Inti Illimani en Teatro Nescafé: Memoria musical para una nueva constitución
21 de Octubre 2020.

Por Manuela Beltrán.
Fotografías por Francisco Aguilar A.

La última vez que se presentaron ante un público masivo fue desde la mismísima Plaza de la Dignidad en diciembre 2019 en plena revuelta social. Poco después la pandemia se instaló y ahora en tiempos de cuarentenas, los conciertos masivos parecen un recuerdo. Pero Inti Illimani claramente está rescatando aquel espíritu con su concierto Hacia la Dignidad, en sintonía con una ciudadanía chilena conectada y despierta. La invitación también estuvo extendida al extranjero, a los continentes americano y europeo. Hasta la actualidad el conjunto sigue activo a nivel internacional, incluso recientemente recibieron el homenaje de “Inter Illimani” que los ligó a un triunfo deportivo de la dupla de futbolistas chilenos en Milán.

Con evidentes ansias de tocar, sin preámbulo y sin demora el legendario conjunto Inti Illimani comenzó su concierto online abriendo con la canción Calle de la desilusión. Desde la pared del fondo del Teatro Nescafé de las Artes se iluminaban inmensos los rostros de Violeta Parra, Salvador Allende, Gladys Marín y Víctor Jara. Íconos e inspiraciones de la cultura y la lucha política de Chile, seleccionados y proyectados en paridad para acompañar a los músicos durante todo el concierto. Ciertamente sus mensajes y acciones en la historia reciente continúan vigentes y su lucha más que nunca sigue presente.

La multiplicidad de instrumentos que destaca al conjunto, se mostró en todo su virtuosismo como de costumbre. El famoso tinku “Señora Chichera” transportó a las fiestas del altiplano, con la fuerza de aquellos vientos andinos que elevan también a ritmo de charango. Recién después de tres canciones, Inti Illimani hace la primera pausa para dar la bienvenida: “Cuentan que el director de orquesta Arturo Toscanini, volvió de la guerra y preguntó ¿En qué compás estábamos?”. Bromeando Jorge Coulon metaforiza el volver a tocar, como un acto que ayuda a los músicos a volver a la “normalidad”, al hábito de entregar y para nosotros concurrir a un concierto. “En este teatro vacío, sabemos que mucha gente está asistiendo en un teatro virtual. Bienvenidos al canto de todos, que es nuestro propio canto”, citando a Violeta Parra continúa la música.

El canto de Efrén Vera se expresa con muchísimo sentimiento, pasando también a brillantes solos de saxo, que dialogan en contrapunto con la flauta traversa, y luego con todos los instrumentos que llenan el espacio de emotividad. El conjunto logra transmitir la mística especial que se genera al mezclar tantos estilos, desde folclor andino de orquesta popular, pasando por cantina de boleros y hasta música de cámara de tradición italiana, que adquirieron cuando este país los acogió en el exilio. Y después de intensas interpretaciones que mezclan mandolina, charango y zampoña, la guitarra pasa de una canción a otra en una transición suave y transportadora, fluyendo de un ambiente onírico instrumental a otras melodías más conocidas, que hoy pueden ser reinterpretadas una vez más.

“Arriba quemando el sol” destaca por el juego de voces y el bombo, trasladan al desierto y a las sensibilidades musicales de tajante crítica social como las de Violeta Parra. Las cámaras que nos guían a través del concierto virtual enfocan a cada integrante destacando sus solos e interpretaciones. Pero también abren la imagen para enfocar el rostro iluminado del ecuatoriano Max Berrú, fallecido integrante fundador, que también está proyectado en la pared del fondo, pero no en lo alto, sino a la altura de los músicos. Otro más entre esos importantes fantasmas, presentes en la memoria, que guían este camino hacia la dignidad, materializados en imagen y en música. La canción Malagueña que entremezcla cadencias mexicanas y andaluzas, termina con la imagen de Gladys Marín en contrapicado, como una declaración de amor hacia la política.

En la siguiente pausa se pronuncian mensajes de contingencia: “Estamos transmitiendo este concierto desde Santiago de Chile, sitiada no sólo por el virus, sitiada también por el temor. El temor de enfermarse, de envejecer, de enviar a los jóvenes al colegio o a la universidad. Es el miedo a las manifestaciones, de caer de un puente. Miedo al miedo, miedo de perder poder… Vamos a construir un puente. En cuatro días más vamos a ir a votar, a poner dos rayitas. Estamos dependiendo de esas rayitas para cambiar nuestro país y terminar la transición que ya dura 40 años”. No existe separación entre la política y la música, ni tampoco entre la sociedad y las emociones colectivas que se transmiten en las canciones e interpretaciones de Inti Illimani. Este llamado a votar para cambiar la constitución de Chile forma parte de la trayectoria y lucha política que para la agrupación comenzó incluso antes de la dictadura.

La siguiente canción, luego de estas palabras, otorgó la distancia necesaria para recordar lo que vino antes de toda esa larguísima transición que mencionaron. La canción “Vino del mar” trajo a la memoria a Marta Ugarte, mujer detenida, torturada y lanzada al océano desde un helicóptero por los militares de la dictadura. Luego “El arado” y “El aparecido” reforzaron la épica de la clase trabajadora y de la izquierda chilena, que han definido las canciones de protesta en Chile. Estos clásicos de Víctor Jara otorgan el tono de esperanza que siempre les da fuerza a las manifestaciones, que actualmente vuelven a tomarse las calles.

Entre “Tarantella” y Sobre tu playa, Inti Illimani agradece a los sonidistas, camarógrafos, iluminadores y todos quienes hicieron posible aquel espectáculo internacional. “El show debe continuar”, dice Coulon “Desde Chile y hacia la dignidad con todo el afecto de Inti Illimani”, pero antes de continuar el músico con humor y nostalgia hace una pausa mostrando que normalmente ese sería el momento en que se van y esperan el coro del audaz público chileno: “No nos vamos ni cagando”. La consigna imperecedera de “El pueblo unido (jamás será vencido)” suena fuerte en el cierre, y recuerda que históricamente ha estado presente en el grito del movimiento social y que una vez más resuena en pantallas y parlantes de todo el mundo en este concierto globalizado.

¿Pero qué es una revolución sin baile? Junto a todos esos rostros proyectados otrora censurados por la dictadura, La fiesta de san Benito cierra definitivamente el concierto con la clásica saya que canta “ya nos vamos bailando, ya nos vamos cantando”. A pocos días del plebiscito que cambiará el destino de Chile, este concierto nos vino a recordar que el trayecto Hacia la Dignidad no es reciente, la memoria nos enseña a ver el camino recorrido de quienes han dedicado su vida a la lucha política y social para cambiar el mundo hacia un horizonte lleno de dignidad.

Setlist:
Calle de la desilusión
Tú no te irás
Señora Chichera
Instrumental
El surco
Instrumental
Arriba quemando el sol
Malagueña
Vino del mar
El arado
El aparecido
La tarantella
Sobre tu playa
El pueblo unido
Fiesta de san Benito

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