Por Jorge Fernández.

Blanco y negro. Bien dicotómico y extravagante. Primer indicio de que la cosa no sería normal desde el principio de la trama. Y es que en realidad era mucha la sangre y el rojo a veces provoca un malestar inentendible entre la ordinaria sociedad que se jacta de entender el séptimo arte y tiembla cuando en la pantalla se ve lo que usualmente queda en la imaginación. Sesenta años han pasado desde que el británico Alfred Hitchcock decidió desmarcarse de las chapas habituales y provocar sinsabores en la imagen de unos ávidos espectadores que gozaban con sus películas.

Dos años antes, se dio un batacazo con Vértigo (Sí, la misma que ahora se considera una de las mejores películas de todos los tiempos) y un poco después, el argumento de North By Northwest le dio réditos para seguir con un éxito reencumbrado en los estudios de la prestigiosa Paramount Pictures. Psicosis entonces vino a ser algo así como la creación del genio en medio de la tempestad controlada. Las opciones eran seguir marcando el ritmo de un filme desesperado o innovar y esperar que la respuesta se entendiera en algún momento de la existencia mundana.

El guion nació de la lectura de un libro y la historia fue inspirada en la realidad. Así parte todo. Hitchcock no pudo borrar las lecturas previas, pero sí se encargó de comprar todas las ediciones de la novela y prohibió a los protagonistas dar entrevistas antes del estreno. Evidentemente, el objetivo era no revelar la trama antes del espectáculo y nosotros no seremos menos que ello. En estas líneas no hay sinopsis ni tentaciones que opaquen la sensación de un film bien recibido.

Paramount le cerró la puerta de inmediato. Había cosas que no se podían tolerar. No sólo el hecho de más de una actriz en rol estelar (no protagónico, que quede claro) ni esa sensación incómoda de un tímido Anthony Perkins, sino el hecho de mostrar demasiada violencia en una ducha sanguinolenta o que en alguna escena se mostrara por primera vez algo tan inusual como un excusado en acción tras tirar la cadena.

La película, tal como no se esperaba, fue un éxito rotundo. Las filas se extendían afuera de los cinematógrafos, teniendo en cuenta principalmente que no se podía entrar a la función luego de haberse iniciado. Otra imposición del maestro del suspenso.

Janet Leigh no aparece en el trailer. Fue Vera Miles, su hermana ficticia, la que la suplantó. Se dice incluso que la escena de la ducha no la grabó la también actriz de la maravillosa Touch of Evil de Orson Welles. La casa no es original, pues la idea está tomada del cuadro House by the Railroad de Edward Hopper. Las escenas violentas en que un arma blanca se adentra en un cuerpo humano en realidad se crearon a partir de un cuchillo traspasando un melón. Y, sin embargo, qué más da. Al parecer, estas curiosidades no hacen sino elevarla a la categoría de joya del cine de todos los tiempos.

Seis décadas han pasado desde el estreno y Psicosis sigue provocando admiración. Los ojos de un orate mirando a la cámara sin parpadear es producto de un terror sicológico que asusta y atrae de igual forma. Un grito desgarrador y un soundtrack sólo de cuerdas que se ha utilizado a destajo para provocar esa atmósfera espeluznante absorbida en el cuarto de un Motel Bates que se ha convertido en una locación icónica del séptimo arte, agregan sazón a esta incombustible pieza. Cuerdas se utilizaron para dar a conocer seres no tan cuerdos y esa paradoja es solo un pelo en la cola para remarcar que Psicosis es uno de los filmes más importante de todos los tiempos.

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