Por Jorge Fernández.

Hijos del nuevo milenio, Rise Against tiene su inicio cronológico en 1999, pero fue a partir de los años siguientes cuando comenzó su verdadero periplo por el mundo musical. Antes del cambio de folio mundial, de hecho, algunos integrantes variaron y ni siquiera el nombre los acompañaba aún. Transistor Revolt se hacían llamar por aquellos tiempos de paranoia hipocondriaca, el vocalista y frontman Tim Mcllrath y el bajista Joe Principe, ambos miembros fundadores que permanecen en la actualidad. Casi inmediatamente se sumó Brandon Barnes en batería. La consistencia para el puesto de guitarra fue más difícil, pues Zach Blair vino recién a incorporarse en 2007.

Los integrantes, aunque en distintos matices, tienen marcadas tendencias sociopolíticas y sensitivas. La mayoría está asociado a entidades como PETA y luchan constantemente por lo que ellos consideran justo, tanto a nivel de letras como siendo ellos mismos. Rise Against, nombre que parece incompleto, es justamente la oración para rellenar con una infinidad de palabras que pesan a la humanidad.

Vagando entre el hardcore punk y el hardcore melódico, con tintes de punk rock puro por momentos, los oriundos de Chicago han manifestado haber sido influenciados por bandas como Bad Religion, Minor Threat o Black Flag, entre otras. En esta nota, a modo de antesala para sus presentaciones en nuestro país por medio de Lollapalooza Chile 2023, hacemos un recorrido por la discografía de una banda que ya supera las dos décadas de existencia.

Sus dos primeros discos estuvieron a cargo de la productora independiente Fat Wreck Chords, con el mítico Fat Mike de Productor. El primero de ellos se llamó The Unraveling (2001) y es donde se da inicio, de manera paulatina, al éxito de la banda hasta el día de hoy. No hay sencillos que salieran a la luz y la crítica le dio una buena acogida, aunque no lo suficiente para catapultarlos hasta la cima. Dos años más tarde aparece Revolutions per Minute, disco que será el trampolín directo hacia su segunda etapa de vida y un final auspicioso para sus inicios. En este disco resaltan los sencillos “Heaven Knows” y “Like the Angel” además del cover oculto de Journey “Any Way you Want it” (más tarde incluido en el compilatorio Long Forgotten Songs: B-Sides & Covers 2000-2013.

Y de ahí el salto a las grandes ligas. Un contrato con Dreamworks Records, que posteriormente fue absorbida por Universal Music Group, hizo que la banda perteneciera a la exitosa Geffen Records, productora dependiente de esta última con un catálogo de categoría bajo el brazo como sello de garantía. Así, la segunda mitad de la primera década del milenio los tuvo en lo más alto con tres discos de alta categoría e impronta. El primer acto estuvo a cargo de Siren Song of the Counter Culture (2004). Por aquellos tiempos, el problema del guitarrista seguía viento en popa, Todd Mohney fue sustituido por Chris Chasse a poco de embarcarse en este nuevo viaje. El disco fue el primero en entrar en el prestigioso listado Billboard 200 gracias, principalmente, a su éxito “Swing Life Away”.

Dos años más tarde, tras un buen reinició, The Sufferer & the Witness pegó con más fuerza aún. Miles de copias vendidas y llegando a puestos de avanzada en los rankings. Aquí no solo destacan canciones como “Ready to Fall” y “Prayer of the Refugee” sino que, además, comienzan su ingreso a la industria del entretenimiento siendo telón de fondo para videojuegos como la WWE o Guitar Hero III.

Para coronar un lustro de gloria total, aparece Appeal to Reason (2008) que debutó en el puesto tres de los Billboard 200 y cimentó a un más su, ahora, estrepitoso andar. Del disco se extraen dos de sus sencillos más aplaudidos “Re-Education (Through Labor)” y “Savior”. Este disco marca, además el término del eterno divagar de guitarristas al ingresar de manera definitiva Zach Blair.

Su segunda década de vida no tiene parangón con la exitosísima primera. No obstante, la crítica y sus fanáticos coinciden en que han sabido nadar en las mismas corrientes en que se bañaban en sus inicios, sin sonar repetitivos ni moribundos. Tres discos aparecen en esta década, además de algunos recopilatorios y reinvenciones musicales. Endgame (2011) es el primero de ellos. El disco hace mención explícita a eventos y sucesos que podrían marcar el fin de la humanidad: El huracán Katrina o el bullado Deepwater Horizon son parte de sus letras. Su canción más reconocida es “Help in on the Way”, mientras que también destaca “Make it Stop (September´s Children)” canción abiertamente anti homofóbica haciendo alusión a los suicidios adolescentes de personas miembros de la comunidad LGTB.

The Black Market aparece en 2014. Ya con sus integrantes completamente afiatados, el álbum tuvo otro exitoso paso por el listado Billboard 200 igualando su mejor marca registrada. De aquí, destacan las canciones “I´Dont Want to Be Here Anymore” y “People Live Here”.

Lo último que se conoció de los estadounidenses la década pasada fue Wolves (2017) con una marcada entonación política (característica de sus atronadores letras), destacan las canciones “House on Fire” y “The Violence”.

Nowhere Generation (2021) es el noveno y último álbum de la banda, ramillete fresco de canciones para enfrentarse a este tortuoso inicio de década. En él se habla, principalmente de las desigualdades sociales, restregando en el piso la mentira de lo alguna vez conocido como sueño americano. De este disco destaca principalmente, su canción homónima.

Su cartel de favoritos para quienes gustan del sonido punk de décadas pasadas es indiscutible. Serán los máximos referentes, aparte de Blink 182, que participarán del magno evento de Lollapalooza Chile 2023. Los norteamericanos se presentarán el día viernes 17 de marzo. Sin embargo, no es sólo esa la buena noticia, pues el día anterior se estarán presentando en solitario y como parte de los sideshows del festival en el íntimo Teatro Coliseo.

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