Paloma del Cerro en Chile: Cantar, rezar, bailar y gozar.
Gira por Chile. Estuvimos en Valparaíso (show y taller) y Santiago.

Por Manuela Beltrán.
Fotografías show Bar El Clan (29 de junio 2018) por Ricardo Herrera.

La gira por Chile de Paloma del Cerro surgió como un vuelo rápido y repentino, que nada más se publicó la semana pasada anunciando conciertos en cuatro ciudades y varios talleres. Rápidamente se corrió la voz en redes sociales, entre quienes conocen a esta cantante argentina, que se ha hecho conocida fruto de los múltiples viajes por Latinoamérica y principalmente México. De hecho es muy bonito ver como en su repertorio de canciones se integran diferentes lenguas que componen este continente. Y también como su acento argentino se camufla en un español estándar, como si este se diluyera en una sola conciencia latinoamericanista, por no decir universal. Para quienes descubren a Paloma del Cerro por primera vez, su música es paralela a toda esa corriente de folclor latino electrónico que hemos escuchado desarrollarse en los últimos años, con la diferencia que además de novedosos beats que mezclan máquina y naturaleza, también tiene muchísimo más contenido en sus letras, temáticas espirituales hasta el punto de convertirse prácticamente en una terapia musical. Su éxito radica en refrescar la música electrónica y mezclarla con la espiritualidad y el canto que son de hecho elementos intrínsecos a todos los seres humanos.

El jueves 28 Paloma se presentó en Valparaíso, en el Café Bar Al Alba, dando un concierto íntimo y poderoso, con el público alternativo de Valparaíso que a su vez es como un hermano, un puerto fronterizo con Buenos Aires. De costa a costa, otro espejo mágico. Luego el viernes 29 se presentaron en Santiago, con una convocatoria un poco más masiva y caracterizada por la bohemia que tiene el Bar El Clan. Siempre acompañada por los músicos Lucho Katz en guitarra y charango, y Grod Morel en teclados y bases, ambos conciertos de Paloma del Cerro, tuvieron muchas similitudes en la interpretación de canciones y en la puesta en escena. Esta siempre tuvo en su centro un Altar, donde se instalaban los instrumentos de percusión menor que utilizaba Paloma, como por ejemplo campanitas como cencerros, pesuñas sonoras, diferentes tipos de sonajas, silbatos y trompe; también velas encendidas y yerbas. Cada concierto es por cierto también un ritual con sus respectivos elementos.

La primera tonada fue un canto a Tonantzin, la gran diosa madre mexica. Diosa creadora inspiradora, como una Guadalupe pagana, como una Gaia o como una Pacha Mama de nuestros territorios. Paloma del Cerro nos canta la magia de otros lugares con ojos cerrados e invocando espíritus con voz dulce y poderosa. En El Clan, las luces proyectaban en la pared un contorno de calendario azteca multicolor que giraba alrededor de la silueta de Paloma del Cerro. En ese escenario se intercalaron antiguas y nuevas canciones. “A la mañanita” primero, para pasar a la nueva “Espejo mágico”. También se escucharon viejas letras vigentes que declaran el mensaje más popular de Paloma del Cerro “A esta tierra prometo gozar hasta que me ausente”, título de su primer disco del 2011.

El concierto intercalaba canciones que rescatan las culturas ancestrales del norte y del sur de América. En el “Rezo Lakota” no se necesita comprender la letra para saber que a través de la vocalización de sonidos armoniosos se levanta un rezo. La rica y espiritual cultura Lakota del norte de México y sur de Estados Unidos se hace presente cada vez con más frecuencia a nuestro territorio cumpliendo su profecía del Águila y el Cóndor que al juntarse unen el continente, trayendo paz a todos sus pueblos. Paloma también canta en portugués, con charango en mano y rasgueando ritmos de reggae, invoca con sonidos del altiplano andino las playas cálidas del Atlántico tropical, ahí donde reina Yemanja, la Diosa del agua en la tradición ancestral de las originales devociones brasileñas. Otro rezo como hiperviaje por las Américas latinas.

“Para todas las Mamitas del mundo” el rap que canta Miss Bolivia, esta vez es interpretada por la misma Paloma del Cerro quien no teme ampliar todo su espectro humano en sus diferentes facetas, que no cabe en ninguna casilla de estilos, que utiliza cada recurso para cantar con respeto mensajes de fuerza para que despierten las sacerdotisas, inyectando energía que levanta el ánimo de todas las mujeres en cualquier escenario. Posteriormente la canción “Ñuquemapu”, suena como un blues en mapudungún con una guitarra incendiada y Paloma gritando como machi en trance Chaltumai, Gracias a la madre tierra.

Antes de partir la siguiente canción, Paloma hace sonidos de agua y sonidos airosos como reminiscencias de trances en viajes astrales pasados, así empieza la canción “Curandera”, que con las mezclas de sonidos electrónicos hace bailar a todas quienes consideran esa canción como un himno de sanación. Una fuerte invocación al poder personal de cada mujer y de la energía femenina en los hombres que se sientan convocados, para experimentar la conexión con la tierra.

“Noche de luna llena” es una canción nueva que en un principio parece describir escenas como de algún pueblo latinoamericano, algún Macondo con un ritmo repetitivo para bailar, “las mujeres van cantando por la aguas de mi río” canta la canción. Los conciertos terminan con “Todo vibra” y “Quichua”. Letras y sonidos de trances y rituales de agradecimiento a la existencia. “Todo vibra, todo tiene espíritu, todo está en constante movimiento” dice la letra. Y para finalizar una oda en lengua quechua al Carnaval de América, como la expresión humana de la celebración de la vida, con una base electrónica que junta lo ancestral y lo futurista, las proporciones épicas de nuestros recorridos humanos en la tierra.

Durante los conciertos Paloma se refiere al cambio que está habiendo en el mundo. De esta reconciliación que hay entre lo femenino y lo masculino dentro de cada persona. Una lucha que convoca a hombres y mujeres, y los insta a no estar separados. Es delicado que se entienda bien este tema, porque en Chile se tiende a criticar el separatismo, pero también hay que entender que los cambios no son solamente políticos y culturales, sino que también espirituales. Una deuda de perdón y de cambios con nosotras y nosotros mismas que se proyecta a su vez hacia la sanación de la tierra entera. La consecuencia de Paloma del Cerro se refleja en sus visitas previas a Chile, en instancias de protección de los ríos y también en el tiempo que le dedica a hacer talleres de canto. Partiendo desde la base que “todos ya sabemos cantar”, porque nacemos con voz y desde ahí ayudar a desarrollarla como una expresión del cuerpo entero, usando músculos dormidos.

Durante el taller que realizó en el Espacio Daudi de Valparaíso, Paloma también se refirió al rezo que viene levantando desde hace algún tiempo al Agua. “Somos bolsas de agua, 80% igual que la tierra”. La tradición Lakota reza al agua porque la considera sagrada y fuente de la existencia. El agua está viva y viaja a través de las nubes, ríos y diferentes canales presentes en todo, en el sistema cerrado del planeta tierra y se instala ahí donde el rezo necesite ser cumplido. La hermosa propuesta de Paloma del Cerro que comenzó girando en Valparaíso y Santiago, sigue avanzando con las nubes del invierno hacia Pichilemu y Concepción en el marco de una nueva modalidad de “El Clan Nómade”, en el cual el mítico bar de Bellavista traerá bandas para hacerlas girar por el territorio chileno.

Setlist:
Recién he llegado vidita
Mañanita
Espejo mágico
Observando
Gozar
Rezo Lakota
Yemanja
Mamitas
Ñuquemapu
Curandera
Noche de luna llena
Silencio fértil
Todo Vibra
Quichua

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