Loreena McKennitt en el Teatro Caupolicán: Una noche para encontrar a las almas perdidas

Loreena McKennitt en el Teatro Caupolicán: Una noche para encontrar a las almas perdidas
9 de noviembre 2018.

Por Constanza Paredes.
Fotografías por Javier Paredes.

Muchos pensarían que la música celta no tiene muchos adeptos, que en realidad es una música lenta y aburrida, o que simplemente es para un grupo minoritario de la música, pero anoche, quienes tuvieron la suerte de estar en el teatro Caupolicán, pudieron comprobar que cualquiera que piense eso está equivocado.

Con un teatro prácticamente lleno y con mucha ansiedad el show de Loreena McKennitt comenzó 6 minutos después de lo presupuestado. Abruptamente las luces se apagaron y casi al instante todo el equipo musical apareció en escena comandado por ella. Con una luminosidad tenue y una mirada sonriente comenzó su canto acompañado por un arpa que hizo como de hipnotizador al público asistente. Lentamente un violín hace su aparición con un sonido casi que de canción de cuna. Un comenzar lento pero con una sutileza que cautivó a todos. Tres minutos perfectos de canción que sorprendieron a todos y que fue un hermoso inicio para la presentación de su concierto que la trajo con el tour Lost soul.

Su posicionamiento en cada uno de los instrumentos es de completa admiración, junto con su voz y su pronunciación evidentemente canadiense. La textura de su sonido es claramente influenciada por un estilo de ópera, lo que le da cierta solemnidad a su presentación. Lo celta está presente en todo, desde la apariencia de sus músicos y ella misma hasta en los colores de sus ropas y la oscuridad de sus instrumentos, como llamando a la tierra para que se haga parte del instante. La chelista sedujo a todos con su gran manejo del instrumento, generando el grito de la audiencia en cada aparición solista.

Un suave viento cruza el escenario que mueve en cámara lenta la cabellera rubia de la cantante, lo que da la sensación de estar inmersos en medio de montañas y casi que fuera una jornada de conversaciones amenas donde las canciones cuentan historias de lo que ha invadido la historia de su vida. El contrabajo entrega un estilo particular a la tercera canción que está en 2/4; esa lentitud rápida que permite disfrutar cada matiz de su estilo es agradecida por los espectadores que en su mayoría son adultos, pero se puede ver uno que otro pequeño (que probablemente heredó el gusto de sus padres).

El juego de luces es equilibrante en todos los sentidos: la claridad y la oscuridad son parte de su propuesta y de sus letras. El ambiente se torna claro con las letras dedicadas a la naturaleza y baja su densidad cuando ahonda en las emociones. El concepto de su show es apasionante, se le notó en todo momento disfrutando de lo que hacía, ya sea con sus dedos en el arpa o el piano, con la compañía de todos los instrumentos al mismo tiempo o con la dulce flauta. Durante todo el concierto existió una especie de diálogo entre su voz con el chelo, algo que generó cierta nostalgia en el ambiente. Si bien hay cierto protagonismo de algunos sonidos e instrumentos, ninguno opaca al otro, todo es muy sobrio en cuanto al sonido. Dentro de la variedad de su show incorpora cierta influencia árabe, mezclándolo con un constante sonido de acordeón, a lo que su voz se acomoda perfectamente.

La noche de ayer fue una experiencia única, Loreena compartió con todos, contó historias, explicó lo que significaban las canciones más importantes de su repertorio y mencionó una que otra anécdota de sus viajes. Y de eso está hecho su show: de las marcas de su experiencia de vida y sus profundos recuerdos que la han llevado desde Granada en España, hasta granjas donde ha tenido la oportunidad de trabajar y componer que es lo que más le gusta. Definitivamente un show que si bien fue extenso en cuanto al tiempo, fue redondito y dejó las ganas de conocer mucho más de su alma.

Setlist:
Primera Parte:
She moved through the fair
All souls night
A hundred wishes
Ages past, age hence
Raglan road
Marco Polo
Penelope´s song
Spanish guitars and night plazas
The star of the county down
The bonny swans

Segunda Parte:
The lady of shalott
As i roved out
Santiago
The stolen child
The mummer´s dance
The old ways
Lost souls

Encore:
Tango to Evora
Dante´s prayer

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Loreena McKennitt en el Teatro Caupolicán: Una noche para encontrar a las almas perdidas 9 de noviembre 2018. Por Constanza Paredes. Fotografías por Javier Paredes. Muchos pensarían que la música celta no tiene muchos adeptos, que en realidad es una música lenta y aburrida, o que simplemente es para un grupo minoritario de la música, pero anoche, quienes tuvieron la suerte de estar en el teatro Caupolicán, pudieron comprobar que cualquiera que piense eso está equivocado. Con un teatro prácticamente lleno y con mucha ansiedad el show de Loreena McKennitt comenzó 6 minutos después de lo presupuestado. Abruptamente las luces se apagaron y casi al instante todo el equipo musical apareció en escena comandado por ella. Con una luminosidad tenue y una mirada sonriente comenzó su canto acompañado por un arpa que hizo como de hipnotizador al público asistente. Lentamente un violín hace su aparición con un sonido casi que de canción de cuna. Un comenzar lento pero con una sutileza que cautivó a todos. Tres minutos perfectos de canción que sorprendieron a todos y que fue un hermoso inicio para la presentación de su concierto que la trajo con el tour Lost soul. Su posicionamiento en cada uno de los instrumentos es de completa admiración, junto con su voz y su pronunciación evidentemente canadiense. La textura de su sonido es claramente influenciada por un estilo de ópera, lo que le da cierta solemnidad a su presentación. Lo celta está presente en todo, desde la apariencia de sus músicos y ella misma hasta en los colores de sus ropas y la oscuridad de sus instrumentos, como llamando a la tierra para que se haga parte del instante. La chelista sedujo a todos con su gran manejo del instrumento, generando el grito de la audiencia en cada aparición solista. Un suave viento cruza el escenario que mueve en cámara lenta la cabellera rubia de la cantante, lo que da la sensación de estar inmersos en medio de montañas y casi que fuera una jornada de conversaciones amenas donde las canciones cuentan historias de lo que ha invadido la historia de su vida. El contrabajo entrega un estilo particular a la tercera canción que está en 2/4; esa lentitud rápida que permite disfrutar cada matiz de su estilo es agradecida por los espectadores que en su mayoría son adultos, pero se puede ver uno que otro pequeño (que probablemente heredó el gusto de sus padres). El juego de luces es equilibrante en todos los sentidos: la claridad y la oscuridad son parte de su propuesta y de sus letras. El ambiente se torna claro con las letras dedicadas a la naturaleza y baja su densidad cuando ahonda en las emociones. El concepto de su show es apasionante, se le notó en todo momento disfrutando de lo que hacía, ya sea con sus dedos en el arpa o el piano, con la compañía de todos los instrumentos al mismo tiempo o con la dulce flauta. Durante todo el concierto existió una especie de…

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