Nothing But Thieves en Teatro Cariola: Una máquina inesperada
4 de septiembre 2017.

Por Valentina Gilabert.
Fotografías por Felipe Morales.

Ayer fue un día caluroso, algo que no pasaron por alto quienes asistieron al Teatro Cariola. Shorts y poleras manga corta abundaron en la previa de la segunda visita de Nothing But Thieves a nuestro país.

La banda inglesa, que regresó luego de una parada en 2016, lo hizo con todo y para calentar motores invitó al dúo nacional Frank’s White Canvas. Las chilenas, que vienen de un exitoso paso por el evento europeo Mad Cool Festival, donde compartieron cartel con bandas como Pearl Jam, Tame Impala y Kasabian, llegaron hasta el espacio ubicado en San Diego para hacer vibrar el lugar por poco más de treinta minutos.

Karin Aguilera, en voz y guitarra, y Francisca Torres, a cargo de la batería, fueron capaces de generar una atmósfera y puesta en escena que mantuvo al público atento y expectante a su show, como si ellas fueran el plato principal. Con temas como “Bullseye”, “Secret Garden” y “Good Rebel”, dejaron entrever la fuerza de los instrumentos y la profundidad de sus letras, saliendo de esa forma airosas en lo que fue su primer teloneo a una banda internacional.

“Espero hayan disfrutado como nosotras” dijo Karin antes de terminar el show. Luego se acercaron al público para agradecer y tomarse una foto desde el escenario con todas esas personas que disfrutaron con ellas de esa noche.

A las 21:30 horas aparece Nothing But Thieves sobre el escenario. Su vocalista, Conor Mason, pide aplausos, la gente grita y caen globos desde alguna parte del Cariola. Todo indica que comienza la fiesta. “Thank you” grita Mason emocionado y aparecen los celulares para registrar lo que está por venir. “I Was Just a Kid” es el tema que la banda elige para abrir su show y, en ese instante, el público comienza a saltar en un amago de hacer un pequeño mosh. Se apaga la luz y “Ban All the Music” llega para hacer corear a toda la gente que repleta el lugar. “¿Cómo están?”, dice Mason en un español apenas entendible.

El frontman es carismático y tiene una actitud tímida, lo que contrasta con el resto de la banda, quienes se ven mayores y más arreglados que él. Sin embargo, el cantante es el que mayormente llama la atención de las chilenas. Le gritan “mijito rico” y se vuelven locas cada vez que se acerca a la orilla del escenario para cantar con la gente. El chico con pinta de skater noventero ha logrado conquistar a todos desde el primer minuto que se subió al escenario.

“Wake Up Call” sigue encendiendo la noche y con “Soda”, Mason por primera vez agarra la guitarra. Sin embargo, no puede usarla por problemas técnicos que dejan escuchar un apenas pronunciado “hijo de puta” de su parte. El público canta a capela, parecen emocionados bajo y sobre el escenario, pero no más que en la siguiente canción: “Broken Machine”. El single de su disco homónimo, lanzado en 2017, logra estremecer al público como si fuera uno de sus más grandes éxitos. Mason canta con los ojos cerrados, como entregando todo de sí en esa canción, y luego toma una guitarra para unirse en lo instrumental al resto de su banda. “I’m Not Made By Design”1 le sigue en un derroche de energía al igual que “Live Like Animalsn” y “Number 13”, tema en el que el frontman se vuelve todo inquieto. Se mueve de un lado a otro sobre el escenario, baila y hasta juega con un globo que sigue dando vueltas por el lugar, pero en su poca puntería no logra tocarlo y se ríe solo. Parece un niño. Da gusto verlo disfrutar así.

“Drawing Pins” comienza con algo de suspenso y le da un sutil respiro al lugar. “Particles” genera el mismo clima. Ambas canciones bajan las revoluciones y preparan un colchón para el tema que sigue a continuación, el más largo de la noche. En “If I Get High” la banda inglesa se luce, si bien, es un tema bastante diferente al resto de su repertorio, más pop y lento, genera emoción. Previo a comenzar cae al escenario una bandera de Chile que Mason posa sobre uno de los instrumentos. “Estar en Chile is fucking amazing”, dice antes de cantar. Da vida al momento íntimo del que todos los asistentes son parte, y luego desaparece del escenario. Por varios minutos, el resto de la banda se queda sobre el escenario en una performance instrumental, bastante intensa, que logra captar la atención del público. Vuelve Mason en una ovación para darle un cierre a la canción que a momentos recuerda a la banda también inglesa Radiohead.

Con “Trip Switch” y “Forever and Ever More” vuelve Nothing But Thieves en su esencia. Un sonido tarreado y lleno de energía, que se suaviza con ayuda de su vocalista. Luego una de las canciones más coreadas de la noche, considerando que aquello ocurría con la gran mayoría, “Sorry”, también de su último disco, que los llevó a ser la banda soporte de Muse en el marco de su tour “Drones”.

Al terminar de cantar, la gente comienza a gritar nombres de otras canciones, como si quisieran que la banda tocara su repertorio completo. “Six Million” grita un joven durante casi todo el concierto, pero su petición no es escuchada. Con “Afterlife”, y casi una hora de show, la noche comienza a cerrar. La banda sale del escenario a la espera de volver a entrar. “No nos vamos ni cagando”, grita la gente en un ya clásico y muy utilizado llamado a su banda. Y entonces, NBT vuelve a escena con “Itch”, canción con que el público enciende, pero que no desata la locura, al menos hasta que empieza a sonar “Amsterdam”.

Todos saltan a sabiendas de que esta sí es la última, el momento para despedirse de los ingleses en el apogeo de una tremenda fiesta. Acaba todo y algunos integrantes de la banda sacan sus tragos y alzan sus vasos al público. Con el calor de verano, hacen el primer salud y se van. Una despedida en que todos quedan felices y entusiasmados de volverse a encontrar.

Setlist:
I Was Just a Kid
Ban All the Music
Wake Up Call
Soda
Broken Machine
I’m Not Made by Design
Live Like Animal
Number 13
Drawing Pins
Particles
If I Get High
Trip Switch
Forever and Ever More
Sorry
Afterlife

Encore:
Itch
Amsterdam

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