Por Tomás Soto.

Muchas veces, al momento de juntarse como pareja y discutir sobre el hecho de querer tener un hijo, son muchas las interrogantes que surgen, puesto que, esto lleva consigo una gran responsabilidad y se convierte en uno de los más grandes desafíos que se nos pueden presentar en la vida. Sin embargo, ¿cómo reaccionarías si un día llega a tu vida un hijo sin planificación alguna?

El director francés Hugo Gélin, trae a la pantalla grande una de aquellas películas que hacen quebrarte por dentro y que hasta el espectador más frío pueda llegar a derramar fácilmente una lágrima. Dos son familia es un remake del exitoso film mexicano No se aceptan devoluciones, fórmula ya probada y más que segura, pero que, en comparación a la original, la película francesa está enfocada mucho más en sacar a flote el lado más sensible de quien la esté presenciando y no ocupa la comedia en abundancia como recurso para llegar sencillamente a conectar con el espectador.

El film, nos sitúa en una playa de arena blanca y aguas cristalinas en el sur de Francia, allí se encuentra Samuel (Omar Sy) quien trabaja como capitán, realizando recorridos en su yate mientras lleva una vida de la cual no se puede quejar, fiestas, mujeres y un trabajo por el cual es conocido por la mayoría de las personas del lugar. Todo esto, hasta que una mañana ve interrumpido el descanso de su resaca matutina en su yate por los llamados de una mujer, se trata de Kristin (Clémence Poésy) quien viene desde Londres, lugar en que se acostaron una noche, pero que esta vez se encontraba con su hija de tres meses Gloria (Gloria Colston), informándole de paso que el padre de la pequeña es justamente él y que de un momento a otro se escapa, dejando a cargo de toda esta situación al bueno pero inexperto Samuel.

Luego de esto, el protagonista decide ir tras los pasos de la rubia, confundido y sin entender mucho la situación en la que se encontraba, se embarca en un avión sin fecha de regreso hacia Londres. Sin embargo, al aterrizar en suelo inglés, se da cuenta que la mujer había planeado todo y la información que se podía ver en su página de Facebook solo sirvió para despistar aún más al esperanzado Samuel. Frustrado, con casi nada de dinero y sin lograr entender nada del idioma, el protagonista mientras se encuentra en el metro conoce a Bernie (Antoine Bertrand), un inglés, el cual trabaja como productor de series y que luego de presenciar las acrobacias e increíbles saltos que hace Sam para recuperar a su hija de un descuido, decide ofrecerle empleo como doble de riesgo y posteriormente una casa donde vivir por un tiempo.

A medida que pasan los años, podemos notar como los días de fiesta y despreocupaciones que contemplaba hace un tiempo atrás Samuel, se ve contrastado por la vida actual, en la que ha sabido llevar una repentina pero excelente vida paternal. Las ganas de entregarle lo mejor cada día a Gloria llevan al protagonista a lograr una crianza perfecta y llena de felicidad para su hija, esto apoyado de su ya buen amigo gay Bernie, quien como el mismo lo menciona, ha sabido llevar el rol de madre en la vida de la niña y de paso siendo un enorme soporte para la pequeña familia.

Gloria, al cumplir los 8 años, finalmente se le presenta la oportunidad de conocer a su madre, quien para ella era una especie de agente secreto, motivo por el cual no la había podido conocer durante estos largos años, siendo esto sólo una mentira creada y llevada a cabo por su padre para no causarle daño y tristeza, ya que, a pesar de los intentos del protagonista por comunicarse con Kristin, no obtenía respuesta. El sorpresivo arribo de la madre ausente desencadena la interrupción de la feliz y tranquila vida que había logrado Sam y como efecto dominó esto traerá consigo muchos obstáculos más.

Omar Sy nos sorprende una vez más, ya sabíamos de su trabajo y de sus interpretaciones también del ámbito emotivo en películas como Amigos intocables o su aparición en Jurassic World y que, en esta ocasión, no hace más que confirmar lo bueno que es, sabe pasar de la alegría y felicidad al llanto y frustración con una facilidad que realmente se agradece. Por otro lado, tenemos a Clémence Poésy, quien sin robarse toda la atención por completo, logra generar ese rechazo y desprecio hacia su personaje, llevando a cabo el papel de madre arrepentida y con deseos de recuperar descaradamente de la noche a la mañana lo que hace algunos años dejó.

A grandes rasgos, el film toca temas que, aunque pasen los años, siempre serán escenario de variadas opiniones, como lo son el hecho de llevar a cabo una vida de padre o madre soltera, el abandono de los hijos, la felicidad de ellos y algo que es tremendamente importante, a la hora de ser padre o madre, no debería importar demasiado si se lleva el mismo ADN en la sangre, sino quien ha sido como un verdadero padre para el niño y quien le entrega la felicidad que necesita.

La producción francesa llega a nuestras salas hoy 10 de agosto, y es realmente 1 hora y 58 minutos de emoción y aprendizaje.

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