Por Jorge Fernández.

Extraño parece hablar del inicio del final. Sería contradictorio, de hecho, sino fuera por la referencia iniciática de la película La noche de los muertos vivientes del mítico director de cine B, George A. Romero. La cinta, estrenada en 1968, se hizo a partir de un escuálido presupuesto, sin embargo, sus réditos fueron enormes y, además, es considerada una de las artífices de todo lo que conocemos actualmente con la chapa de mundo Zombie.

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La historia parte con dos hermanos que viajan unas cuantas horas para visitar la tumba de su padre. El cementerio y la estética en blanco y negro da inmediatamente la sensación de que algo malo sucederá en cualquier minuto. Y el momento no se hace esperar, pues, de pronto, un extraño personaje aparece en escena con disposición a atacar a quien se cruce en su camino. Uno de ellos logra escapar y guarecerse en una casa abandonada del sector. Encerrados en cuatro paredes surgen otros personajes y la necesidad de sobrevivencia que será el motor central de la trama.

El argumento, cuyo guion pertenece al mismo director y a John A. Russo, está basado someramente en la novela “Soy Leyenda” (1954) del escritor norteamericano Richard Matheson. La diferencia más evidente en es que, en esta última, los enemigos tienen una relación más estrecha con los vampiros que con los muertos vivientes que aparecen en la película. Cabe mencionar acá que, en la historia de Romero, los personajes tampoco eran llamados zombies, aunque el tiempo y las posteriores secuelas los nominarían definitivamente como tal. Para la época en que se estrenó la cinta, estos extraños y siniestros seres, llegaban al cine en forma de mitología centroamericana más que por un acontecimiento fortuito universal.

En su momento, La noche de los muertos vivientes fue muy criticada por lo violento de sus escenas y lo explícito que resultaba ser, pese a una sangre barata e interiores de animales para simular los de los humanos. El terror fue más poderoso eso sí, ya que el miedo es la primera sensación, pero es el pánico el que se apodera de los espectadores conforme avanza la historia.

Hay varios aspectos adicionales que también entrega la película. El principal tiene que ver con la decadencia social del ser humano. El núcleo familiar ultra estereotipado se ve maculado acá. La relación sanguínea es menos portentosa que la carnal. Nadie sabe para quién trabaja y el deseo de solidaridad recurrente entre los héroes típicos del celuloide desaparece de diversas formas. Mientras que los muertos siguen viviendo, los vivos mueren en su interior con cada acción deplorable que se ven obligados a realizar.

La película es fundamental para todo el mainstream zombie que conocemos al día de hoy. Aunque si se ven algunas licencias en las características que son más típicas en la actualidad. Hay mayor rapidez en los movimientos y al parecer tienen poca fuerza. Incluso, se podría afirmar que, por momentos, parecen pensar un tanto su accionar. Todo relacionado con el hecho de no tener un guion con calificaciones para seguir a pie juntillas, lo que genera un mayor estatus de clásico a lo creado por George A. Romero.

La plataforma Centroartealameda.tv regurgita un clásico del cine de terror. Sin los efectos estrafalarios de los que se jacta siempre este tipo de largometrajes, pero, sin lugar a dudas, indispensable en cuanto a los pilares esenciales de lo que se cocina hoy por hoy en una industria coartada de originalidad.

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