Un cuarteto de cuerdas compuesto sólo por mujeres le da vida a este corto en el que la chilena actualiza el imaginario del folclore latinoamericano; amar, desprenderse, gozar y sentir desde una nueva vereda, una que busca aportar al legado que tiene la música de raíz en nuestra historia.

La brillante carrera de Pascuala Ilabaca, cantautora y multiinstrumentista oriunda de Valparaíso, ha sabido de fuerza y fragilidad en el camino a posicionarse como una de las creadoras más relevantes del Cono Sur. Ahora, inicia una era en la que tanto la candidez como el ímpetu se potencian en nuevos métodos que nos dejan canciones fundamentales para su cancionero personal, y el de la región.

«Amatoria» ya nos había revelado dos adelantos: «Compañeras al compás», con el que pudimos acompañar las vísperas del histórico 8M del 2020, y «Ranchera Antiposesiva», el último estreno irónico y divertido en el que Ilabaca logra poner en perspectiva los rincones más posesivos que se pueden llegar a vivir en el romance. En esa línea es que nace este nuevo epé: historias conocidas, relatos populares pero ahora desde una vereda feminista, que busca aportar a las construcciones de realidad que conlleva el folclore.

“Acompaño mi voz por un cuarteto de cuerdas que es interpretado sólo por mujeres, en base a los arreglos de Simón González. Este epé es una versión feminista de ritmos clásicos del folclore latinoamericano como lo son el bolero, la ranchera, un vals y una canción de protesta, todas con poesía bastante humorística y contingente dedicada al amor, el erotismo y el desapego”, dice la artista sobre este estreno compuesto por cuatro piezas.

«Sin Mí» y «Gomero en Eros» se suman a los sencillos ya revelados, cerrando esta circular entrega que logra renovar temáticas para que “el folclore siga siendo la expresión viva de los pueblos”, agrega la compositora sobre el corto grabado y mezclado por Jorge Abarca y masterizado por el destacado sonidista argentino, Andrés Mayo.

El nuevo sencillo, “Sin Mí”, llega acompañado por un clip nacido gracias a la amistad pandémica cibernética entre Pascuala y la bailarina ariqueña, Vanessa González. «Ella es una artista Aymara que contacté para conversar acerca de apropiación cultural e investigación sobre el tinku y otros ritmos andinos», comenta la cantante sobre esta relación a distancia que concluyó en esta colaboración donde cada una, desde su territorio, interpreta el desapego desde un salvaje acantilado.

Su interpretación conserva su esencia, pero amplía la construcción de su imaginario. Sonidos que logran complementar la sentida voz de Pascuala, que en “Amatoria” presenta más formas de amar, de desprenderse y de gozar. Un folclore que no pretende tapar el sol con un dedo ni obviar la historia, pero capaz de darle una renovación urgente a lo que se canta.

Una radiografía sonora de su puerto, de sus experiencias y la de las mujeres de su vida. Un corto en el que no teme el riesgo musical, ni exponer prismas necesarios para entender el sentir de esta parte del mundo, respetando su historia y aportando a las nuevas construcciones que nos dejará la música para el futuro.

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