la noche. Los sonidos de fondo de Iron Maiden y su emblemática “The Number Of The Beast” servirían de precalentamiento para lo que ya estábamos a punto de vivir. Un cántico a todo pulmón que transforma a este verdadero clásico en una tonada barrial, que aumentaba el sentimiento pasional que ya vivíamos en el Caupolicán y que nos haría sentir esa cofradía y esa…

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Sebastián Allende

Periodista a ratos, Papá a miles, Cruzado y ClashCityRocker por millones.

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