Artista invitada: Dadalú.
6 de marzo 2024.

Por Carlos Barahona.
Fotografías por Matías Schwartz.

La vida está marcada por una serie de primeras veces, momentos cruciales que nos introducen a nuevas experiencias y nos definen de maneras inesperadas. Al igual que en el cine, donde las primeras películas de un director pueden lanzar carreras estelares, y en el teatro, donde los estrenos definen el curso del arte dramático, en la música, los debuts también tienen un poder transformador.

El concierto de Archy Marshall (Londrés, 1994), conocido como King Krule, en el Teatro Coliseo fue uno de esos eventos monumentales, una primera impresión que dejó una huella imborrable en la memoria de todos los presentes. La noche comenzó con la actuación de Dadalú, quien a las 20 horas abrió el fuego con su propuesta de rap irreverente y estilo lo-fi. Su presencia en el escenario fue magnética, y su música resonó con la audiencia, destacando una combinación de beats implacables, más una crítica social explícita – es menester realzar la crítica realizada al estado genocida de Israel, defendiendo la causa de la soberanía palestina -, lo que nos preparó para la experiencia canónica que estaba por suceder.

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Ya cuando el reloj marcaba las 21:11 de la noche, el escenario se iluminó con la presencia de King Krule y su banda, quienes fueron recibidos con un clamoroso aplauso y un exceso de vitalidad por parte del público. El telón, adornado con la imagen de la portada del último disco, Space Heavy, añadió un toque de misterio y anticipación al espectáculo. Luces bajas, ambiente sombrío y una tensión que se palpitaba en cada esquina del reducto, fueron el ojo del huracán perfecto que precedió la tormenta sonora.

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Con un setlist que incluyó desde éxitos aclamados por la crítica hasta nuevas canciones llenas de energía y emoción, King Krule y su banda ofrecieron una actuación inolvidable que llevó al público en un viaje intenso y emocionante. Fueron 19 canciones que abordaron de forma parcelada la discografía de Marshall, pasando por cada una de sus vitoreadas placas. El concierto comenzó con “Perfecto Miserable” cuya mezcla de letras introspectivas y sonidos envolventes estableció el tono para la noche. Seguida por “Alone, Omen 3”, la que, con el sampler inicial del sonido de un teléfono, mas su ritmo inquietante, cautivó a la audiencia desde el primer compás. “Dum Surfer” fue el primer hit que sonó en la incipiente noche santiaguina, desatando la algarabía popular.

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La potencia en vivo de los músicos que acompañaban a Marshall fue impresionante – la fórmula batería, guitarra, bajo, sintetizadores y saxo es un combo certero al oído -, pero destacó especialmente la fuerza del saxofonista argentino Ignacio Salvadores. Su habilidad para fusionar la cercanía y la fuerza latinoamericana con el sonido único de King Krule añadió una capa adicional de profundidad y emoción a la velada.

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“A Lizard State” entregó esa cuota de jazz frenético que es un sello indeleble en la trayectoria de Krule. La locura y el sinsentido se hicieron presente. La amalgama vital del cabecilla Archie Marshall en su sonido y en sus letras son tangibles. Si sus inicios están marcados por la incertidumbre y hastío a la realidad, sus letras actuales marcan otro tempo, otro sentir, pero que no deja de lado estas inquietudes. Es posible paternar en el fin del mundo, y eso está plasmado en las letras de Space Heavy. “Flimsier”, “Seaforth” y “Seagirl” nos evocaron parajes de la gélida Bretaña y sobretodo el mar, ese mar que les rodea y les hace tan únicos en sus expresiones artísticas.

“Easy Easy”, es uno de esos clásicos instantáneos que jamás pensamos escuchar en vivo alguna vez allá por el 2013 y bueno, estuvimos coreándola de principio a fin. Los vítores y aplausos por parte del público no se hicieron esperar. Ante todo el frenesí que reinaba, vino una pausa otorgada por una canción de amor desgarradora, «Baby Blue», la que tocó los corazones de la audiencia con su honestidad y vulnerabilidad. La tríada “Rock Bottom”, “Half Man Half Shark” y “If Only it was Warmth” nos mantuvieron en ese estado de trance, el que ha logrado la banda con el pasar de los años. Luego de un pequeño descanso, la agrupación volvió al escenario y se despidió con “Out Getting Ribbs”, en la que Marshall y Salvadores se comunicaron con el público, pidiéndoles que maullaran felinamente, transformando a cada presente en un nuevo integrante en King Krule.

Se baja el telón, el público se retira y queda en el aire un deseo y una interrogante. Lo primero, que Archie se haya quedado con la mejor impresión de la intensidad con la que se viven los conciertos y la música en vivo; lo segundo que debut más soñado e inolvidable, un verdadero titan colosal en la tarima. Esperemos que vuelva pronto a deleitarnos con su sonido críptico y envolvente.

Setlist:
Perfecto Miserable
Alone, Omen 3
Dum Surfer
Cellular
A Lizard State
Space Heavy
Flimsier
Seagirl
(A Slide In) New Drugs
The OOZ
Easy Easy
Stoned Again
Seaforth
Underclass
Baby Blue
Rock Bottom
Half Man Half Shark
If Only it was Warmth

Encore:
Out Getting Ribs

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