“Miedo” en Teatro Nescafé de Las Artes: Aquella incómoda sensación que no queremos dejar de sentir
16 de mayo 2019.

Por Jorge Fernández.
Fotografías por Javier Valenzuela / Teatro Nescafé.

Una de las tardes más frías de este extraño y malogrado otoño. Quizás, una de las más oscuras también. Lo cierto es que la gélida sensación, mezcla de ansiedad y sorpresa, se apoderó de los asientos cubiertos de espectadores en el apacible Teatro Nescafé de las Artes, lugar que se presta continuamente para disfrutar un número de renombre internacional.

“Miedo” fue la obra que se presentó esta vez. Un monólogo que funciona como torbellino de ideas y acciones que orientan al individuo a pensar en el miedo como un patrón de conducta desde el nacimiento hasta la otra vida, pasando por la muerte por supuesto. Pero no solo eso. El desagrado, la incomodidad, el asco y la complicidad son también parte del vaivén desarticulado de episodios que se viven.

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También la ironía, la sátira y el humor negro. Y era que no, si el show está protagonizado en su totalidad por el español Albert Pla, destacado músico y actor, pero, por sobre todo, juglar de tomo y lomo. Uno de esos pocos seres que logran sacar carcajadas por medio de lo que huele mal, de lo derruido de la sociedad y de aquellos miedos latentes que padecemos en silencio o a grito destemplado.

En un recorrido cronológico, el catalán va dando muestra de cómo el miedo está inserto en nuestro ADN. Todo comienza con miedos infantiles, el escabroso ratoncito Pérez, los excéntricos reyes magos, el gordito barbón que solo sabe usar la chimenea, la plaza de juegos transformada en una palpitación de monstruos, el miedo a todo, a todo y a mucho más. Un terror físico que se apodera de nuestra imaginación con historias terribles y personajes sicóticos dentro de un circo cubierto de abominaciones.

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De ahí en más el miedo se vuelve sicológico, ese que recrudecía las páginas escritas con sangre y tinta en los cuentos de Edgar Allan Poe. Un miedo que gobierna nuestro interior, que nos lleva a mirar el mundo con reticencia putrefacta.

El miedo a sentir asco también está. El que perturba tus sentidos, el que te provoca susto, el que te lleva a una sonrisa incómoda. El viaje parece nunca acabar porque no se apacigua cuando mueres tampoco, sino que vuela hacia un más allá impensado.

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La historia además se vale de un juego espectacular de imágenes y sonidos envolventes que parecen explotar en tus oídos. La puesta en escena es, en realidad, un concierto teatral, bañado de música que juega a sonar infantil en la voz y los sonidos, pero cuyas letras provocan un contraste desarmonioso que hace que te muevas de un lado al otro en tu asiento. “Canta, canta, no dejes de cantar. Si dejas de cantar, te morirás” es una de las entonaciones que más se repiten durante la historia y es solo uno de los argumentos que provocan esa perturbadora y angustiosa sensación de no saber muy bien el porqué.

La idea era ponernos incómodos y el efecto se logró, excelente escenografía audiovisual y un sonido altisonante se mezclaron de modo perfecto en medio de una presentación impecable por parte de Pla.

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John Carpenter está por estos días siendo reconocido por sus pares en el afamado Festival de Cine de Cannes. El norteamericano, quien en su vasta carrera ha dirigido varias películas donde el miedo es el hilo conductor (siendo “La Cosa” la mayormente conocida) dijo en una entrevista que “El horror es bueno para la salud. Todos queremos ser asustados de alguna manera en la vida, especialmente cuando no sentimos que haya un peligro cerca” y esto se vio claramente en la respuesta del público ante la obra del español, pues al terminar la función fue fuertemente ovacionado por todos.

El miedo es algo a lo que no nos queremos enfrentar, porque toca una tecla sensorial que provoca resquemor pero que es absolutamente necesario hacer visible. Vivir, morir y seguir viviendo con el miedo como intruso no es el problema, el gran conflicto se genera cuando no sabes que existe, que es parte de ti y que, por lo mismo es irrevocable.

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