Ghostemane en Blondie: lo siniestro y lo brutal
19 de marzo 2019.

Por Rodrigo Guzmán.
Fotografías por Francisco Aguilar A.

Son las 20:00 hrs. del día martes y en la discoteque Blondie pasa algo. En la entrada del clásico recinto se reúnen jóvenes vestidos de negro y cabello largo. Parecen metaleros, pero no lo son. Los comerciantes venden afiches con un símbolo que recuerda demasiado al logo de Einsturzende Neubauten. Todo parece indicar que pronto se desatará una tromba sonora densa y oscura en el local de Alameda 2879. Ghostemane se prepara en su camarín, mientras el público que vino a verlo baila y canta afuera canciones que van desde The Prodigy hasta Slipknot, pasando por Lil Peep, cuyo corte “Awful Things” hace gritar de emoción a más de algún joven dentro del lugar.

Eric Whitney, más conocido como Ghostemane, prepara su debut en Santiago. Hay expectación. El rapero yankee llega a presentarse en la capital tras un par de conciertos en Brasil y Argentina. Antes de esto, Whitney fue arrestado en Madrid, luego de destrozar el camerino del recinto porque los encargados del lugar cortaron el audio de la sala donde se presentaba.

Pero, ¿de dónde sale este rapero blanco? Nombres como el Ghostemane, Bones, Suicide Boys, Killstation, Gizmo, Gyllow, Tag Shai, Night Lovell o Cameronazi podrían sonar a nada para muchos asiduos a los beats y las rimas. Y no se les puede culpar, pues la mayor parte de esta nueva camada de “raperos” viene publicando sus trabajos como máximo hace seis años, en el caso de Nigth Lovell o de SuicidesBoys, impulsores o al menos pioneros de estas nuevas sonoridades. Mientras que los más recientes, como Killstation o Gizmo, vienen dando lo suyo hace apenas un par de meses atrás. Todos estos proyectos se caracterizan por trabajar sobre una estética oscura. De este modo, si el Sad Rap de Lil Peep trabaja un sonido con inclinaciones grunge, entonces estos productores se alimentan del legado de Black Sabbath. Densidad, oscuridad y tempos bajos es lo que caracteriza el sonido y la estética visual de este grupo de raperos, quienes filman sus videoclips o dentro de sus conciertos o a las afueras de la ciudad, siempre en algún lugar boscoso y ojalá cubierto de una bruma apelmazada. De clubs, discotecas, automóviles de lujo y mujeres voluptuosas, nada. De letras violentas, cargadas hacia lo demoniaco e interpretadas en base a screamings y growls más propios del punk y el metal, muchísimo. Esto es lo que se viene para quienes asisten al debut de Ghostemane en tierras nacionales.

De este modo, a las 20:30 hrs. Ghostemane sube al escenario. Luego de pedir expresamente que nadie grabe el primer corte de la presentación, el floridano se lanza micrófono en mano, a frasear las primeras rimas de “Nihil”. Un beat gordo y lento, saturado de bajos y doble hi hats colma el subterráneo de Blondie. Todo comienza a desfigurarse y el público pierde el control moviéndose entre saltos y espasmos.

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Los músicos que acompañan al floridano no tardan en hacerse sentir. Batería y Guitarra suman distorsión a un ruido que poco tiene que ver con los sonidos más clásicos del rap. “Flesh” deja oírse en toda su potencia y recuerda al dubstep más noise y al metal core mas groovieado. “Hades, “Andromeda”, “1000 rounds” y “Kali Yuga” se suceden bajo la misma fórmula: un beat lento que no tiene nada de sosegado. Un sub bass que hace vibrar todo. Guitarras distorsionadas que suman filo a los breves temas que Ghostemane monta en escena. La mixtura estructura todo. A caballo entre el metal, el rap y la electrónica, el músico enseña sus habilidades vocales con sorprendente pericia. Screamings, growls y voces limpias se entretejen con agresividad en cada tema, a cada momento. El público baila y grita a la vez.

A pesar de que el público en su mayoría no supera los 25 años, las referencias noventeras no cesan. La estética oscura y densa de Ghostemane esta influenciada por, cómo no, Black Sabbath. Pero no sólo de Sabbath vive el hombre. Hacia la mitad de su presentación, Whitney introduce los primeros destellos de un clásico a coverear: “Head Like a Hole”, original de Nine Inch Nails, es interpretada con más entusiasmo que pericia, ante un público que claramente no ubica muy bien los trabajos más tempranos de Trent Reznor.

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Si en 1989 Reznor le declaraba al “Dios Dinero” que prefería morir antes que cederle (aún más) control, Ghostemane también hace lo suyo cuando a modo de cierre interpreta “Mercury: Retrograde”: “Ask me if I give a fuck about fame”, reza la lírica cargada de displicencia que Whitney frasea ante un público rendido a sus pies. Es extraordinaria la idolatría que genera el floridano entre sus seguidores, que no dejan de brincar y corear cada uno de los temas que componen la presentación.

“Mercury: Retrograde” y “Venom” fueron los cortes que dan término a la fecha. Los temas más populares del rapero son los singles de Hexada (2017) y Blackmage (2018) cuyos videoclips en severo blanco y negro son caricaturas de dudoso encanto. Estos videoclips forman parte de la propuesta estética de Ghostemane, caracterizada por lo abominable. En este sentido, el floridano trabaja en su propuesta lo que Sigmund Freud llamó “lo ominoso”, que es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo familiar. Lo ominoso y lo siniestro pertenecen al orden de lo terrorífico, siendo aquello que suscita angustia y horror, sobre todo dentro de lo que consideramos cercano. El fragmento que forma parte de “Mercury: Retrograde” pertenece a la caricatura Betty Boop: Snow White (1933). Allí radica la esencia siniestra de Ghostemane, donde lo familiar o lo aparentemente inofensivo se torna terrorífico.

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Tras la visita de Ghostemane me queda algo claro: El norteamericano está haciendo algo nuevo. Puede que guste, puede que no. Pero sin duda está haciendo algo novedoso. Junto a toda la camada de nuevos raperos que hoy en día hacen un trap oscuro y violento, cuyo imaginario se articula en torno a lo horrible y lo demoniaco, pareciera que Ghostemane realiza un ejercicio claro a la hora generar música: la desnegrización del rap comienza a advertirse de manera palmaria en su música. Si desde el surgimiento del rap este se caracterizó por explotar las raíces de la música negra, desde el soul de Marvin Gaye hasta el funk de James Brown, es difícil encontrar estos referentes en Ghostemane. Todo en él nos habla de Black Sabbath y Black Metal en general, desdeñando así el impacto que en el estilo tienen las figuras directivas del sonido negro. En la propuesta de Whitney, junto a la de muchos otros “raperos” jóvenes underground, no vemos autos de lujo, ni cadenas de oro o muchachas ligeras de ropa. Todo esto formó y forma parte de un rap que busca estructurar su propuesta en una estética del objeto, mientras que lo de Ghostemane esté centrado en una estética del sujeto y no de cualquier sujeto, sino de un sujeto en crisis en el mundo moderno, como Lil Peep o Suicide Boyz.

Hace un par de semanas Dave Grohl, en una de sus tantas declaraciones, afirmó que el futuro del rock estaba en la cantante estadounidense Billie Eilish. Esto, claro, levantó bastante polvo dentro de los círculos ligados a la música de guitarras. No hay que quitarle créditos de Grohl. O quizás sí. Sin embargo, tras la actuación de Ghostemane en Blondie, me atrevería a decir que, si el futuro del rock no está allá donde indica Grohl, entonces podría estar acá, en las fauses de Ghostemane. Quién sabe. Quizás.

Setlist:
Intro
Nihil
Flesh
Hades
Nails
Rake
Bonesaw
Trench Coat
The Singularity
N/O/I/S/E Interlude
HACK/SLASH
Inside
Head Like a Hole
Kybalion
Gatteka
D(R)EAD
Ballgag
Black Blood
N/O/I/S/E Interlude
D(r)own
Squeeze
Andromeda
Idle Hands
Kali Yuga
1000 Rounds
Stick Out
Carbomb
Mercury: Retrograde
Venom

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