Fito Páez en Movistar Arena: “¿quién dijo que todo está perdido?”

Fito Páez en Movistar Arena: “¿quién dijo que todo está perdido?”
8 de diciembre 2018.

Por Francisca Neira.
Fotografías por Felipe Morales.

Tras algunos minutos de espera que no llegaron a poner nerviosos a los asistentes al concierto, anoche salió al escenario del Movistar Arena uno de los músicos y compositores más destacados de la escena argentina y latinoamericana en general, Fito Páez. Enfundado en su elegante terno azul, pero matizado con una polera multicolor bajo él e impecables zapatillas blancas, con su sola presencia logró poner de pie a un aforo completo que, hasta ese momento, esperaba pacientemente instalado en sillas y que, como respuesta a su explosiva bienvenida, recibió un “guarden energía, la van a necesitar” por parte del rosarino.

Nada más cierto, ya que fueron casi dos horas y media de un espectáculo que se paseó, sin trabas, por los casi 40 años carrera musical del cantautor y en el que se dio el lujo de incluir nada menos que siete temas de los 18 que incluye su más reciente producción (que da nombre al tour que lo trajo a Chile), La Ciudad Liberada (2017), sin mermar ni por un instante la devoción de su público y el coro que formaron para acompañarlo durante toda la noche. Muy al comienzo del show, de hecho, el paso de la convertida en himno “11 y 6” a la reciente “Aleluya al Sol” marcó la tónica de lo que sería una verdadera montaña rusa de emociones, potencias, ritmos y, sobre todo, de ese ir y venir que caracteriza las líricas poéticas de Páez y que lo mueven (a él y a todo el que lo escuche) en un espacio entre el amor romántico, la bohemia y el reclamo sin concesiones en contra de las injusticias y el fascismo, tan tristemente revitalizado por estos días, por cierto.

“Al Lado del Camino” fue una de las canciones más coreadas de la noche, con una letra irreverente, literaria, polémica también, suena emocionante en las cientos de voces de un recinto que se ve ordenado, estructurado, que no permite un arranque de efervescencia pero que no alcanza a mermar la felicidad que se percibe en los presentes y que fluye sin pretensiones ni barreras ante la interpretación impecable de la sensual “El Amor Después del Amor”.

Uno de los momentos más bonitos de la noche y, tal vez, uno que no se esperaba, fue cuando sonó “La Ciudad de los Pibes sin Calma”, un reggae oscuro y denso en lo musical, político y contestatario en cuanto la letra. Acompañado de una serie de imágenes de diversas protestas y manifestaciones sociales alrededor del mundo, la inclusión de este track en el show pone de manifiesto, de manera más o menos sutil, el discurso profundo y comprometido de Fito, uno que apunta a la defensa de la diversidad, a la detención de los abusos de poder, al empoderamiento ciudadano y a una férrea creencia en que el arte y la sensibilidad son una forma de lucha, algo que también queda más que claro en “Plegaria” que reza “la música es una oración, la música es la luz del alma”.

Dos temas fueron, en todo caso, los que demostraron con creces que Fito es un artista de primer nivel, que su composición es pulcra, que su música cala hondo, que razones para la cantidad de premios que ha recibido sobran, que su carrera no ha sido en vano. Dos temas que evidencian lo anterior por razones diametralmente opuestas: “Ciudad de Pobres Corazones” es una canción que suena grandilocuente, épica, larguísima y es la única en toda la noche en la que Páez se cuelga la guitarra y, de pie sobre el piano en medio el escenario, rockea como si fuera a ser la última vez que pudiera hacerlo, como si en ello se renovase y pudiera esquivar el silencio. La segunda vez se da al comienzo del encore cuando, totalmente a capella, sin instrumentos que lo acompañen ni micrófonos que lo amplifiquen, entona una de sus canciones más conocida y versionadas “Yo Vengo a Ofrecer Mi Corazón”, un tema con más de 30 años de vida que suena vigente, que aún eriza la piel y que él corona con un “¿quién dijo que todo está perdido?”.

Lo de anoche no fue solo un recital, fue más bien un espectáculo, bien construido, bien pensado y con un mensaje claro y potente: aún hay mucho que decir, mucho que hacer, mucho que sentir; el arte como herramienta, el amor como motor; ¿qué esperamos entonces?

Setlist:
Intro
La Ciudad Liberada
11 y 6
Aleluya al Sol
Wo Wo Wo
Tu Vida Mi Vida
Al Lado del Camino
El Amor Después del Amor
Lejos en Berlín
Tatuaje Falso
La Ciudad de los Pibes sin Calma
Polaroid
5778
Tumbas de la Gloria
Plegaria
Se Terminó
Circo Beat
Brillante
Ciudad de Pobres Corazones
A Rodar

Encore:
Yo Vengo a Ofrecer mi Corazón
Dar es Dar
Mariposa Technicolor
Alegría
El Diablo

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Fito Páez en Movistar Arena: “¿quién dijo que todo está perdido?” 8 de diciembre 2018. Por Francisca Neira. Fotografías por Felipe Morales. Tras algunos minutos de espera que no llegaron a poner nerviosos a los asistentes al concierto, anoche salió al escenario del Movistar Arena uno de los músicos y compositores más destacados de la escena argentina y latinoamericana en general, Fito Páez. Enfundado en su elegante terno azul, pero matizado con una polera multicolor bajo él e impecables zapatillas blancas, con su sola presencia logró poner de pie a un aforo completo que, hasta ese momento, esperaba pacientemente instalado en sillas y que, como respuesta a su explosiva bienvenida, recibió un “guarden energía, la van a necesitar” por parte del rosarino. Nada más cierto, ya que fueron casi dos horas y media de un espectáculo que se paseó, sin trabas, por los casi 40 años carrera musical del cantautor y en el que se dio el lujo de incluir nada menos que siete temas de los 18 que incluye su más reciente producción (que da nombre al tour que lo trajo a Chile), La Ciudad Liberada (2017), sin mermar ni por un instante la devoción de su público y el coro que formaron para acompañarlo durante toda la noche. Muy al comienzo del show, de hecho, el paso de la convertida en himno “11 y 6” a la reciente “Aleluya al Sol” marcó la tónica de lo que sería una verdadera montaña rusa de emociones, potencias, ritmos y, sobre todo, de ese ir y venir que caracteriza las líricas poéticas de Páez y que lo mueven (a él y a todo el que lo escuche) en un espacio entre el amor romántico, la bohemia y el reclamo sin concesiones en contra de las injusticias y el fascismo, tan tristemente revitalizado por estos días, por cierto. “Al Lado del Camino” fue una de las canciones más coreadas de la noche, con una letra irreverente, literaria, polémica también, suena emocionante en las cientos de voces de un recinto que se ve ordenado, estructurado, que no permite un arranque de efervescencia pero que no alcanza a mermar la felicidad que se percibe en los presentes y que fluye sin pretensiones ni barreras ante la interpretación impecable de la sensual “El Amor Después del Amor”. Uno de los momentos más bonitos de la noche y, tal vez, uno que no se esperaba, fue cuando sonó “La Ciudad de los Pibes sin Calma”, un reggae oscuro y denso en lo musical, político y contestatario en cuanto la letra. Acompañado de una serie de imágenes de diversas protestas y manifestaciones sociales alrededor del mundo, la inclusión de este track en el show pone de manifiesto, de manera más o menos sutil, el discurso profundo y comprometido de Fito, uno que apunta a la defensa de la diversidad, a la detención de los abusos de poder, al empoderamiento ciudadano y a una férrea creencia en que el arte y la sensibilidad son una forma de lucha,…

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