Nada que sea puro nos agrada: 20 años del S.C.I.E.N.C.E. de Incubus

Por Rodrigo Guzmán.

Para quienes escuchamos este álbum por primera vez, de seguro lo hicimos mientras íbamos camino al colegio enchufados a un walkman con el volumen al máximo. Absortos, rendidos, al igual que hoy, ante un sonido más bien conocido, pero algo “distinto”. Algo tenía S.C.I.E.N.C.E. que seducía, algo que a la fecha lleva 20 años fascinándonos. Por lo mismo, el hecho merece una conmemoración más, pero están advertidos, esto no será una mera visita nostálgica a los años del pantalón Dickies, las cadenas de perro y las Adidas Superstar, o al menos no por ahora.

Como se sabe, S.C.I.E.N.C.E. es el segundo álbum de larga duración de Incubus y su primer lanzamiento con una discográfica multinacional, Sony Music. Se sabe también que es el trabajo más “pesado” de los californianos, quienes tras una labor eximia de Mike Einziger y Alex Katunich colmaron de incombustibles riffs el tracklist del álbum. Por lo mismo, S.C.I.E.N.C.E. tiene un sonido distintivo, pesado y ruidoso en principio, cuyo único rasgo en común con los álbumes anteriores y posteriores de los oriundos de Calabasas, es su naturaleza experimental, o más que experimental, su naturaleza mixta, dinámica, lúdica, convocante y congregante. En una época donde la industria cultural musical se afanaba en explotar la estética del nu-metal, Incubus se atrevió a producir un álbum fuera de las estructuras productivas y sonoras de la clásica adidas-band, integrando magistralmente sonidos e instrumentos tan disimiles como el metal, el funk, el jazz y el rap, interpretados al calor del djembe, el didjeridoo, los timbales, las cabasas, las congas, saxos y pianos.

Era cierto, para algunos incrédulos el sonido destilado en S.C.I.E.N.C.E. no era sino otro remedo marketero más de lo hecho por Faith No More, Rage Against The Machine, Red Hot Chili Peppers o Infected Mushroom, sin embargo, y como bien lo afirmó Zenón de Citio hace más de dos mil años, deberíamos recordarle a los listillos de siempre que tenemos dos orejas y sólo una boca, precisamente para escuchar más y hablar menos.

En cuestión de tracklist, la maestría de S.C.I.E.N.C.E. se deja oír por sí sola e inmediatamente. “Redefine” capta la atención del escucha en un segundo tras una introducción de didjeridoo proporcionada por Boyd, seguida de la contundencia rítmica del bajo que anticipa un riff de guitarra conjugado a la par del scratching, dando como resultado un arranque de álbum memorable, que en tan sólo 3:20 minutos deja listo a quien escuche para una siguiente descarga mayor, contenida en “Vitamin”, “el tema más duro que ha hecho Incubus nunca”, según el mismo Mike Eizinger. El flanger en las cuerdas de Mike da paso a otro riff notable, colmado de energía y que a lo largo de los versos va jugando con la tensión creciente del track, cuya cúspide es rematada a golpe de djembe y percusión, generando así un ritmo frenético que eriza la piel. En la misma sintonía de “Vitamin” se sucede “New Skin”, donde el slap del querido y extrañado Alex “Dirk Lance” Katunich llena de frecuencias bajas y potentes un corte que se encuentra hoy entre los favoritos de Boyd y compañía para interpretar en vivo.

Como discípulo adelantado de Tom Morello, Mike Einziger es un guitarrista reconocido por su afición y pericia a la hora de administrar efectos a sus cuerdas. De esta manera, los pedales de efecto toman un lugar preponderante en “Idiot Box”, “Glass” y “Magic Medicine”, track instrumental que sugiere cierta similitud con “Porno Creep” de Korn y que junto a “Nebula” demuestran que Einziger es un instrumentista y compositor dinámico, capaz de generar ambientes y texturas sonoras a través de la guitarra, pues no sólo de riffs vive el hombre. Y si de riff se trata, es el sencillo “A Certain Shade of Green” y “My Favourite Things”, quienes se encargan de demostrar dicha capacidad, proporcionando el toque contundente de nu metal al disco. Si bien dicho sonido era producto de la creatividad y solvencia musical de Incubus, hay que decir que también se hicieron acompañar de colosos del género. De dicho modo, fue Terry Date, productor de bandas como Soundgarden, Pantera, Limp Bizkit, Deftones, White Zombie y Slipknot, quien se encargó de la mezcla de S.C.I.E.N.C.E. haciendo de esta manera que el disco suene como suena.

Hacia abril de este año, Brandon Boyd señaló en entrevista con Spin que tras interpretar por más de quince años y cientos de veces la mayoría de los cortes de S.C.I.E.N.C.E., decidieron revelarse contra ellos y sacudirse de las etiquetas musicales que les había adjudicado el mercado, omitiéndolos así de sus performances en vivo y creando música más ligada al soft y pop rock, lo que sucedió en Morning View, último álbum destacable de Incubus para no pocos seguidores de la banda. Tras esto, el frontman aseguró que hace tan sólo unos dos o tres años atrás comenzaron a revisitar canciones de S.C.I.E.N.C.E. en distintos ensayos y pruebas de sonido hasta enamorarse de ellas nuevamente. Como resultado, tanto “Nebula” como “Summer Romance (Anti-Gravity Love Song)”, además de “New Skin” o “Redefine”, han vuelto a tener cabida dentro de los setlist de Incubus en directo. Y parece obvio, pues “Summer Romance” es quizás el elemento que mejor sintetiza la esencia múltiple, con carácter de mixtura y búsqueda musical que representa Boyd y compañía. Los factores que la componen son varios. Desde el distintivo sonido afro-latino de las congas, los timbales y la cabasa, pasando por los fraseos funky de Einziger y las melodías vocales delicadas de Boyd, hasta llegar al solo de saxo de Jeremy Wasser. Si con los riffs de “Vitamin”, “A Certain Shade of Green” y “New Skin” habían adherido al sonido modal de la maquinaria comercial del nu-metal, con los elementos rítmicos y melódicos conjugados en “Summer Romance” se desmarcaron de inmediato del mismo. De este modo, lograron proyectarse como un conjunto que tenía más interés en dotar a su música de un cariz personal que de llenar estadios y billeteras. Y en cierto modo así fue, pues ninguno de los dos sencillos extraídos de S.C.I.E.N.C.E. logró posicionarse dentro de los charts estadounidenses. De este modo, el álbum y sus singles no registraron paso alguno ni por el Billboard Hot 100, ni por el Bubbling Under Hot 100, tampoco por el Mainstream Rock y menos por el Modern Rock Pop 100. Para conquistarlos tuvieron que esperar tres años más, e ir de la mano de “Drive”.

Entonces, ¿merece S.C.I.E.N.C.E. de Incubus ser rememorado hoy, a veinte años de su lanzamiento? Por supuesto que sí. Porque S.C.I.E.N.C.E. es una prueba de congregación de estilos trabajados con anterioridad por otros conjuntos durante la primera mitad de la década de los noventa. S.C.I.E.N.C.E. por tanto, es un disco noventero, donde es posible advertir que el rock y el metal pueden convivir ya no sólo con otro estilo o tendencia musical, sino también con múltiples sonidos e influencias provenientes de distintas partes del mundo. De esta manera, S.C.I.E.N.C.E. parece ser tanto una demostración de la autonomía del músico, incluso dentro de los límites de la industria cultural, discográfica en este caso, como una muestra de cómo se hacían las cosas a finales de los noventa, cuando el rock logró convocar globalmente y por última vez, a millones de personas alrededor del mundo. Todo gracias a joyas como S.C.I.E.N.C.E.

Por Rodrigo Guzmán. Para quienes escuchamos este álbum por primera vez, de seguro lo hicimos mientras íbamos camino al colegio enchufados a un walkman con el volumen al máximo. Absortos, rendidos, al igual que hoy, ante un sonido más bien conocido, pero algo “distinto”. Algo tenía S.C.I.E.N.C.E. que seducía, algo que a la fecha lleva 20 años fascinándonos. Por lo mismo, el hecho merece una conmemoración más, pero están advertidos, esto no será una mera visita nostálgica a los años del pantalón Dickies, las cadenas de perro y las Adidas Superstar, o al menos no por ahora. Como se sabe, S.C.I.E.N.C.E. es el segundo álbum de larga duración de Incubus y su primer lanzamiento con una discográfica multinacional, Sony Music. Se sabe también que es el trabajo más “pesado” de los californianos, quienes tras una labor eximia de Mike Einziger y Alex Katunich colmaron de incombustibles riffs el tracklist del álbum. Por lo mismo, S.C.I.E.N.C.E. tiene un sonido distintivo, pesado y ruidoso en principio, cuyo único rasgo en común con los álbumes anteriores y posteriores de los oriundos de Calabasas, es su naturaleza experimental, o más que experimental, su naturaleza mixta, dinámica, lúdica, convocante y congregante. En una época donde la industria cultural musical se afanaba en explotar la estética del nu-metal, Incubus se atrevió a producir un álbum fuera de las estructuras productivas y sonoras de la clásica adidas-band, integrando magistralmente sonidos e instrumentos tan disimiles como el metal, el funk, el jazz y el rap, interpretados al calor del djembe, el didjeridoo, los timbales, las cabasas, las congas, saxos y pianos. Era cierto, para algunos incrédulos el sonido destilado en S.C.I.E.N.C.E. no era sino otro remedo marketero más de lo hecho por Faith No More, Rage Against The Machine, Red Hot Chili Peppers o Infected Mushroom, sin embargo, y como bien lo afirmó Zenón de Citio hace más de dos mil años, deberíamos recordarle a los listillos de siempre que tenemos dos orejas y sólo una boca, precisamente para escuchar más y hablar menos. En cuestión de tracklist, la maestría de S.C.I.E.N.C.E. se deja oír por sí sola e inmediatamente. “Redefine” capta la atención del escucha en un segundo tras una introducción de didjeridoo proporcionada por Boyd, seguida de la contundencia rítmica del bajo que anticipa un riff de guitarra conjugado a la par del scratching, dando como resultado un arranque de álbum memorable, que en tan sólo 3:20 minutos deja listo a quien escuche para una siguiente descarga mayor, contenida en “Vitamin”, “el tema más duro que ha hecho Incubus nunca”, según el mismo Mike Eizinger. El flanger en las cuerdas de Mike da paso a otro riff notable, colmado de energía y que a lo largo de los versos va jugando con la tensión creciente del track, cuya cúspide es rematada a golpe de djembe y percusión, generando así un ritmo frenético que eriza la piel. En la misma sintonía de “Vitamin” se sucede “New Skin”, donde el slap del querido y extrañado Alex “Dirk Lance”…

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