Por Juan Pablo Ibarra.

Corrían los primeros meses del año 2019 y ciertas publicaciones confirmaban lo más esperado por los fans de la innovadora banda francesa de Post-Black Metal/Shoegaze, Alcest: la confirmación de un nuevo álbum de estudio.

El disco inicia con “Les Jardins De Minuit”. No obstante, a pesar de iniciar con más peso, densidad y oscuridad (que de lo normal), lo anímico que nos transmite esta canción, no es sino un hálito de esperanza, aventura y búsqueda. Progresión. Intensidad. Voces angelicales. Voces guturales. Diversidad estructural. Pasajes extraños (aunque con pulcros límites). Si un álbum inicia con una canción como esta, el éxito y el impacto son seguros. Nunca antes habíamos apreciado a la banda francesa recorrer atmósferas de este tipo. El nivel de ejecución de los instrumentos es alto y confirma y perpetúa la esencia y particularidad con que estos músicos nos tienen acostumbrados desde hace bastantes años. Con una canción como esta se sacan de la vista un viejo fantasma que los recorría, dar más centralidad al viejo y clásico Black Metal, pero a ello se suma todo el estilo propio de estos artistas. Alta canción para disfrutar de toda la majestuosidad a la que nos tienen acostumbrados. Los Jardines de la Medianoche son los mejores fuegos iniciales con que se nos invita a través de este viaje a las profundidades oníricas de sus artífices.

La segunda pieza musical es “Protection”. El primer single con que dieron a conocer este álbum. Lo más característico de esta canción es presentarnos el desgarro de existir en un mundo donde prácticamente no hay cabida para la expresión espiritual, ya que más allá de cualquier cosa, eso es un imposible y lo extraterrenal es algo más allá de la vida y más allá de la muerte (para quienes creen). Nuevamente una diversidad impresionante de riffs (totalmente distintos de la pieza anterior), nos hacen reventar de golpe la angustia martirizante de una pronta liberación del espíritu, cosa que Niege y Winterhealter la expresan de forma magistral nuevamente. En términos de estructura y composición, la complejidad aquí es creciente, hay múltiples partes y arreglos irrepetibles, guitarras desenfrenadas y baterías rozando el filo utópico de la perfección. Una canción como esta, confirma la renovación constante de esta banda, que mientras no encuentre un acomodo para la expresión íntima de su espíritu, nos darán cada vez obras más altas, venerables y sorprendentes.

La tercera pieza de esta placa, es “Sapphire”, la que nos abre una dimensión completamente nueva en el repertorio de la banda. Podemos apreciar riffs y ritmos pertenecientes a otras influencias, principalmente el Post-Punk de los 80s, aunque con más peso. Es enigmático que una canción como esta, tan melódica (vocalmente) no tenga líricas, letras, palabras simplemente. La explicación que dio su compositor es que, en el fondo, la generación genuina de una creación como esta, rebasaba los significados que comprende el lenguaje y los idiomas (no lo dijo con estas mismas palabras, es solo una interpretación), y con toda la justa razón, esta pegajosa melodía vocal es más que eso, es el rugido intraducible del espíritu. Y ya en la mitad del álbum, la intensidad y la sorpresa se mantienen a un nivel altísimo, es imposible que el ánimo decaiga a través de la contemplación de estas canciones. Lo que sí es destacable mencionar, es que en este sencillo, la progresión se detiene y la banda nos invita a recorrer una atmósfera más simple, la que sostiene de una forma distinta las virtudes presentes en lo que va del álbum.

Pasamos la segunda mitad y ya final del álbum, y nuevamente la innovación se hace presente. Los 30 primeros segundos introductorios reflejan la inclusión de nuevos sonidos electrónicos en el álbum, algo inesperado también. La cuarta pieza del álbum, “L’ile Des Morts”, pone la densidad de las cuerdas y las melodías al más alto nivel de intensidad y las baterías de Winterhealter, que nos demuestra (en el álbum en total) su progreso como de uno de los más destacados bateristas de la escena a la cual pertenece y en general en el rock actual. Ya en los 3 minutos de la canción, la agonía característica blackmetalera se hace presente al estilo de los franceses, para luego mostrarnos pasajes rápidos y desenfrenados con la perfecta combinación de voces angelicales y arreglos de arpegios de guitarra también angelicales. En el minuto cinco caemos a un pasaje que nos recuerda a las grandes obras del Rock Progresivo, pasajes sonoros donde todo se detiene, donde ya no hay más salida que el retorno al silencio y así desde el mismo silencio recapacitar las celestiales energías. Pero en el contexto presente, quedan unas guitarras y unas percusiones que dialogan y poco a poco concuerdan el retorno de la fuerza de los primeros minutos de La Isla de los Muertos, y luego ya de poco más de un minuto, en el minuto 7 de esta larga pieza, todo se reanuda presentándonos un extenso y épico final que todos sus fans no quisiéramos que terminase nunca.

La quinta pieza del álbum, titulada “Le Miroir”, es una balada al más puro estilo de la banda. Gótica y sobrenatural. Casi sin antecedentes previos en su discografía, la composición en sus guitarras, sintetizadores y cantos y baterías, nos envuelven con una solemne atmósfera de armonías frías y reflexivas. Hay un poco de influencia de la música más electrónica en esta canción, pero la intensidad otra vez se acrecienta cuando casi en la mitad de la canción los tombs revientan de la mano del excelente Winterhealter. Una sola melodía se hace presente, modificándose acorde a los cambios y acompañamientos que tiene, ya sean las voces, los sintetizadores o las baterías. El final de aproximadamente más de un minuto, es la sola guitarra de Niege vociferando en soledad ante la desolación de no encontrar jamás un dialecto para expresar los movimientos de su espíritu. Esta sección final nos recuerda también al final de la canción “Eclosion” de su álbum anterior Kodama, ya que tiene la misma dinámica, esa idea retorna y se reelabora aún más aquí.

Y ya llegamos a la canción final del álbum, la que justamente le da título al álbum, “Spiritual Instinct”, nuevamente la explicación sobre el leitmotiv lírico que dimos en “Sapphire” aquí es el mismo. Más calmada y con más fuerza y precisión avanzan las partes de la canción. Con arpegios y rasgueos más calmados, toda la aventura del Instinto Espiritual, va cerrándose aquí luego de una ardua y gozosa aventura en las piezas anteriores. Todo va concluyendo. Todo se va agotando. Todo va cerrándose para abrirnos paso a la reliquia que otra vez Alcest nos dejan en nuestras manos. Mientras más pasan los minutos más épica se hace la composición, y en las vueltas de las partes que tiene, podemos entrar de forma exclusiva al mundo onírico que Niege y compañía nos quieren comunicar.

Y ya termina el álbum. Mostrándonos a lo largo de sus 40 minutos, que su espíritu no tiene límites, ya que en cada álbum esta idea o más que idea, obsesión o más que obsesión, leitmotiv único, eterno y central, se reinventa y se reelabora, dándonos a conocer los estadios anímicos profundos que cursan a través de los años estos músicos. Concluimos con lo siguiente: Mientras no existan formas propicias para que Neige y compañía expresen sus intuiciones oníricas, mejores piezas musicales tendremos a futuro.

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