Teatro Ictus presentó su agenda 2017: Una muestra de memoria y permanencia

Por Jorge Fernández.

Hablar del Ictus es hablar de memoria, historia, ficción y realidad. Porque lo que se inició por allá por los años 60, fue el comienzo de un lazo con nuestra idiosincrasia nacional que, pese a quebrantos y sinsabores, ha sabido permanecer vivo en nosotros y no sólo como imágenes entrecortadas de un pasado esplendoroso y prolífico sino como un presente que, a todas luces, nos indica que tendremos un futuro porvenir.

La presentación de su calendario 2017, que se desarrolló el pasado martes 18 de abril en las dependencias del teatro, fue una instancia cargada de emociones. Si hay algo que caracteriza a los actores del Ictus es la relación de familia que tienen sus integrantes, por lo que no podía quedar exento de esta fiesta, uno de sus actores esenciales, Edgardo Bruna, artista que falleció el 19 de marzo recién pasado y para quien fue dedicado el espectáculo.

En el discurso emitido aquella noche, hubo una frase que quedó grabada a fuego lento e intenso entre los asistentes a esta presentación: “Es el teatro quien debe resguardar el teatro, para permanecer”. Palabras que no quedaron en el aire ni como lema de un pozo sin fondo, pues a minutos de ser emitidas, brillaron por medio de una exclusiva y conmovedora puesta en escena de una de las obras que desde ya, se espera con ansias.

En el escenario, tres actores consagrados y miembros relevantes de lo que fue y ha sido el Ictus por años. Paula Sharim, María Elena Duvauchelle y José Secall sentados en tres sillas a un costado, repasaban sus libretos cual estudiantes universitarios, para presentarnos, no un pedazo de ficción irrisorio, sino ramilletes entrecortados de su vida misma y la relación que estas han tenido con el teatro. Un juego escénico que logró poner los pelos de punta, porque había reminiscencias poderosas e íntimas por parte de cada uno de los actores. Paula recordó los inicios de su carrera bajo el alero de su padre y rodeada de actores; María Elena apuntó a los años de dictadura en que 70 actores eran buscados para ser encerrados y José, por medio de un relato crudo, recordó aquellos mismos tiempos en que la tristeza embargaba gran parte de su vida, haciendo hincapié, cómo no, en el caso de su primo asesinado, José Manuel Parada. Pero faltaba la distinción de gracia, porque entre los asistentes, estaba Nissin Sharim, quien estuvo a cargo de la dirección del teatro por más de 30 años y que en el presente, por problemas de salud, no se ha podido mantener del todo vigente. Sharim intervenía desde su asiento, les hablaba con jocosidad a su hija y a sus amigos y de paso, iluminaba los rostros de los agradecidos concurrentes ante tan grandilocuente espectáculo.

Este es sólo un adelanto de “Esto (no) es un testamento”, que se presentará en poco más de dos meses en coproducción con el Centro Cultural Gabriela Mistral y cuya dirección está a cargo de Pilar Ronderos e Ítalo Gallardo. La obra está construida por medio de lo que se denomina Teatro Documental y Biográfico, porque es exactamente eso lo que es: fragmentos entrecruzados de vida, con fotografías personales y recortes de diario por medio de lo audiovisual, que también tiene un papel primordial.

El climax de la presentación estuvo marcado por los tres actores interpretando una escena de la obra “La noche de los volantines” (1989) donde actuaban el mismo José Secall, Edgardo Bruna y Héctor Noguera. La sensación fue anacrónica y nostálgica. De fondo, el telón reproducía la versión primigenia. Sobre el escenario, entre sentimientos encontrados, se reformulaba lo que ya estaba escrito con tinta indeleble.

Ictus viene reforzado para este 2017. Además de destacadas obras que se presentarán en las dependencias de Merced #349, habrá encuentros teatrales en comunas y centros culturales, recuperación de archivos históricos y la reinterpretación de Ictus informa, canal propio de comunicación que funcionaba durante los años ochenta.

Son más de 60 años los que han pasado y este longevo e inigualable patrimonio cultural necesitaba tomar aire para volver a respirar como es debido. Con el esfuerzo y sencillez de su familia actoral, han aparecido los primeros frutos, indicando que se va por buen camino, ese que se merecen y que los tiene con una cantidad inconmensurable de sentimientos y emociones que han sabido transportar a todos quienes disfrutamos de las artes escénicas.

Por Jorge Fernández. Hablar del Ictus es hablar de memoria, historia, ficción y realidad. Porque lo que se inició por allá por los años 60, fue el comienzo de un lazo con nuestra idiosincrasia nacional que, pese a quebrantos y sinsabores, ha sabido permanecer vivo en nosotros y no sólo como imágenes entrecortadas de un pasado esplendoroso y prolífico sino como un presente que, a todas luces, nos indica que tendremos un futuro porvenir. La presentación de su calendario 2017, que se desarrolló el pasado martes 18 de abril en las dependencias del teatro, fue una instancia cargada de emociones. Si hay algo que caracteriza a los actores del Ictus es la relación de familia que tienen sus integrantes, por lo que no podía quedar exento de esta fiesta, uno de sus actores esenciales, Edgardo Bruna, artista que falleció el 19 de marzo recién pasado y para quien fue dedicado el espectáculo. En el discurso emitido aquella noche, hubo una frase que quedó grabada a fuego lento e intenso entre los asistentes a esta presentación: “Es el teatro quien debe resguardar el teatro, para permanecer”. Palabras que no quedaron en el aire ni como lema de un pozo sin fondo, pues a minutos de ser emitidas, brillaron por medio de una exclusiva y conmovedora puesta en escena de una de las obras que desde ya, se espera con ansias. En el escenario, tres actores consagrados y miembros relevantes de lo que fue y ha sido el Ictus por años. Paula Sharim, María Elena Duvauchelle y José Secall sentados en tres sillas a un costado, repasaban sus libretos cual estudiantes universitarios, para presentarnos, no un pedazo de ficción irrisorio, sino ramilletes entrecortados de su vida misma y la relación que estas han tenido con el teatro. Un juego escénico que logró poner los pelos de punta, porque había reminiscencias poderosas e íntimas por parte de cada uno de los actores. Paula recordó los inicios de su carrera bajo el alero de su padre y rodeada de actores; María Elena apuntó a los años de dictadura en que 70 actores eran buscados para ser encerrados y José, por medio de un relato crudo, recordó aquellos mismos tiempos en que la tristeza embargaba gran parte de su vida, haciendo hincapié, cómo no, en el caso de su primo asesinado, José Manuel Parada. Pero faltaba la distinción de gracia, porque entre los asistentes, estaba Nissin Sharim, quien estuvo a cargo de la dirección del teatro por más de 30 años y que en el presente, por problemas de salud, no se ha podido mantener del todo vigente. Sharim intervenía desde su asiento, les hablaba con jocosidad a su hija y a sus amigos y de paso, iluminaba los rostros de los agradecidos concurrentes ante tan grandilocuente espectáculo. Este es sólo un adelanto de “Esto (no) es un testamento”, que se presentará en poco más de dos meses en coproducción con el Centro Cultural Gabriela Mistral y cuya dirección está a cargo de Pilar Ronderos…

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