Por Jorge Fernández.

Filadelfia, Estados Unidos. En plena Universidad de Temple estaba inserto el escenario donde se presentaban diversas bandas que competían para ser los mejores. Forofos por montón, alcohol, drogas y vitaminas como alicientes para armar un escándalo de proporciones. Daryl Hall de la banda Gulliver y John Oates de Masters deciden ocultarse en un mismo ascensor para alejarse de la turba. Entre comentarios cruzados, se dan cuenta de la enorme conexión musical que, entre ellos existe y no pasa mucho tiempo para que se transformen en la mítica banda Hall & Oates.

Para hablar del super dúo norteamericano, debemos retroceder en el tiempo poco más de medio siglo. Una enorme cantidad de años si tomamos en cuenta que nunca han pisado territorio nacional. Hasta ahora, pues la primera cita se desarrollará el próximo sábado 08 de junio en las dependencias del magnánimo Movistar Arena en lo que promete ser una velada inolvidable, respaldada por una batería de éxitos de todos los tiempos.

Hay que partir, además, recalcando que el éxito no llegó de sopetón. Durante la década de los setenta, que es cuando se dio inicio a esta unión musical, sus hits fueron esporádicos y la presencia en los rankings o la aceptación total de sus canciones fue, por decirlo de modo benévolo, más bien bajo, llegando incluso a ser despedidos por productoras bajo las cuales tenían contrato.

No obstante, se pueden rescatar algunas canciones parcializadas que, incluso más adelante, serían mayormente reconocidas que en el tiempo mismo en que fueron creadas. Ejemplos claros se dan con “She´s Gone” del disco Abandoned Luncheonette (1973), y “Rich Girl” y “Do What You Want, Be Want You Are” de uno de sus insignes Bigger Than Both of Us de 1976, el que sería la piedra angular de su futuro promisorio.

Los años ochenta llegaron y con ello, el éxito a nivel mundial para Hall & Oates. Voices (1980) fue el disco bisagra que vendría a catapultar su carrera. De ahí en más, se transformaron en una máquina de crear éxitos. De esta placa cabe destacar canciones como “Kiss on my List” y “You Make my Dreams”.

Inmediatamente después vienen discos de alta preponderancia como Private Eyes (1981) con la canción homónima como insigne y el éxito “I Can´t Go for That”, para continuar con H2O (1982), disco que contiene singles como “One on One” y “Family Man” además de, quizás su más grande creación, la archiconocida “Maneater”.

1983 y 1984 tampoco se quedaron atrás. Todo lo contrario de hecho, pues junto al éxito mundial que ya arrastraban, la máquina seguía cocinando buenas canciones que sabían como una dulce tentación. Rock and Soul Part 1 y Big Bang Boom se llaman aquellos discos y de ahí destacan, entre tantas otros, temas como “Say it Isn´t So” y “Out of Touch”.

Y como todo en la vía del éxito tambalea de vez en vez, vinieron las separaciones y los reencuentros progresivos y de ahí en más se va haciendo más duro hablar de las carreras musicales. La lucha de egos, el deseo de brillar con luz propia y los nuevos proyectos que se van gestando en el camino, hacen que los buenos músicos se separen y que sea el tiempo el que se encargue de reunirlos una vez más. No fue en un ascensor esta vez, pero si en un estudio musical, cuando luego de estar separados por un tiempo, Hall & Oates se reunieron nuevamente a componer una canción para una película. El tema nació y de ello devino un disco. La película, por su parte, tuvo que buscar una nueva composición. El álbum se llamó Ooh Yeah y de él nacieron éxitos como “Everything You Heart Desire” y “Downtown Life”, entre otros.

Los éxitos empezaron a menguar. Un esporádico paso por los 90 y uno un tanto mejor por los comienzos del nuevo siglo. Canciones destacadas como “Do it for Love”, “ll Be Around” y “It Come Upon a Midnight Clear” fueron leves chispazos del fuego que alguna vez hubo.

Al día de hoy Hall & Oates desarrollan su carrera a punta de la innumerable cantidad de éxitos que han tenido a lo largo de estos casi 50 años de carrera. Las canciones de este dúo norteamericano están en nuestro inconsciente. No nos damos cuenta hasta que suenan esos acordes mil veces reinterpretados, pero son de ellos, les pertenecen y ahora, en pocos días, tendremos la fortuna de escucharlos por primera vez en vivo en nuestro país.

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