“Donde viven los bárbaros” en el Teatro Nacional Chileno: Convivir con el otro sin estar con él
Sala Antonio Varas, 11 de mayo 2017.

Por Jorge Fernández.
Fotografías por Gabriel Padilla.

Una misma palabra puede tener muchos significados. Las situaciones del diario vivir se sustentan por medio de interpretaciones que varían según la mirada de cada quien. La empatía es una palabra que se manosea con premura y cinismo, que se deja ver sólo por medio de capas que cubren la verdadera mirada y que nace del amor inventado hacia un ser humano satirizado.

Todo esto se encuentra en “Donde viven los bárbaros”, obra de teatro que se presenta por estos días en el Teatro Nacional Antonio Varas y cuya dramaturgia corresponde al joven y talentoso escritor, Pablo Manzi.

La obra trata de manera minuciosa el tema del otro, ese ser alejado de lo comúnmente establecido y despojado de esa empatía del resto que todo ser humano, en calidad de filántropo, cree tener en su interior. El problema surge cuando la búsqueda racional, desnuda la verdadera realidad del lugar impensado en donde se encuentra esta otredad.

El contexto inicial parte en la antigua Grecia, lugar supuestamente idílico donde la democracia está haciendo mella en la conciencia de los ciudadanos, quienes creen vivir en una igualdad social, pero que, sin embargo, les temen a seres que no desean estar bajo la tutela de leyes impuestas por terceros. Allí se dibuja la primera concientización social al preguntarse si quienes viven fuera del sistema de las polis son los bárbaros o son ellos mismos los que irrumpen en un mundo que era natural, pacífico y compartido por todos.

Este conflicto es atemporal. Tal como se vivió en Grecia, también se experimentó en el curso del descubrimiento de América, en el que un grupo de europeos irrumpió en una tierra poblada por sus verdaderos dueños y dibujó los primeros bosquejos de lo que finalmente haría del progreso, una continua fragmentación. En la obra, Cristóbal Colón es un perro, un juego de rol y, principalmente, una idea fascinante de cómo se puede destruir un trozo de mundo para construir un pensamiento que deje tranquilo a unos pocos.

Pero el punto central no es ni Grecia ni los albores del continente americano europeizado, pues el argumento gira en torno a un contexto actual donde tres primos se reúnen luego de mucho tiempo para armar el puzle de lo que la ignorancia que provoca la distancia, hizo en uno de ellos. Conforme transcurre la junta, comienzan a entramparse los roles de cada uno al ir desnudando sus conflictos propios y los que escapan a su comprensión.

Hay en “Donde viven los bárbaros” un constante e incómodo palmoteo en la mente de los espectadores, pues nos parece terrible saber de una violación y posterior asesinato de una mujer o de una niña que por medio de golpes es sentenciada tempranamente a la muerte, pero “cambia un poco la cosa” si decimos que la primera víctima era prostituta y que la segunda tenía inclinaciones neonazis.

Estamos acostumbrados a ver lo que queremos ver o más allá incluso, a ver sólo lo que necesitamos para sentirnos cómodos con nosotros mismos. Tal como le sucede a Nicolás (Carlos Donoso), quien no puede generar segundas lecturas, nosotros estamos sentenciados a cubrirnos con ese velo que nos ha impuesto una sociedad, supuestamente civilizada.

Es un gran texto el que interpreta de manera perfecta la compañía galardonada BONOBO. Cada una de las actuaciones tiene una relevancia que genera la única empatía que se logra vislumbrar: la del público con esta tremenda e imperdible obra de teatro nacional. Su reestreno fue precisamente para el día en que se conmemoran las artes escénicas y la verdad, es que se provoca un sentimiento sublime cuando se crea una amalgama compacta entre la devoción por las tablas y la admiración por lo que se puede lograr a través de ellas.

Sin duda es un texto que hay que escuchar, apreciar y leer, pues también está en papel. La editorial “Punto de Giro”, especializada en la publicación de dramaturgia, tiene la obra para su posterior relectura, pues más allá del gran trabajo de todos los actores, hay un escrito potente al cual hay que darle más de una vuelta de tuerca para impregnarse completamente de él.

“Donde viven los bárbaros” no es sólo una obra recomendable, sino más bien imprescindible para el paladar del espectador que desea empaparse de un texto con carácter, crítica social y calidad impresionante.

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