Por Juan Pablo Ibarra.

Seis son las piezas que componen el primer álbum oficial de esta flamante y novedosa banda chilena, Meridiano de Zurich. “Unísono”. “Surprise”. “EVRST”. “Prismas”. “Océanos de boreal”. “SurOriental”. Son los nombres de éstas, de las cuales hablaremos holísticamente.

Antes bien, hagamos un breve recorrido por la cosecha discográfica de la banda y otras informaciones. Basándonos en la información suministrada en la página web oficial del sello al cual pertenecen (LeRockPsicophonique), este quinteto santiaguino formado en 2012, compuesto por Alejandro Riveros, Danilo Pérez, Francisco del Campo, Matías Cabezas y Álvaro Riveros, posee bajo la manga una serie de trabajos que comienzan en el 2013, con el EP titulado Fisurando El Silencio. Luego en 2015 con el single “220”, el split Santiago Portland junto a Coastlands y Long Hallways de Estados Unidos y Baikonur de Chile. En 2019 -previo al álbum- vino la saga de singles/adelantos: “SurOriental”, “Surprise” y “EVRST”.

Otro dato es que durante algunos meses del año pasado recorrieron parte de la geografía nacional dentro del marco del Ciclo LeRock. También supimos que participarían en el aclamado Dunk! Festival en Bélgica, compartiendo escenario con otros exponentes tales como We Lost The Sea, Year Of No Light y Oh Hiroshima (entre muchos más). Evento que fue cancelado (por razones obvias) pero estamos seguros de que a una banda como esta, se le presentarán muchas y hasta quizá, mejores oportunidades.

¿Qué significa la palabra que titula esta obra? Básicamente no existe consenso para explicar lo que es, y la clave es esa justamente. Pero es algo similar a la nostalgia, a la melancolía, a la añoranza, a una momentánea elevación/degradación del ser, a la imbricación excelsa de nuestras cogniciones sensibles. Maravilloso y misterioso concepto, y que aquí justamente tenemos la mejor ejemplificación para experimentar estos espesos transcursos “saudadicos”.

Dicen siempre que por algo son las cosas. ¿Será tan así? Básicamente lo que aquí tenemos es una intensificación paulatina de capas y capas de sonidos que comparten y compenetran su esencia entre texturas Post Rock y Shoegaze. Cada una de estas, como labradas con las manos del cielo.

Ya que estos músicos se encargan de hacernos atravesar una experiencia que toca el alma, remece el cuerpo y agita el corazón. Adentrarnos en el pasar de estas canciones, es probablemente algo similar a una experiencia epifanica, mística, de revelación, de catarsis, al límite de la vida, el amor y la muerte, o lo que acá definimos como un existir más allá del silencio, tal como en los sueños.

Hay muchos momentos de suavidades sonoras que nos llevan a intelecciones insospechadas. Otros, de una fuerza y potencia casi titánica. Y así, diversificando esa dinámica y recorriendo espacios como inexistentes (físicamente), cada estrofa, cada parte, cada arreglo, cada estructura, todo prosigue su incursión por esos lugares frente los cuales las palabras no alcanzan, y si y solo si: el eterno grito mudo del sonoro silencio del quinteto.

Al finalizar, sin pronunciar palabra alguna, solo con estos ritmos construidos a puro pulso y trabajo, nos trasmiten quizá una leve o gran conexión con el silencio del mundo, ese tal vez apagado dentro del imparable transcurso de las ciudades, y nos permiten ser, sentir, rememorar, en fin: existir más allá del silencio. Algo de cualidad trascendental. Pero cuidado, no es para quedarnos entrampados allí, no es sino para volver a gritar con más convicción que nunca y sin vergüenza alguna, esa saudadica trabazón que pervive en el núcleo intocado de nuestro espíritu, y esparcir sin miedo, sobre los seres y la tierra, esta álgida ternura que nos proporcionan los Meridiano de Zurich.

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