L7 en Club Chocolate: cuando el rock no tiene apellidos

L7 en Club Chocolate: cuando el rock no tiene apellidos
30 de noviembre 2018.

Por Francisca Neira.
Fotografías por Francisco Aguilar A.

Un cumpleaños siempre es sinónimo de celebración, algo que bien lo sabe Rockaxis, la autodenominada “plataforma del rock”, que ya lleva varios años compartiendo sus festejos de un nuevo año de vida con sus seguidores y el público en general a través de conciertos del más alto nivel y de bandas que, por ser más bien consideradas “de nicho”, otras productoras no se animarían a traer al país. 2018, como era de esperarse, no fue la excepción, menos aún cuando este año se cumple la mayoría de edad de lo que, a estas alturas, es casi una institución en el mundo del rock nacional.

Muy a tono con los tiempos y con los temas que impactan a la sociedad actual, la jornada de ayer nos ofreció una parrilla de bandas lideradas por mujeres que hicieron escuchar sus voces en cada una de sus letras, pero que, más importante aún, vinieron a representar de la mejor forma diversos estilos musicales, siempre dentro del marco del sonido del rock. Todo partió muy temprano, antes de las 8 de la tarde, cuando salió a escena Cler Canifrú, guitarrista de amplia trayectoria como músico de sesión y que desde hace ya un buen tiempo desarrolla de manera un trabajo que aúna melodías dulces y de tinte noventero, el power de una batería y un bajo que retumban en el lugar y una voz muy femenina, llena de potencia y energía. Los cambios en el tempo de las canciones de Canifrú parecen ser una marca identitaria y son, a la vez, los que llaman a los primeros asistentes de la velada a ingresar al Club Chocolate, lugar elegido para la celebración.

Tras exactos veinte minutos de la presentación de la afiatada banda de Cler Canifrú, subieron al escenario Francisca Torés y Karin Aguilera, las dos mitades de Frank’s White Canvas quienes, tras solucionar algunos problemas con la guitarra, dieron rienda suelta a toda la energía de sus canciones, un pop rock fuerte, crudo, que invita a seguirlas en el canto (como muchos en el público hacen) y que da cuenta del talento vocal, el histrionismo y el manejo de la situación de Aguilera quien, sin desesperar se sobrepone al mutismo inicial de su instrumento y anima al público llenando el espacio de las cuerdas con su voz. Toré, por su parte, con su característico brazo derecho pintado de negro, impregna energía al tocar salvajemente la batería, transportándonos a ese comienzo de milenio en el que el Nu Metal cobraba relevancia. “Good Rebel” vino entonces a coronar una presentación que, más allá de los impasses, demostró la calidad del sonido de un dúo que ya ha logrado notoriedad dentro y fuera de Chile.

Pero la noche aún no nos entregaba el plato fuerte que todos esperábamos ansiosos, algunos desde hace décadas atrás. El recinto de Bellavista, ahora sí, copaba su planta baja y la temperatura se disparó de un segundo a otro. Así, sin más preámbulo que el apagar de las luces y la aparición del logo de la banda en la pantalla frente al público, una a una salieron al escenario las cuatro integrantes de L7, banda difícil de encasillar en un estilo, pero que marcó el sonido de una época sumamente prolífica en el mundo del rock y que llegaron a debutar en Chile anoche, en medio de una fiesta de proporciones.

“Deathwish” abrió el show de las californianas, desatando la alegría (y nostalgia) de todos quienes, saltando de un lado a otro, dieron la bienvenida a una banda que tiene más de treinta años de carrera (con una extensa pausa entre medio) y que desde sus inicios han abierto una veta femenina en el rock, rescatando influencias musicales de bandas como The Runaways y Vice Squad, que salen a flote en canciones como “Andres”; así como de grupos icónicos del punk rock como Misfits, sonidos que se reflejan en las canciones “Crackpot Baby” o “Fuel My Fire”, entre otras. Toda esa mezcla da como resultado temas oscuros, vampirezcos, de guitarras que aserruchan el aire y una batería rítmica y potente que sirve de telón de fondo para los juegos de voces que las tres encargadas de las cuerdas realizan durante todo el show.

La energía noventera del cuarteto inundaba todo el recinto y a cada track que sonaba el público parece saltar más alto y corear más fuerte. Si es punk lo que suena o grunge, rock feminista o femenino, es una discusión que queda absolutamente de lado cuando escuchamos las voces rabiosas de Donita Sparks y Suzie Gardner, fundadoras y guitarristas de L7 que llenan de pasión el escenario. La presencia de Jennifer Finch, a cargo del bajo, resulta fundamental en el momento en que uno de los guardias resulta lesionado al actuar precipitada y exageradamente, lo que obligó a parar el show por unos minutos, instantes en los que Tanaka se acercó al publico, posó para selfies y firmó discos, aplacando la espera de las primeras filas.

Cuando todo se reanudó, un pañuelo verde llegó del público a las manos de Gardner y el rock prosiguió como si nada hubiese pasado, como si nunca hubiese existido la pausa en el trabajo de la banda, como si no hubiésemos esperado años por tenerlas en estos lares. Para el encore, un hit: “Pretend We’re Dead”, el éxtasis y un cierre sin aspavientos innecesarios. Foto al público y con éste de fondo. Así, satisfechos de rock and roll, esperamos desde ya lo que Rockaxis nos depare para su próximo cumpleaños.

Setlist:
Deadwish
Andres
Everglade
Monster
Scrap
Fuel my Fire
One More Thing
Off the Wagon
I Need
Slide
Crackpot Baby
Must Have More
Drama
I Came Back to Bitch
Shove
Freak Magnet
Right on Thru
Dispatch from Mar-a-Lago
Shitlist

Encore:
American Society
Pretend We’re Dead
Fast and Frightening

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>>> REVISA NUESTRA RESEÑA FOTOGRÁFICA DE FRANK`S WHITE CANVAS <<<

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L7 en Club Chocolate: cuando el rock no tiene apellidos 30 de noviembre 2018. Por Francisca Neira. Fotografías por Francisco Aguilar A. Un cumpleaños siempre es sinónimo de celebración, algo que bien lo sabe Rockaxis, la autodenominada “plataforma del rock”, que ya lleva varios años compartiendo sus festejos de un nuevo año de vida con sus seguidores y el público en general a través de conciertos del más alto nivel y de bandas que, por ser más bien consideradas “de nicho”, otras productoras no se animarían a traer al país. 2018, como era de esperarse, no fue la excepción, menos aún cuando este año se cumple la mayoría de edad de lo que, a estas alturas, es casi una institución en el mundo del rock nacional. Muy a tono con los tiempos y con los temas que impactan a la sociedad actual, la jornada de ayer nos ofreció una parrilla de bandas lideradas por mujeres que hicieron escuchar sus voces en cada una de sus letras, pero que, más importante aún, vinieron a representar de la mejor forma diversos estilos musicales, siempre dentro del marco del sonido del rock. Todo partió muy temprano, antes de las 8 de la tarde, cuando salió a escena Cler Canifrú, guitarrista de amplia trayectoria como músico de sesión y que desde hace ya un buen tiempo desarrolla de manera un trabajo que aúna melodías dulces y de tinte noventero, el power de una batería y un bajo que retumban en el lugar y una voz muy femenina, llena de potencia y energía. Los cambios en el tempo de las canciones de Canifrú parecen ser una marca identitaria y son, a la vez, los que llaman a los primeros asistentes de la velada a ingresar al Club Chocolate, lugar elegido para la celebración. Tras exactos veinte minutos de la presentación de la afiatada banda de Cler Canifrú, subieron al escenario Francisca Torés y Karin Aguilera, las dos mitades de Frank’s White Canvas quienes, tras solucionar algunos problemas con la guitarra, dieron rienda suelta a toda la energía de sus canciones, un pop rock fuerte, crudo, que invita a seguirlas en el canto (como muchos en el público hacen) y que da cuenta del talento vocal, el histrionismo y el manejo de la situación de Aguilera quien, sin desesperar se sobrepone al mutismo inicial de su instrumento y anima al público llenando el espacio de las cuerdas con su voz. Toré, por su parte, con su característico brazo derecho pintado de negro, impregna energía al tocar salvajemente la batería, transportándonos a ese comienzo de milenio en el que el Nu Metal cobraba relevancia. “Good Rebel” vino entonces a coronar una presentación que, más allá de los impasses, demostró la calidad del sonido de un dúo que ya ha logrado notoriedad dentro y fuera de Chile. Pero la noche aún no nos entregaba el plato fuerte que todos esperábamos ansiosos, algunos desde hace décadas atrás. El recinto de Bellavista, ahora sí, copaba su planta baja y la…

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