Natalia Valdebenito en el Teatro Caupolicán: reír hasta disipar los miedos
4 de enero 2019.

Por Constanza Paredes.
Fotografías por Francisco Aguilar A.

Hacer reír probablemente es una de las cosas más extremas que exista en el mundo del espectáculo. Se puede reír por cosas sencillas, como la caída de alguien, pero también se puede tener el talento suficiente para encontrar lo absurdo en lo común de la vida cotidiana y generar carcajadas en el espectador, transformando lo básico en algo inteligente que hace pensar al receptor y generar risa. No es una tarea fácil, muchos han fracasado en el humor, han sido devorados por el silencio y las pifias de un público que ha hecho todo, menos reír. Sin embargo, lo que ocurrió anoche en el Teatro Caupolicán fue la demostración de una gran exponente, una mujer que supo perfeccionarse en el humor y hacerlo propio de la manera más creativa, que ha reinventado aquello que muchos pensaron sería siempre lo mismo, nos mostró una rutina que muchos humoristas desearían, un espectáculo que en todo momento tuvo a alguien riendo y haciendo eco en el Caupolicán.

La jornada comenzó con la presentación de un video de su gira en Europa, algo que aplaudieron los asistentes y que mostró en imágenes lo multifacético de su trabajo. En el video se podía ver a Natalia Valdebenito contenta, ansiosa con todo lo que estaba experimentando fuera de nuestro país, sorprendida probablemente por la buena recepción del público en un continente que no necesariamente tiene mucho que ver con el humor de estos lados, pero que ella supo trabajar de la mejor forma generando filas incluso para ir a verla, además de entrevistas que la mostraron como una mujer posicionada y con experiencia en el humor. Si bien el video fue un poco largo, la gente resistió lo más que pudo las ganas de gritar y exigir la presencia de Valdebenito en el escenario, hasta que finalmente apagaron las luces, pusieron música y aparecieron Las orcas asesinas, un dúo de transformistas que la acompañan en su show y que le dieron el puntapié a la noche; al aparecer Natalia el público se hizo sentir fuerte y claro, llenando todo el lugar con aplausos y gritos de euforia. Si bien el comienzo fue un poco lento, fue algo sensato, pues generó una atmósfera llena de impaciencia y ansiedad que provocó carcajadas de principio a fin.

El inicio de su rutina fue desde el agradecimiento y haciendo sátira de lo difícil que es para muchos poder sacar algo de su presupuesto para dedicarlo a algo constructivo y gracioso como ver un espectáculo de humor. Saludó y como es costumbre pidió ver a quienes estaban ahí por “obligación”, a aquellos que estaban porque los “llevaron”, pero prometió que se iban a reír igual, y así fue, probablemente aquellos asistentes que fueron señalados se rieron de todas formas y no consideraron su viernes perdido. También contó la historia de cómo se inició el concepto de Sin miedo, comparándose con la mirada de La Mona Lisa: que el afiche mire a todos de todas partes, algo que muchos comentaron como “es verdad, lo vi y me pasó eso” entre risas.

Su look muy llamativo y personalizado, dio pie a contar quién le confeccionaba sus trajes y cómo su show es desde la autonomía y la independencia, sin auspicios, sin nada que determine el pensamiento, como dijo ella, con la gratitud de que no se podría hacer nada sin el público y prometiendo que aunque muchos hayan pensado que era un poco cara la entrada, dejaría una cajita para que le dejaran más plata, porque definitivamente muchos dirían: “pucha que me hizo reír, le voy a dejar más plata”, algo que probablemente muchos pensaron al ir saliendo del teatro.

Las razones principales por las que tiene un público tan fiel y que repletó el Caupolicán, son las temáticas que aborda en su show probablemente, el público es adulto y con la conciencia de que evidentemente lo principal en la presentación de la humorista es el sentido político y feminista que se hace presente de manera muy evidente. Es claro su mensaje, se empodera del hablar sin miedo y decir pene, vagina, pichula sin ningún tapujo, normalizando algo que debería ser desde siempre, haciendo desaparecer a los eufemismos y esperando que la gente deje de llevarse la manito al pecho cuando las escuche. El feminismo, no desde la imposición, está con sus historias personales, contadas con gracia y desde la intimidad más íntima, donde involucra a sus correos electrónicos, sus enfrentamientos por redes sociales con José Antonio Kast (nombre que llenó de pifias el lugar), su experiencia en el gimnasio, su edad cerca de los 40, hablar de llegar viva y sin ser violada por las noches, sus fantasías sexuales con personas de la derecha y sus historias familiares. Siempre se dice que no se debe hablar de fútbol, política y religión, pero Natalia Valdebenito sabe sortear esos temas desde el exhortar al pensamiento, a la reflexión chistosa de lo que ocurre cuando se enfrenta a las personas a cosas y temáticas que probablemente incomodan cuando se dicen en voz alta, llamó a no creer en aquello que se muestra, a dudar constantemente de los atentados que ocurren más seguido de lo que se quisiera y de los montajes de carabineros, el mensaje es: “cuídate, piensa, duda”. No dejó títere con cabeza; uno de los momentos más jocosos fue cuando abordó a Piñera como el centro de su rutina, hablando de lo poco elocuente que son aquellos que votaron por el presidente, que son como aquellas personas que niegan haber dormido con alguien feo; mencionó sus mañas, a su esposa Morel Cecilia, que hizo reír con su percepción de la primera dama, diciendo que se decía que es “curá”, pero como un rumor y que en su lugar ella le haría a la pasta.

Algo que sorprendió a la mayoría del público fue el momento en medio del espectáculo donde Las orcas asesinas fueron por el público recogiendo experiencias para que posteriormente Natalia hiciera una improvisación con sus historias, algo que hizo de manera vivaz y muy talentosa, agarrando de cada una algo con lo que hacer reír, desde la historia de una pareja que se había comprometido en San Andrés, Colombia, a una mujer que estaba chata y que la acompañaría en su viaje representado para contar la historia de la pareja asistente. Su desplante fue perfecto, utilizando elementos sencillos pero que hizo pensar que estábamos todos en la playa presenciando aquellas escenas divertidas que involucraron incluso a un profesor de básica con apariencia de surfista que no era surfista, así de extrañas las mezclas que pudo hacer en esos 30 minutos de improvisación aproximadamente. Otra sorpresa hacia el final de su show fue la aparición de Mariel Mariel con una canción creada por ella titulada “Sin miedo”, que habla de lo difícil que es ser mujer y de que debemos vivir sin miedo y no dejarnos violentar como mujeres, buscar la igualdad y que la sociedad evolucione hacia la igualdad.

Natalia Valdebenito es una de las mejores exponentes del último tiempo en el humor y el Stand up, siendo una de las precursoras en posicionar la imagen femenina en los escenarios del humor, pudiendo darle giros más políticos a los temas de su rutina, generando un poco más de profundidad a su rutina y variedad de los estereotipos que se mostraban en otros se sus shows. La noche del viernes 4 de enero será recordada como una noche llena de alegría y seriedad, paradójicamente, que hizo pensar y reír de buena gana a todos los presentes y que dejó el mensaje de que este país es nuestro, este suelo es nuestro y no debemos dejarnos amedrentar, que se debe poder vivir sin miedo.

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