Colombina Parra & Club de Surf en la Batuta: Aglutinando armonías sobresaturadas
7 de julio 2018.

Por Manuela Beltrán.
Fotografías por Ricardo Herrera.

En La Batuta los conciertos empiezan tarde, pero nunca son inoportunos. Tres entidades musicales fuertes convocadas en una misma velada, establecen un vínculo musical, hay algo que les une, algo que hace que sea muy acorde que se presenten juntos. Más allá de que Club de Surf fuera el factor aglutinante de la jornada ya que en él Jurel Sónico, de Adelaida, colaboró en algunas canciones y ahora es la banda que acoge a Colombina Parra, lo de anoche fue un enriquecimiento mutuo, una fusión más que bienvenida. Adelaida además celebraba su premio a mejor banda rock en los premios Pulsar 2018. Entre todos hacen deslizar distorsiones fuertes a través de canciones que son como viajes, armoniosos y retorcidos a la vez, tragos fuertes y hermosos de rock en el medio de la noche.

Adelaida, con un sonido crudo y sabroso, afín a cualquier sonido lisérgico californiano de garaje, se siente como una orgullosa psicodelia a veces grunge a veces postpunk de Valpo. Sin tanta etiqueta de estilos e influencias, la banda suena virtuosa, vertiginosa, cómoda. Con letras como gritos desenfrenados que dialogan con fraseos de guitarra rítmicos y bailables. Lele en la batería, muy presente siempre y que tiernamente a falta de los golpes obligados del ritmo y sus tiempos, le pega también a la pared y con ansiedad musical de sacar más y más sonidos golpea rápido y seguido las baquetas con el borde seco de la caja y el tom. Jurel Sónico, el guitarrista, hace vibrar las cuerdas dándole muchísima entonación a sus canciones, su chasquilla vuela durante los solos y cuando le toca cantar, esta le tapa los ojos, no necesita ver, las canciones ya están construidas en clarividencia musical. Naty Lane se planta sólida con su bajo y construye las canciones desde el fondo profundo y armonioso, viste una polera que dice Nirvana, inspiración musical invocando los sonidos rupturistas de nuestras historias musicales. Canta voces agudas con un tono suave sobre rugoso. En la canción “Huracán” entra un amigo de la banda a tocar el bajo, Yerko. La gente baila y pide canciones, “Cienfuegos” gritan desde el público, para mover la cabeza. En las paredes se ven gráficas de la misma banda en gris, en grande, en una visión diluida de ellos mismos. Con diez años, Adelaida, sus tres componentes humanos musicalizados, se complementan en sonidos cuidadosos para la construcción con fuerza de un sonido rockero, muy armonioso en su distorsión, y que también con mucho ritmo atraen cuerpos danzantes. Fue sin duda el primer impulso de un vuelo, de un viaje con despegue enérgico hacia la segunda parte del concierto.

En el pasillo de la entrada de La Batuta hay una foto del año 2011 en la que aparece Colombina Parra en primer plano, de pelo muy corto, con una camisa a cuadros, con los ojos cerrados, tocando con la banda que inició su carrera musical, los míticos Los Ex. Esta sala, entonces, parece ser un lugar cómodo para ella, un refugio del rock y siempre con vacantes para experimentos destinados a oídos entrenados en la decibelia sobre saturada, ávidos de distorsión.

Club de Surf entra y trae consigo a Colombina Parra, quien entra vestida con una camisa de estrellas, pero que de ninguna manera pretende sobresalir en solitario. La mayor parte del concierto, de hecho, lo pasa de espaldas al público. Cristián Escobar en batería empieza las canciones con rostro de dolor. Y sin ninguna progresión de intensidad parten arriba, el baterista se queda ahí un rato y luego sigue subiendo, se entrega por completo a los golpes musicales del ritmo. Oskar Videla, en un teclado que a veces suena limpio como un videojuego, tiene el control con sonidos como máquinas humanas que juegan dentro del tiempo largo, dilatado, de las canciones enfurecidas. Este concierto fue de canciones largas, una propuesta especial que exige adentrarse, tomarse un tiempo para cerrar los ojos y viajar todos juntos. El bajista, quien también goza de la distorsión de su instrumento, entrega ritmos muchas veces de tres movimientos hipnóticos que arman una atmósfera de trance. Las canciones mantienen una resistencia fuerte y suben hasta completar el espacio de sonido, ordenando el ruido como un “Misterio sin Resolver”, así como se llama la segunda canción interpretada.

En medio de todos estas atmósferas de intensidad se da el espacio de creación en el que Colombina puede explorar. Utiliza el borde de la uñeta y la desliza por la cuerda, reproduciendo la rugosidad de su superficie, obteniendo sonidos como texturas. Tiene nueve pedales con botones como juegos, un wah wah que pisa en tiempos propios. También utiliza la caña del micrófono como recurso sonoro, como algo que tiene a mano y que decide usar como slide, agachada cerca del piso bailando con las ondas, moviendo su cabello. En la misma línea se forman muchos diálogos entre la guitarra y el sintetizador. Miradas que dan inicio y fin a las partes de las canciones. Los ojos de Colombina se abren grandes y profundos, ineludibles al rayo de control. En una oportunidad la mirada no es correspondida por su compañero en el teclado, Oskar está absorto en su creación, en el momento musical que lo posee. La guitarrista entonces dilata su telepatía para otro momento, sonríe y sigue tocando.

El concierto de Club de Surf y Colombina Parra contó sólo con cuatro canciones, de cerca de 15 minutos cada una. Incendiarias, aparentemente inéditas, irrepetibles en su interpretación. Parte de una propuesta novedosa, aún en construcción de este proyecto que junta y celebra dos grandes entidades musicales que mezclan el noise, el punk, el garaje, la psicodelia, todo incorporado y expelido con fuerza y con mucho peso. Un sonido denso y casi sólido. Gracias por la música.

Setlist Adelaida:
Holograma
Columpio
Frutos de otoño
Ya siento que vienen
Espirales
Huracán
Los dientes
1999
Fantasma
Eco
Cienfuegos
Cerbatana

Setlist Colombina Parra & Club de Surf:
Conspiración Cósmica
Misterios sin resolver
Meteoro
Cronovisión

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