Diez años de “Daybreak” de The Ganjas: Un decenio de humo y rock & roll

Por Rodrigo Guzmán.

Casi se nos pasa, pero no. Este año se celebra el primer decenio de un álbum que constituye un aporte de excelencia para la música chilena, y, por lo mismo, no lo dejaremos pasar. El viernes 27 de abril del año 2007 en la sala SCD de Bellavista, se presentó en sociedad el tercer disco de The Ganjas, titulado alusivamente Daybreak.

Sobre este álbum se ha escrito bastante, pero de todos modos cabe recordar que fue la primera producción donde Pablo Giadach se sumó a la banda, generando así un sonido más acabado a ratos, más potente a otros, pero también bastante atmosférico. Esto se advierte con claridad en las presentaciones en vivo del conjunto, instancias donde el sonido de los Ganjas sólo suma ganancia.

El disco se grabó en los estudios Orange en Santiago y masterizó en Revolver, Buenos Aires. El producto final resultó en un sonido muy cuidado, a la altura de cualquier disco gringo. Del mismo modo, para cualquier oyente, mínimamente perspicaz, no resulta difícil advertir la disrupción que supuso Daybreak en relación a The Ganjas (2003) y Laydown (2005), pues la agrupación inauguró una transición sonora que los llevó a circular desde un sonido caracterizado por la volatilidad y cierto resabio un tanto acústico, amaderado, hacia uno ya más bien eléctrico, colmado de riffs filosos y graves, cargados tanto a la distorsión de un hard rock incipiente como a la vocación lisérgica presente en los solos que tanto caracteriza, ayer y hoy, a la agrupación. Esta transición no fue menor, pues marcó el sonido de lanzamientos posteriores tales como Loose (2009), Resistance (2011) y Afterdark (2014).

Entrando ya en materia de tracklist, parece obvio destacar el riff poderoso de “Sonic Redemption”, “Raise”, “Somethin’ Down”, “Exile”, “New Groove” (que incluye congas en el mejor registro santanesco) o “Frío ni calor”, junto al sonido calmo y envolvente por otro lado de “Riot Dub”, “Daybreak” o “Out From Heaven”, que proporcionaron la arteria dub del conjunto y que tan popular volvió a los Ganjas. Sin embargo, me gustaría destacar con cierto afán uno de los tantos puntos altos del disco, que podemos advertir en el track número doce, titulado “Chillán”. En impresionantes e intensos 8 minutos con 37 segundos, los capitalinos lograron una pieza relevante y un aporte extraordinario a la historia del rock nacional, cuyo sonido evoca sin mayores problemas una verdadera travesía por el cosmos. El origen mismo de la pieza tiene, por supuesto, una génesis interesante, pues según los propios miembros de la banda, el lisérgico riff de dicha pista surgió a partir de una jam o improvisación que se articuló en la prueba de sonido de una tocata en el mítico bar Deja Vu, ubicado en la calle Bulnes número 379, en la ciudad de Chillán. Aunque suene algo pedestre en comparación al sonido sideral y casi épico del corte, la letra se basó en una fantasía sufrida bajo los efectos de la resaca, tras largas noches de bacile en dicho recinto. Asimismo, lo que no es pedestre es la significación de la lírica, que apela a la traducción indígena de Chillan: “silla del sol”. De esta manera, el astro rey toma cierto protagonismo, y no sólo en este track sino también en el título mismo del álbum, pues “Daybreak” remite al despunte del día, al amanecer, a cierta luminosidad primaria que invita a desperezarse y llenarse de energía ante un día que comienza, mientras que Laydown refiere a tumbarse, a relajarse y dormir, a lo nocturno y lo oscuro de una noche quieta.

Si bien, Daybreak es un disco enérgico que generó una ruptura en el sonido aletargado y sosegado que venía trabajando la banda en general en sus lanzamientos anteriores, tampoco es posible afirmar que se sacuden totalmente de dicha propuesta sonora, porque los Ganjas son eso, pues si Laydown es un álbum índico, entonces Daybreak es sativo, evocando así la esencia misma de la agrupación, que tiene habilidad suficiente para conjugar los riff y solos más estridentes con los bajos más groovy,, junto a los pasajes atmosféricos más profundos, rozando de esta manera casi en el paisajismo sonoro. Lo que en algunos discos o agrupaciones podría sonar incoherente, en los Ganjas suena cohesionado, ya que logran trabajar con soltura el complemento y la oposición sonora. Y Daybreak tiene precisamente todo eso, razón por la cual merece un lugar privilegiado dentro de la historia del rock nacional.

Como sabemos, hoy en día, en pleno 2017, existe ciertamente una interesante escena nacional ligada al rock psicodélico, al space rock y el shoe gaze, que es nutrida cada cierto tiempo con discos notables y con el renombre internacional bandas como: Follakzoid, Holydrug Couple, La Hell Gang y otras. Asimismo, y para los seguidores de esta corriente, constantemente afloran proyectos con mayor o menor experiencia y notoriedad que sacuden el panorama musical nacional ligado a la enteogénesis sonora tal como: Icarus Gasoline, Watchout! o Vago Sagrado, entre muchos otros. Sin embargo, no cabe duda de que si hay una agrupación que tiene un lugar más que ganado dentro del memorial del rock y de la psicodelia chilena, conseguido a punta de tocatas y de discos tan atemporales como Daybreak¸ esa es The Ganjas.

Puedes encontrar toda la discografía de The Ganjas en portaldisc: http://portaldisc.com/artista.php?artista=THE%20GANJAS

Por Rodrigo Guzmán. Casi se nos pasa, pero no. Este año se celebra el primer decenio de un álbum que constituye un aporte de excelencia para la música chilena, y, por lo mismo, no lo dejaremos pasar. El viernes 27 de abril del año 2007 en la sala SCD de Bellavista, se presentó en sociedad el tercer disco de The Ganjas, titulado alusivamente Daybreak. Sobre este álbum se ha escrito bastante, pero de todos modos cabe recordar que fue la primera producción donde Pablo Giadach se sumó a la banda, generando así un sonido más acabado a ratos, más potente a otros, pero también bastante atmosférico. Esto se advierte con claridad en las presentaciones en vivo del conjunto, instancias donde el sonido de los Ganjas sólo suma ganancia. El disco se grabó en los estudios Orange en Santiago y masterizó en Revolver, Buenos Aires. El producto final resultó en un sonido muy cuidado, a la altura de cualquier disco gringo. Del mismo modo, para cualquier oyente, mínimamente perspicaz, no resulta difícil advertir la disrupción que supuso Daybreak en relación a The Ganjas (2003) y Laydown (2005), pues la agrupación inauguró una transición sonora que los llevó a circular desde un sonido caracterizado por la volatilidad y cierto resabio un tanto acústico, amaderado, hacia uno ya más bien eléctrico, colmado de riffs filosos y graves, cargados tanto a la distorsión de un hard rock incipiente como a la vocación lisérgica presente en los solos que tanto caracteriza, ayer y hoy, a la agrupación. Esta transición no fue menor, pues marcó el sonido de lanzamientos posteriores tales como Loose (2009), Resistance (2011) y Afterdark (2014). Entrando ya en materia de tracklist, parece obvio destacar el riff poderoso de “Sonic Redemption”, “Raise”, “Somethin’ Down”, “Exile”, “New Groove” (que incluye congas en el mejor registro santanesco) o “Frío ni calor”, junto al sonido calmo y envolvente por otro lado de “Riot Dub”, “Daybreak” o “Out From Heaven”, que proporcionaron la arteria dub del conjunto y que tan popular volvió a los Ganjas. Sin embargo, me gustaría destacar con cierto afán uno de los tantos puntos altos del disco, que podemos advertir en el track número doce, titulado “Chillán”. En impresionantes e intensos 8 minutos con 37 segundos, los capitalinos lograron una pieza relevante y un aporte extraordinario a la historia del rock nacional, cuyo sonido evoca sin mayores problemas una verdadera travesía por el cosmos. El origen mismo de la pieza tiene, por supuesto, una génesis interesante, pues según los propios miembros de la banda, el lisérgico riff de dicha pista surgió a partir de una jam o improvisación que se articuló en la prueba de sonido de una tocata en el mítico bar Deja Vu, ubicado en la calle Bulnes número 379, en la ciudad de Chillán. Aunque suene algo pedestre en comparación al sonido sideral y casi épico del corte, la letra se basó en una fantasía sufrida bajo los efectos de la resaca, tras largas noches de bacile en dicho recinto.…

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