Miyavi en Blondie: La energía positiva de la excéntrica guitarra japonesa

Miyavi en Blondie: La energía positiva de la excéntrica guitarra japonesa
29 de mayo 2018.

Por Manuela Beltrán.
Fotografías por Felipe Morales.

Gente de pelo azul, verde, rosado, blanco y por su puesto oscuro natural, otakus de todo tipo, personas con poleras negras, algunas de encajes de hilo, otras con el logotipo de Metallica y Testament en la espalda. Público diverso que vibró profundo con esa frenética guitarra y que coreaba al unísono las letras en japonés. Otra clásica y hermosa noche en la Blondie, que esta vez albergó el concierto en Santiago del segundo tour mundial del carismático guitarrista Miyavi.

El concierto partió muy encendido, con música rápida y fuerte. La banda estaba compuesta por un baterista, una chica y un chico coristas, un sintetizador y Miyavi haciendo sonar los últimos trastes más agudos de la guitarra con distorsión, para la canción “Flashback”, una de las más populares del artista. Bien rockeadas y bailadas siguieron “Dancing with my fingers”, “So on it, luego “Bumps in the night” que fue interpretada por el corista de pelo rojo, mientras Miyavi por su parte hacía cantar su guitarra y jugaba con el público. Se siente muy cercano y simpático.

El público le canta “mijito rico” en una pausa, pero Miyavi no entiende español, y claramente se aprendió algunas frases de cortesía para empatizar con el público, así que responde “Mi nombre es Miyavi, los quería ver hace mucho tiempo, estoy muy feliz, ¿y ustedes? Pásenlo bien esta noche… Hace calor”. El ambiente estaba sofocante por la primera lluvia del año, pero sobre todo por la agitación juvenil que lo daba todo en ese subterráneo gritando “la polera”. Miyavi dice “I can do that” y deja ver su torso de actor de Hollywood lleno de tatuajes. Extraña pausa elije para mencionar en inglés, su labor como embajador de buena voluntad de la ONU. Después de algunas canciones, y ya con polera, retoma con más detalle sus experiencias en el Líbano, Tailandia y Bangladesh, donde fue a dar conciertos en campos de refugiados. Varias canciones de Miyavi son acompañadas de un mensaje alentador para “seguir adelante”.

Miyavi es un grandioso guitarrista hiperquinético que da vueltas como chinchinero, salta desde un peldaño, se lanza de espaldas al piso. Hasta le tienen que traer una alfombra para que no se resbale mientras da vueltas con su instrumento. Y todo eso lo hace mientras golpea las cuerdas con slap, haciendo efectos de bajo con la guitarra, mezclando estilos de pop, blues, rap y hasta metal industrial a alta velocidad, todo acompañado de un sintetizador con bases de fiesta tipo David Guetta japonés. Un híbrido seductor y simpático que te hace bailar, cuando aún no sabes si te parece extraño o te fascina. En el encore al final del concierto aparece solo con una canción acústica en japonés, coreada desde el corazón por sus seguidores. Luego en las últimas canciones la gente saltaba con máxima energía, los coristas se dispersan en el escenario y juegan con el público. Miyavi se despide vistiendo la camiseta de la selección chilena de fútbol y expresando alegría con todo su cuerpo. Un virtuoso artista, con mucha energía que se mueve en la diversidad, optimista y que sabe ganarse a su público.

Setlist:
Flashback
Dancing with my fingers
So on it
In crowd
Bumps in the night
Dim it
Ha!!!!
Pink spider
Selfish love
The others
Long nights
Fire bird
Day 1
Strong
Horizon

Encore:
Itoshii Hito
Neo Visualism
Wonderful World
Real?

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Miyavi en Blondie: La energía positiva de la excéntrica guitarra japonesa 29 de mayo 2018. Por Manuela Beltrán. Fotografías por Felipe Morales. Gente de pelo azul, verde, rosado, blanco y por su puesto oscuro natural, otakus de todo tipo, personas con poleras negras, algunas de encajes de hilo, otras con el logotipo de Metallica y Testament en la espalda. Público diverso que vibró profundo con esa frenética guitarra y que coreaba al unísono las letras en japonés. Otra clásica y hermosa noche en la Blondie, que esta vez albergó el concierto en Santiago del segundo tour mundial del carismático guitarrista Miyavi. El concierto partió muy encendido, con música rápida y fuerte. La banda estaba compuesta por un baterista, una chica y un chico coristas, un sintetizador y Miyavi haciendo sonar los últimos trastes más agudos de la guitarra con distorsión, para la canción “Flashback”, una de las más populares del artista. Bien rockeadas y bailadas siguieron “Dancing with my fingers”, “So on it, luego “Bumps in the night” que fue interpretada por el corista de pelo rojo, mientras Miyavi por su parte hacía cantar su guitarra y jugaba con el público. Se siente muy cercano y simpático. El público le canta “mijito rico” en una pausa, pero Miyavi no entiende español, y claramente se aprendió algunas frases de cortesía para empatizar con el público, así que responde “Mi nombre es Miyavi, los quería ver hace mucho tiempo, estoy muy feliz, ¿y ustedes? Pásenlo bien esta noche… Hace calor”. El ambiente estaba sofocante por la primera lluvia del año, pero sobre todo por la agitación juvenil que lo daba todo en ese subterráneo gritando “la polera”. Miyavi dice “I can do that” y deja ver su torso de actor de Hollywood lleno de tatuajes. Extraña pausa elije para mencionar en inglés, su labor como embajador de buena voluntad de la ONU. Después de algunas canciones, y ya con polera, retoma con más detalle sus experiencias en el Líbano, Tailandia y Bangladesh, donde fue a dar conciertos en campos de refugiados. Varias canciones de Miyavi son acompañadas de un mensaje alentador para “seguir adelante”. Miyavi es un grandioso guitarrista hiperquinético que da vueltas como chinchinero, salta desde un peldaño, se lanza de espaldas al piso. Hasta le tienen que traer una alfombra para que no se resbale mientras da vueltas con su instrumento. Y todo eso lo hace mientras golpea las cuerdas con slap, haciendo efectos de bajo con la guitarra, mezclando estilos de pop, blues, rap y hasta metal industrial a alta velocidad, todo acompañado de un sintetizador con bases de fiesta tipo David Guetta japonés. Un híbrido seductor y simpático que te hace bailar, cuando aún no sabes si te parece extraño o te fascina. En el encore al final del concierto aparece solo con una canción acústica en japonés, coreada desde el corazón por sus seguidores. Luego en las últimas canciones la gente saltaba con máxima energía, los coristas se dispersan en el escenario y juegan con el público.…

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