Normal: Desnudando la intolerancia
Teatro Sidarte, 23 de Marzo 2017.

Por Nicolás Morán.
Forografías por María Loreto Plaza

El “Festival de egresos de escuelas de teatro: Exit”, definitivamente tiene obras frescas e innovadoras. Anoche fuimos a ver “Normal” de la directora Alexandra Von Hummel y protagonizada por el elenco de la escuela de teatro de la Universidad Mayor.

Esta historia pasa en un pueblo normal de una provincia fronteriza de un país normal, donde hay personas normales, con vidas normales. Nada fuera de lo común.

Oficinas, iglesias y casas con gente dentro. Hombres y mujeres normales. Pero como en toda frontera, al otro lado están los “otros”, los extranjeros; por lo tanto, son peligrosos y el deber de ese pueblo es ser el bastión que evite que esa gente indeseable pase el límite, al punto que se hacen guardias voluntarias nocturnas para prevenir.

La obra comienza con una de las mejores instalaciones escenográficas que he visto. Reprodujeron una oficina real sobre el escenario, con paredes tipo container que tenía ventanas con vidrio, computadores, mesas y todo el mobiliario necesario para hacernos sentir que era real, al punto que la inmersión se sentía palpable. (Para solucionar el problema del audio, inteligentemente colocaron micrófonos dentro de la instalación)

Temprano en la mañana, la trama avanza con el secreto a voces de que uno de los “otros” ha sido capturado por algunos miembros de esa oficina y que está encerrado en alguna parte del edificio. El problema pasa cuando el miedo, la ignorancia, la misericordia, el odio y la intolerancia empiezan a jugar en la historia. ¿Qué haremos con él? Es la pregunta que puede resumir toda la función, porque empiezan a mezclarse distintas visiones sobre la inmigración, la homosexualidad y la xenofobia.

El nudo es que en este pueblo no les gustan las cosas diferentes y extrañas, entonces el tener que lidiar con un problema tan grande les resulta impensable.

Distintas situaciones que rayan el surrealismo ocurren dentro la oficina, que van desde un entrenamiento de tiro para disuadir la entrada de los inmigrantes, hasta una escena que incluye un desnudo total de una actriz. (Innecesario a mi parecer, pero no me quejo). Bailes que cierran actos y conversaciones que muchas veces llegaban a punto muerto, pero que siento eran intencionadas. Al fin y al cabo la vida es un absurdo en muchas ocasiones y los personajes reflejaban lo que hacen las personas normales. Sus miedos, sus prejuicios y su ignorancia latente, que cual tigre herido, termina mostrando las garras para salvarse.

Mara, la supervisora de la oficina es la que se encuentra más afectada con la situación, porque fue su hermana menor, Fernanda, la que supuestamente fue atacada por este “otro” cuando intentaba traspasar desde su país. Entre conversaciones con varios personajes, como Juan, su marido y además jefe de la oficina, y Carla, que es muy amiga de Fernanda, se logra vislumbrar esa chispa de intolerancia racial por parte de casi todos los oficinistas. Mara y Carla luego van a ver a este sujeto. El caso es que Mara termina golpeando sin razón al inmigrante, y además le echa la culpa. Carla comprende que no hay odio en los ojos del forastero y que es solo racismo por parte de todos en esa oficina. (Todas las interacciones con el “otro”, pasan fuera del escenario)

Mientras va cayendo la tarde, el resto de los personajes empiezan a practicar tiro. Carolina, una de las oficinistas, es la mejor tiradora que tiene el grupo. Cuando la práctica acaba, le solicitan que devuelva la pistola y ella se niega, al punto de amenazar con dispararles si la obligan. Sale de escena y los compañeros empiezan a elucubrar sobre su locura y cómo van a deshacerse de ella, porque claramente es muy peligrosa.

Luego de conversaciones que apuntan hacia la denostación del extranjero, del homosexual y de cualquier persona que no encaje con ese pueblo tan casto y puro, es cuando vuelve Carolina, lo que provoca que nos cuente la historia de cómo fue violada por unos inmigrantes. Recién ahí se puede comprender su odio irracional. Además termina confesando que ha matado a 4 inmigrantes ya, sin asco, sin pena, porque en cada uno de ellos ve a sus violadores. Al final de la escena ella se retira y deja en claro que matará a ese “otro” cuando vuelva al anochecer, y que nadie se lo impedirá.

Llega la noche y se ve cómo Fernanda y Carla empiezan a conversar sobre lo ocurrido la noche anterior. La atacada confiesa que en realidad el forastero no le hizo daño, que estaba asustado, igual que ella, pero por miedo no dijo nada. Carla le dice que es una cobarde, que debe hacerse cargo de la vida de una persona inocente, para infundirle valor le da un beso en la boca y le pide que diga la verdad.

Se apagan las luces y llegan casi todos los personajes a la oficina para efectuar la votación sobre el futuro del desdichado. Al final determinan que vayan a buscar al “otro” y lo empiezan a golpear fuera de la oficina (el otro es un muñeco. Nadie salió herido durante el montaje de esta obra). Luego de la paliza, descubren que no es un “otro”, al contrario, es una “otra” y se da un nuevo dilema moral, que termina dividiendo al grupo. Una facción apoya que la eliminen para que no haya problemas, la otra que la dejen ir.

Los primeros argumentan que si la dejan ir, vendrán más, y que llegarán con niños. Niños que se volverán delincuentes. Los segundos dicen que es una imbecilidad y un crimen matar a alguien solo porque no es del país. Luego de un debate moral y ético, se determina que la dejarán libre y que podrá volver a dónde ella guste. La sueltan y cuando la extranjera sale de escena, se escuchan 2 disparos; la sangre se hiela. Carolina ha cumplido su amenaza. Las caras se llenan de horror y miedo, se apagan las luces y la oficina se queda en silencio.

Esta es, sin duda, una obra potente con actuaciones muy buenas, llena de simbolismos y críticas hacia la sociedad machista e intolerante que raya el fascismo, donde el extranjero es per se, alguien peligroso o atemorizante. Nos muestra una cara que muchas veces no queremos ver y naturalizamos sin mayores problemas. Chile es quizás uno de los países más racistas y xenofóbicos que hay; por lo mismo los invito a ver esta obra, o en su defecto también les recomendamos ver “Por el bien de todos” de Francesco Randazzo, obra en la que está basada “Normal”. A mi parecer la función de anoche fue redonda e imperdible, al punto de que la vería de nuevo e invitaría a un par de personas que conozco que creen que el color de piel es importante y se empapen de entendimiento sobre que los “otros”, al otro lado de la frontera, somos nosotros. Ustedes saben, algo normal.

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