Por Alejandro Jara.

En una conferencia de prensa de Soda Stereo, un periodista la preguntó a Gustavo Cerati ¿Cuál es el problema en admitir que el regreso de Soda es por Dinero. Cerati, elegantemente le respondió: “Hay varias razones, y el dinero es lo que nos pagan por trabajar, como a vos y como a todo el mundo”. ¡Touché!

Realmente no importan las razones de un regreso como el de Porcupine Tree, más aún si consideramos que técnicamente solo fue un largo receso, lo significativo en cambio, es el fenómeno que producen los regresos, tanto en ventas de tickets, listas y top de ventas de sus lanzamientos. Si, porque es que la banda no solo ha alcanzado hitos históricos llegando al top de ventas en listas de Reino Unido, Alemania, y Países Bajos, si no que han despertado un fenómeno mediático que ha revolucionado las redes y los medios de prensa que antes siquiera hablaron de ellos. De hecho, en Reino Unido solo fueron superados por el fenómeno de Harry Styles, relegándolos al #2 del top de ventas. En tickets, están llenando todas las localidades para sus 26 fechas programadas en 13 países, y varios de ellos, con arenas con capacidades de 14 mil a 20 mil espectadores. (14 mil en el caso del Movistar Arena de Santiago).

Desde su último trabajo, The Incident en 2009, siempre se mantuvo la incertidumbre sobre lo que ocurriría con la banda, precisamente porque nunca cerraron las puertas, pero pasaban los años, y cada quién hacía lo suyo. Algunos miembros seguían en contacto, mientras que con los años otros comenzaron a alejarse.

Influenciado por Pink Floyd, Hawkwind, Ozric Tentacles y Gong, cuando Steven Wilson funda oficialmente Porcupine Tree ya venía trabajando con proyectos como Bass Communion y No-Man, este último con el gran Tim Bowness, una banda exquisita, suave, muy de su estilo, que con el tono dulce de Tim lo carga de sutileza y psicodelia, características que se ven reflejadas en una de sus piezas más delicadas “All sweet things”. En paralelo, crea Blackfield, que ya en el 2011 lanzaban su tercer disco de estudio, y uno de nuestros favoritos Welcome to my DNA, con piezas alucinantes como “Rising Of The Tide” y “Oxygen”.

En solitario, Steven tiene una carrera impresionante e imparable, con discos como Grace for Drowning, Hand. Cannot. Erase, The Raven That Refused To Sing, To The Bone; y el reciente The Future Bites.

Es más, ya anunció que para el segundo semestre de 2023 lanzará su próximo disco solista, que será un álbum conceptual: «Espero lanzar a mediados de 2023 un gran proyecto conceptual basado en parte en una historia corta que aparece en mi libro” y agrega “Queda largo camino por recorrer todavía, pero estoy emocionado con ello por ver hacia dónde me está llevando la música, algo completamente diferente, con viejos colaboradores y también nuevos. Sigo comprometido con la idea de construir un estilo de trabajo donde cada álbum tenga personalidad propia y lugar único en el catálogo”.

El trabajo de Wilson también incluye la remasterización de álbumes clásicos de bandas como King Crimson, Gentle Giant, Jethro Tull, Tears For Fears, Black Sabbath, Rush, Yes, y más. Steven es inquieto, creativo, altamente productivo e imparable tanto en la composición como en la producción musical. No son pocos en la industria que lo califican como un genio.

Sus colegas no se quedan atrás en la actividad musical. Gavin Harrison por su parte se unió a King Crimson en el 2007, y de hecho lo tuvimos hace unos años en Chile con la primera presentación de la legendaria banda en Chile, en el Movistar Arena. También tiene multiples colaboraciones como “Remarkably Human” de Nick Johnston”Lighthouse” de Iamthemorning. En 2016 se unió a The Pineapple Thief (TPT) como baterista de sesión, y finalmente en 2018 se convirtió en integrante oficial de la agrupación.

Richard Barbieri en tanto, colaboró en el álbum Not The Weapon But The Hand de Steve Hogarth en 2012, desde entonces, tiene más de 8 discos solistas. Era esperable entonces, que con todos los proyectos activos, más sus trabajos personales y la cantidad de lanzamientos y giras, sus tiempos y dedicación a PT decaería a tal punto de detenerlo y esperar el momento adecuado para volver.

De hecho, el mismo Wilson cuenta en un extracto de una entrevista (disponible en su sitio web oficial), que este álbum tuvo su origen poco después del lanzamiento del tibio The incident en 2009: «“Harridan y algunas de las otras canciones nuevas han estado en reproducción desde poco después del lanzamiento de The Incident. Inicialmente vivían en un disco duro en un archivo de computadora de crecimiento lento marcado PT2012, luego renombrado PT2015, PT2018, etc. Hubo momentos en los que incluso nos olvidamos de que estaban allí, y momentos en los que nos regañaban para que los acabáramos para ver a dónde nos llevaban. Al escuchar las piezas terminadas, quedó claro que esto no era como ninguno de nuestros trabajos fuera de la banda: el ADN combinado de las personas detrás de la música significaba que estas pistas estaban formando lo que era innegable, inconfundible, obviamente, un disco de Porcupine Tree”

Ese ADN del que habla Steven Wilson es el que también reconoce Barbieri en otra entrevista concedida a Rockaxis: “Cuando nos juntamos, por alguna razón, hay una zona en la que surge un sonido que solo puede ser creado por Porcupine Tree. No estoy seguro de por qué pasa, pero podría ser porque yo por un lado, no tengo idea de teoría musical, mientras que Gavin comprende todo lo relacionado con ella, y Steven combina nuestras ideas con su forma de hacer canciones, sus conceptos, ideas y arreglos. Es extraño, creo que no podría funcionar de otra forma.”

Es un retorno tan inesperado como deseado. Algunos abandonamos la idea de verlos alguna vez en vivo, y a pesar de que hoy se presentan como un power trio, sin los enormes Colin Edwin ni John Wesley, es un regalo que nos emociona en muchas dimensiones: Disfrutar un nuevo lanzamiento, verlos girar, leer sus entrevistas de gira, seguir sus presentaciones antes de la de Chile (7 de Octubre de 2022, Movistar Arena), y por sobre todo, volver a ilusionarnos con que será un regreso duradero, con más lanzamientos y más giras, aunque Barbieri anticipa: “No lo sabemos (si volverán). Debería haber un signo de pregunta en el futuro de la banda. Hicimos este álbum en secreto, sin presiones, sin fecha límite, sin sello discográfico, sin haber firmado nada, lo que nos hizo sentir libres y nos ayudó a concretar este álbum. Así que no queremos decir ni prometer que vamos a hacer algo en los próximos 18 meses. No queremos poner esa presión en nosotros, ni esa expectativa para los demás. No queremos saber lo que pasará. Si es el último álbum, entonces estamos felices y orgullosos de lo que resultó ser. Podría haber cosas en el futuro, y no queremos cerrar esa puerta. Así que lo siento, pero no podemos responder esa pregunta por ahora.”

Espero que tras su larga gira, Steven Wilson, Richard Barbieri y Gavin Harrison se animen a reservan un poco de sus apretadas agendas a crear y componer juntos para que cada no tantos años, podamos disfrutan un nuevo lanzamiento y prepararnos para una próxima gira. Y por cierto, que para la próxima vez inviten a Colin Edwin y John Wesley. ¿Es siempre un buen momento para volver?, yo creo que no, para algunos ya fue su momento, para Porcupine Tree es perfecto, mágico, alucinante, inesperado y justo a tiempo.

Tras dos años de una pandemia que nos relegó a conciertos en streaming, vuelven en el momento exacto, justo cuando estamos ávidos de sentir la energía y la psicodelia de una banda perfecta frente a frente, inundándonos de euforia y emoción, esa emoción incontenible de ver como ocurre lo que no creías que ocurriría jamás. ¿Para que vuelve una banda de rock? ¡a quién le importa!. Porcupine Tree vuelve para hacernos jodidamente felices durante 2 horas con el más alucinante e increíble rock progresivo de las últimas décadas.

Cómo dijo Cerati en aquella entrevista, refiriendose al regreso de Sex Pistols: «Que viva Johnny Rotten, pero que diga la verdad”

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