Por Jean Broussaingaray.

Cada cierto tiempo aparece una sitcom dentro del mainstream norteamericano que es furor, que gana todos los premios y que es la favorita en casi todas las casas. Friends, Seinfeld, How I Met Your Mother, The Office o, si nos vamos un poco más atrás: Cheers o Lazos Familiares.

En 2009 se estrenó una nueva serie acerca de una familia americana disfuncional llamada Modern Family. Nada muy nuevo hasta ahí. De hecho, el formato ya parecía algo gastado y manoseado, sin embargo, el éxito fue más que inmediato.

Ocupando bastante la fórmula del Mockumentary, el humor negro y unos excéntricos personajes perfectamente delineados y caracterizados, cada uno muy distinto al otro, hicieron de esta familia moderna un retrato hilarante de una disfuncionalidad y, a la vez, funcionalidad ya que se mantiene más unida que cualquiera, y que es, en definitiva, el motivo de tanto disparate y malentendido.

Temáticas como la adopción homoparental, los conflictos propios del matrimonio y todo el proceso de la niñez a la adultez de los más jóvenes de la serie (literalmente crecieron ante nuestros ojos), entre otros, se fueron entrelazando entre estas tres familias principales que convergen en una sola de gran manera.

En once temporadas el nivel no siempre se puede mantener arriba. Hay algunas más flojas que otras y que cayeron muchas veces, incluso, en la inercia. Pero es normal, la frescura se acaba y reinventarse no siempre es fácil. Cayeron críticas, bajó su popularidad, bajaron los premios, pero los Dunphy, los Pritchett-Tucker y los Pritchett-Ramírez siempre se mantuvieron ahí como una familia unida que crecía ante nosotros, con nuevos integrantes y nuevas aventuras.

Luego de unas temporadas medias bastante flojas, me parece que las últimas temporadas volvieron a florecer, esta vez sin tanto delirio, sino que con más humanidad. Menos carcajadas y más carga hacia la emotividad, lo que me pareció bastante acertado, y claro, sin perder la esencia de cada personaje.

Pareciera que las sitcoms están cada vez más desvalorizadas, pero nunca digamos nunca a una posible resurrección, a una propuesta que la rescate con un impacto similar al que tuvo en su momento Modern Family, a la que podemos dar la distinción, sin demasiados titubeos, de la última gran sitcom.

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