Por Paulo Domic.

El año 1969 fue tremendo. Imagínense ahí, en un mundo donde Neil Armstrong ponía un pie en la luna. En un año en que la participación de EE.UU. en la guerra de Vietnam era inspiración y motivo de protesta entre jóvenes de todo el mundo. Los hippies, contracultura que tuvo su momento cúlmine en el Festival Woodstock, reuniendo a más de 500 mil personas bajo el lema “Tres Días de Paz y Música”. Sin duda, un momento de la historia que me hubiera encantado vivir.

Nací 8 años después de Woodstock, llegué tarde. Y recuerdo cuando comencé a escuchar rock, hace largos 30 años atrás. Desde mis inicios rockeros siempre me sentí más cercano a los sonidos más antiguos que los contemporáneos, así que ese revuelo por los cuartos de siglo me cayó perfecto.

Cuando caían en mis manos las versiones “25th Anniversary” de los discos de The Doors, Deep Purple, Led Zeppelin y Black Sabbath, esa cifra, esas dos décadas y media, para mi mente adolescente parecían un salto a la prehistoria. Y la verdad, es que el mundo de 1969 era muy distinto al de 1994. El salto tecnológico y el avance musical fue gigante y eso se notaba en la diferencia de sonidos de los primeros discos de hard rock con los de Nirvana, Pearl Jam, Red Hot Chili Peppers, Soundgarden, etc.

Hoy, ya son cinco las décadas que han pasado desde 1969 y, por lo tanto, comienzan las bodas de oro de muchos de los momentos clave que ocurrieron ese año. Y la perspectiva para mí en lo musical, al contrario de la sensación de prehistoria de antaño, es de asombro ante la cantidad de discos que hasta ahora siguen estando vigentes e inspirando a nuevas generaciones.

Uno de ellos, un coloso del ‘69, es el que aquí nos convoca. Abbey Road de los británicos The Beatles. el undécimo disco de la banda, el último que harían juntos. La tensión interna ya había llegado al límite y el fin era irreversible. Tanto así, que el 30 de enero de ese año, ese show inmortal en la azotea de Apple Corps (nada que ver con los iPhone), terminó siendo la última aparición pública de los Fab Four.

Pasaron 9 meses desde ese momento hasta el 26 de septiembre, fecha de lanzamiento de Abbey Road. Un disco de una banda tan, pero tan inmensamente grande, que se daba el lujo de presentarlo al mundo con una portada sin ningún título o referencia tipográfica. Sólo una foto donde los cuatro célebres transeúntes cruzan el hoy famoso paso de cebra y que terminó convirtiéndose en un ícono de la cultura popular hasta hoy. Si fuiste a Londres y no te tomaste la foto cruzando ahí, no fuiste a Londres.

En su momento, la crítica tuvo opiniones divididas sobre la producción, pero la perspectiva del tiempo le ha dado a esta obra el lugar que merece no sólo dentro del catálogo de la banda, sino dentro del universo musical. Uno de los mejores discos de la música popular de todos los tiempos.

En lo cuantitativo, estuvo a la cabeza del Billboard por 3 meses. Vendió más de 12 millones de copias en todo el mundo y sigue siendo uno de los vinilos que más se venden hoy. No es difícil entender, si le damos un vistazo a las canciones que nos ofrece el Abbey Road:

Cara A
Come Together
Something

Maxwell’s Silver Hammer
Oh! Darling
Octopus’s Garden
I Want You (She’s So Heavy)

Cara B
Here Comes The Sun
Because
You Never Give Me Your Money
Sun King
Mean Mr. Mustard
Polythene Pam
She Came In Through the Bathroom Window
Golden Slumbers
Carry That Weight
The End
Her Majesty

Destaco en “negritas” las 4 canciones más clásicas que dejó este disco, y que son himnos indiscutidos de la música popular. En el contexto de la difusión musical por streaming, “Here Comes the Sun” es, y por varios cuerpos, la más popular de la banda con más de 330 millones de reproducciones. Una genialidad que George Harrison sacó de la manga.

En lo cualitativo, y aquí no hay datos duros, sino mi opinión, estoy muy de acuerdo en que es uno de los más grandes discos jamás grabados. Y lo afirmo con la tranquilidad de no ser un beatlemaníaco. Pero es que es realmente difícil encontrar en 1969 un disco que tenga tanta variedad. Es un viaje musical que te lleva por el pop, el blues, el rock progresivo y experimentos vocales casi líricos. Y todo esto, logrando meter cuatro canciones en el legado universal. El pináculo musical, la perfección de las distintas interpretaciones vocales de acuerdo al espíritu de cada canción, las armonías, el sonido, todo calza perfectamente y permite eso que no muchos álbumes consiguen: ser escuchados de principio a fin. Hasta cuesta pensar que son los mismos chicos que 6 años antes estaban cantando “Please Please Me”.

Paradójicamente, tal vez su mejor disco se gestó durante un período turbulento de la relación entre McCartney, Lennon, Harrison y Starr. Sin embargo, el profesionalismo de la banda, y la dirección magistral del productor George Martin, le entregaron al universo una pieza fundamental que probablemente en 50 años más seguirá siendo valorada. Una muestra de que la música es un lenguaje que puede hablarse con fluidez, incluso en fracturas de comunicación verbal. Puede lograr una compenetración, independiente del estado anímico entre sus interlocutores.

Abbey Road, en síntesis, es una joya que todo aquel que guste de la música y del rock debe escuchar. Un dorado epitafio musical, que dejó la historia de la banda en lo más alto de la azotea de Apolo.

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