“Okupación” en Teatro Ictus: La obra rebelde que se niega a morir
20 de enero 2017.

Por Nicolás Morán.
Fotografías por Gabriela Gauna.

Lo que admiramos ayer, debe ser una de las mejores obras chilenas que me ha tocado ver. En el Teatro Ictus tuvimos la oportunidad de disfrutar una historia tragicómica, con una profundidad social implacable.

Aunque fue estrenada en el 2005, Okupación narra en forma notable (y un tanto premonitoria) una de las tantas tomas que sucedieron durante el año 2006, mientras se buscaban cambios reales a la LOCE. (Golpe directo a la nostalgia, pues yo estaba en segundo medio).

Se nos presenta a unos profesores, que están en contra de la privatización de su colegio y, por lo mismo, en una asamblea determinan tomarse el liceo. Esa es la trama principal que desencadena toda la obra.
Protagonizada y dirigida por Edgardo Bruna, quien es el líder de esta afrenta contra el Estado y las condiciones salariales indignas en las que tienen a sus profesores, nos vemos transportados a diferentes interpretaciones de un mismo concepto: La libertad, y cómo somos capaces de doblegarnos o de resistir las adversidades en torno a nuestros ideales.

Me agradó mucho como el elenco interactuó con el público. De hecho, el romper la cuarta pared es una de las cosas que más me logran sorprender cuando están bien hechas. En todo minuto es creíble ver que nos encontramos en una escuela pública , y el uso del espacio del teatro estuvo grandioso.

Aunque es una comedia, tiene momentos de reflexión y de aprendizaje de ciertos personajes históricos ligados al concepto de libertad. El Quijote, Marx y Galileo Galilei, entre otros. Nos va mostrando con magistral interpretación que el conocimiento está muchas veces ahí, pero el sistema escolar no quiere eso de nosotros. Quiere que formemos productos que sean útiles al sistema, sin crítica ni reflexión.

Las actuaciones de María Elena Duvauchelle, Adela Secall, José Secall, Edgardo Bruna y Otilio Castro son brillantes. De hecho, los personajes son entrañables y representan de forma fidedigna a algunos de mis colegas. Por ejemplo, el personaje de José Secall es el típico profesor individualista y egoísta que no quiere unirse a la toma, porque es más fácil someterse a los nuevos dueños del colegio. Lo peor es que conozco colegas así. Sin conciencia de clase y sin visión de una educación pública, laica, gratuita y de calidad. Esos son los que le hacen mal al país.

Lo mejor de esta obra es que no es lineal. Deja paso a la improvisación y la opinión personal. Además, tiene un concepto cíclico bien interesante, que finaliza con un giro inesperado, donde el público determina cómo finaliza la obra.

Recomendada al 100%. Es una de esas obras que hay que ir a ver. De hecho, de seguir en cartelera, yo llevaría a todos mis cursos a verla. Para que entiendan porqué es importante luchar por nuestros derechos sagrados, como lo son la educación y el derecho a pensar libremente.

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