Feria Pulsar, día 1: fluir hacia lo que nos conecta

Feria Pulsar, día 1: Fluir hacia lo que nos conecta
Estación Mapocho, 23 de noviembre 2018.

Por Amaranta Cartes.
Fotografías por Javier Martínez.

Lo mejor de asistir al magno evento musical que conocemos como Feria Pulsar, es que no es simplemente aprovechar de ver a todas las bandas chilenas que nos gustan, sino que es siempre una experiencia donde es imposible no aprender durante todo el día. Siempre hay alguien sonando, siempre te topas con esa banda que inmediatamente llama tu atención y que nunca habías escuchado. Empiezas a preguntar quienes son… ah, está en la pantalla, lo buscas en el programa, llegas a tu casa a escucharlos. Es una escuela de música chilena.

Te encuentras durante el día con los mismos personajes dando vueltas por los stands, un par de adolescentes que quieren ser cool y conocer nuevas bandas para contarlo el lunes en el colegio, un barbón metalero que vino a ver a Éntomos o el rockero más punk que vino por BBS Paranoicos, un papá que lleva a su hijo chico a Mini Pulsar, pero que aprovecha de ir a ver a Sonora de Llegar, unas niñas medias pirulas que exploran su lado más alternativo con Cler Canifrú. Y los artistas, esos que admiramos, paseando en el fluir de la feria. Quien sabe si Rodrigo Rojas, tecladista de Juana Fe, andaba buscando a alguna banda a quien grabar en “La Maquinita” o si Guayi, de Papanegro, andaba buscando algún tipo de pedal o aparato desconocido en oferta, o si simplemente aprovechan su membresía de la SCD para ir a escuchar música en vivo. Y en ese proceso de escuchar, nos damos cuenta de que la música chilena ya tiene un sonido. Que podríamos estar en Argentina y reconocer a una banda chilena por su forma de cantar, por los acordes medios tristones que todos usan o por un funk que no puede evadir la influencia de Los Tetas, un Ska que siempre saca algo de Los Prisioneros, un jazz que siempre tiene algo de guachaca, un rap que hablará del pueblo mapuche o del clasismo o una pachanga que simplemente invita a saltar y al eh! eh! eh! eh!, más que a mover la cadera, cosa que no se nos da tan natural aquí en el sur.

Para las bandas nuevas, participar en Pulsar es pasar a formar parte de ese sonido. Lo puedes reconocer en Parálisis del Sueño, quienes cerca de las cuatro de la tarde sonaban en el escenario Terraza Pulsar 1 emocionados porque, en sus palabras: “No sé si habíamos tocado frente a tanta gente. Fue una muy bonita primera vez”. El escenario del frente, mucho más rockero durante todo el día, recibía a Éntomos con sus voces guturales, mientras la mayoría de la gente fluía hacia la Sala de las Artes donde tocan las bandas más conocidas. La Brígida Orquesta repletó el espacio. Once voces, veintidós manos, el jazz y el rap sonaron de manera impecable, con una estética propia y la originalidad del director de orquesta que mueve sus brazos para que todo suene a tiempo. Luego, nos encontramos con Bicicleta, una banda que suena como si los Chancho en Piedra tuvieran mujeres entre sus filas y que prometen ser una nueva voz en el funk.

A las cinco de la tarde, la Sala de las Artes comenzó a presentar bandas cada vez más conocidas. Mamma Soul, a quienes no veíamos hace un rato, pero que pronto estrenarán nuevo disco, dieron un show de altísima calidad, con sus grandes voces y con la presencia de nuevas integrantes más jóvenes e igualmente talentosas. “Gracias por estar acá, tanto tiempo”, fueron sus palabras para el público fiel que las echaba de menos. Y como no, si “Fe” y “Eternamente” fueron algunas de las canciones más escuchadas por quienes fuimos jóvenes el 2001. Con un cover de “Estrechez de corazón” y un homenaje a Gabriela Mistral, demostraron que siguen vigentes en la escena chilena y que son parte de su cultura musical y artística.

A medida que avanzaba el día, la misma gente que nos encontramos una y otra vez fluía cada vez más hacia los mismo espacios. Más gente aún se juntó a ver a la Sonora de Llegar, pero sin lograr llenar aún la sala principal. Sin embargo, esto no fue impedimento para tenerlos a todos saltando y bailando en círculos por la media hora que duró su presentación. Con canciones como “Vicio” y “Bar Cementerio”, prendieron al público a tal punto que les permitieron tocar una canción más una vez finalizado su tiempo en el escenario.

En la misma sala los sucedieron los BBS Paranoicos, quienes llevaron a un público similar que ya podíamos reconocer, pero más inclinado hacia el punk. Muchos fanáticos fieles corearon sus canciones y un niño destacó en los hombros de su papá tocando batería “de aire” con dos baquetas. Un futuro rockero.

Afuera, en la Terraza 1, Los Cracks del Puerto, hicieron cantar boleros hasta al barbón metalero. Hay música que atraviesa estilos y gustos. Es esta la dinámica de Pulsar, ir de un lado a otro, ver siempre a las mismas personas, unas por acá y otras por allá, hasta que llega alguien que los junta a todos. Joe Vasconcellos fue ese punto de encuentro hacia el cual toda la feria fluyó y sintetizó el día. Allí estaban las Mamma Soul, los de la Sonora, los BBS, las chiquillas pirulas, los rockeros, los punks, los más hippies, los viejos fanáticos de Congreso, en fin, todo Pulsar. Joe no dejó nada fuera, tocó “La joya del Pacífico” (increíblemente al mismo tiempo que los Cracks del Puerto la tocaban afuera), “Solo por esta noche”, “Boca Colorá”, “La Funa”, con la que saludó a los chicos de La Moral Distraída tocando la nueva versión, “Hijo del Son Luminoso” y cerró con “Huellas”. A nadie más que a él le pidieron otra. Nadie más logró esa transversalidad. A todos les gusta Joe. Todo fluyó hacia él y nos encontramos en su música.

La noche cerró con Shamanes Crew, entregando todo el raggamuffin chileno de la vieja escuela, como previa para quienes seguirían carreteando luego de pasarse el día en Pulsar. Con bailarinas, un mimo y “el mejor beatbox de Santiago” como ellos lo presentaron, dejaron a la gente pidiendo un show más largo, pero que lamentablemente tuvo que cumplir con el horario. Quedan dos días más, no se preocupen. Por ahora podemos calificar la primera jornada como un fluir de gente hacia lo más transversal de la música chilena. Veremos que pasa el resto de los días.

>>> RESEÑA FOTOGRÁFICA DE PARÁLISIS DEL SUEÑO, ÉNTOMOS y LA BRÍGIDA ORQUESTA <<<

>>> RESEÑA FOTOGRÁFICA DE MAMMA SOUL, SONORA DE LLEGAR Y CLER CANIFRÚ <<<

>>> RESEÑA FOTOGRÁFICA DE BBS PARANOICOS, NOSE Y JOE VASCONCELLOS <<<

>>> RESEÑA FOTOGRÁFICA DE THIAGO LYRA Y SHAMANES CREW <<<

Feria Pulsar, día 1: Fluir hacia lo que nos conecta Estación Mapocho, 23 de noviembre 2018. Por Amaranta Cartes. Fotografías por Javier Martínez. Lo mejor de asistir al magno evento musical que conocemos como Feria Pulsar, es que no es simplemente aprovechar de ver a todas las bandas chilenas que nos gustan, sino que es siempre una experiencia donde es imposible no aprender durante todo el día. Siempre hay alguien sonando, siempre te topas con esa banda que inmediatamente llama tu atención y que nunca habías escuchado. Empiezas a preguntar quienes son… ah, está en la pantalla, lo buscas en el programa, llegas a tu casa a escucharlos. Es una escuela de música chilena. Te encuentras durante el día con los mismos personajes dando vueltas por los stands, un par de adolescentes que quieren ser cool y conocer nuevas bandas para contarlo el lunes en el colegio, un barbón metalero que vino a ver a Éntomos o el rockero más punk que vino por BBS Paranoicos, un papá que lleva a su hijo chico a Mini Pulsar, pero que aprovecha de ir a ver a Sonora de Llegar, unas niñas medias pirulas que exploran su lado más alternativo con Cler Canifrú. Y los artistas, esos que admiramos, paseando en el fluir de la feria. Quien sabe si Rodrigo Rojas, tecladista de Juana Fe, andaba buscando a alguna banda a quien grabar en "La Maquinita" o si Guayi, de Papanegro, andaba buscando algún tipo de pedal o aparato desconocido en oferta, o si simplemente aprovechan su membresía de la SCD para ir a escuchar música en vivo. Y en ese proceso de escuchar, nos damos cuenta de que la música chilena ya tiene un sonido. Que podríamos estar en Argentina y reconocer a una banda chilena por su forma de cantar, por los acordes medios tristones que todos usan o por un funk que no puede evadir la influencia de Los Tetas, un Ska que siempre saca algo de Los Prisioneros, un jazz que siempre tiene algo de guachaca, un rap que hablará del pueblo mapuche o del clasismo o una pachanga que simplemente invita a saltar y al eh! eh! eh! eh!, más que a mover la cadera, cosa que no se nos da tan natural aquí en el sur. Para las bandas nuevas, participar en Pulsar es pasar a formar parte de ese sonido. Lo puedes reconocer en Parálisis del Sueño, quienes cerca de las cuatro de la tarde sonaban en el escenario Terraza Pulsar 1 emocionados porque, en sus palabras: “No sé si habíamos tocado frente a tanta gente. Fue una muy bonita primera vez”. El escenario del frente, mucho más rockero durante todo el día, recibía a Éntomos con sus voces guturales, mientras la mayoría de la gente fluía hacia la Sala de las Artes donde tocan las bandas más conocidas. La Brígida Orquesta repletó el espacio. Once voces, veintidós manos, el jazz y el rap sonaron de manera impecable, con una estética propia y la originalidad…

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