Fiskales Ad-Hok en Centro Arte Alameda: La fiesta punk rockers
21 de abril 2017.

Por: Carlos Rañilao
Fotografías: Álvaro Gauna

El humo de los cigarrillos encubre un ambiente que está expectante, una tensa calma inunda a los asistentes a esta cita, donde predominan las chaquetas de cuero, las tachas y los innumerables mohicanos. La prueba de los instrumentos indican que falta poco para que se inicie el camino de un rebelde rock and roll, que por más 30 años no ha dejado de interpretar la voz de la denuncia y crítica social. Un discurso del margen, del agente crítico y antisistema que ve en los Fiskales uno de los últimos bastiones de lucidez y de la incomprensión de nuestra sociedad.

Álvaro España sube al escenario toma el micrófono e increpa al público, interpelándolo, maldiciendo el sonido y alentando a no detenerse. Esa es la señal esperada, explotan los acordes y comienza la fiesta punk rockers.

La puesta en escena está tan llena de energía que trasciende los imponderables defectos técnicos del espectáculo, los acoples de las guitarras no opacan la desbordante energía de sus integrantes que llenan el Centro de Arte Alameda con clásicos como “Anarquía y rebelión” o “No estar aquí” que, a estas alturas, son verdaderos himnos de la resistencia punk de nuestro país. Sin embargo, es ese el carisma del punk, el desgarbo y la crudeza del sonido son los complementos ideales de un discurso que está tan intrincado por el odio y descontento que su comparsa ideal no puede ser purista ni docta.

Los asistentes al espectáculo son incondicionales a la banda y el show se convierte en un verdadero ritual, donde la complicidad de los fans con la banda se refleja en la energía con que entonan los temas acompañando a un frontman que, sin lugar a dudas, sabe cómo llevar la batuta. La banda, luego de 30 años y un ir y venir de sus integrantes, ya tiene mucho recorrido y la complicidad entre ellos se refleja en la decisión de no claudicar (se especuló mucho sobre la separación del grupo) en su rol de ser los que remecen o incomodan a una sociedad que todavía está marcada por el germen conservador. De esta manera, la trayectoria de Fiskales resulta ser uno de los últimos “pogos”, que no se han detenido en este Chile que cada vez necesita desordenarse más en una verdadera fiesta punk rockers.

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