Anita Tijoux en Teatro Caupolicán: Mudando de piel
8 de junio 2019.

Por Jaime Farfán.
Fotografías por Javier Martínez.

Una celebración colectiva y una postal de despedida. Todo eso y mucho más prometía ser la presentación de la cantante nacional Ana Tijoux, quien durante la noche de ayer en el Teatro Caupolicán repasó sus 22 años de trabajo. En una retrospectiva que incluyó sus primeros pasos junto al grupo hip-hop Makiza, su carrera solista y una de sus últimas aventuras con Roja y Negro, fue un espectáculo repleto de cariño e invitados especiales.

No son veinte, no son treinta. Sin ser una cifra redonda el concierto fue una fiesta de aniversario, una invitación a brindar por el pasado y cerrar un ciclo. Es que la artista, tal como recita en los versos del tema que la hizo conocida por los noventa, es hija de la rosa de los vientos. Después de este show, Tijoux regresará su Francia natal, para establecerse ahí por tiempo indefinido. No es abandonar Chile, ha manifestado en distintas entrevistas. La motivación es el desafío artístico y la búsqueda de nuevos horizontes.

Con tal invitación fanáticos de todo el país se encargaron de repletar el recinto de San Diego. En un respetuoso ambiente, incluyendo todas las edades, se reunieron los seguidores de la irreverente rapera nacional. El precalentamiento vino de parte del proyecto transmedia de Los reyes del parque, subiendo el freestyle capitalino al Caupolicán junto a la ácida lírica de Cromantis, Cata Gutiérrez KMC y Ámbar. La aguerrida presentación de las chicas prendió en segundos a los presentes, en una prometedora muestra de lo que será un documental, que relatará el progreso de estos jóvenes MC desde la plaza al escenario. Luego fue el turno de los representantes de San Joaquín, la banda de hip hop La Habitación del Pánico, quienes lucieron sus letras y filosos scratch ante el bullicioso público expectante a lo que venía a continuación.

Cerca de las 21:20 hrs, el actor y folclorista chileno, Daniel Muñoz, sube al escenario copa de vino en mano. Hace los honores de abrir la noche con una décima donde expresa su admiración hacia la artista. “En el año 1977/el destino se entremete/para dejarnos contentos/y estremece los cimientos/con la fuerza de un alud/y la magia de su luz/poeta, madre, cantora/amiga y compositora/la gran Anita Tijoux.”

Subiendo a 10 músicos sobre el escenario, incluyendo bronces, violín y vientos, la sencilla figura de Tijoux es recibida con una aclamación absoluta. Desde que abre con “Emilia”, tema dedicado a su hija, el talento de la estrella brilla al centro, parada en medio de visuales espaciales, sacadas de un planetario. Es que las construcciones sonoras de Anita no están exentas de complejidad, en una exploración musical que solo se ha profundizado en 22 años de carrera. Y, apoyada por todos los instrumentos que subieron ayer al Caupolicán, aquellas dimensiones alcanzan su máximo esplendor. Los versos de “Mi verdad” disfrutaron de la armonía que los dos saxofones tejían serpenteando alrededor de la MC, mientras que cortes más lentos, como “Oro negro” y “Pestañas de Luz”, se nutren del apoyo de las cuerdas y la flauta, en una delicada configuración que arranca las primeras emociones de los corazones presentes.

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Como digna noche de celebración, los invitados de honor no podían faltar, especialmente en una ocasión dedicada a una artista con tantas colaboraciones dentro de su carpeta. El primero en subir fue Hordatoj, donde los años de amistad y química salieron a relucir en “A veces”, y luego en los sabrosos beats de “Sube”. Otra esperada sorpresa fue la rendición de “Arriba quemando el sol”, una de las perlas ocultas de las presentaciones de Tijoux, junto a un recuperado Álvaro Henríquez e Ismael Oddó, de Quilapayún. “Hay mucha gente que ha recorrido mi vida”, dice Ana, mientras se empapa del cariño que la rodea.

Es que Anita es de la casa, y a medida avanza el show, nos va abriendo una ventana hacia su vida, con su sinceridad característica y una cercanía que se siente sobre el escenario. No solo están los viejos colaboradores y los músicos, y una masa de seguidores que llenó el teatro hasta arriba, sino que también los fragmentos más importantes de su intimidad, su familia. “Calaveritas”, junto a su madre María Emilia Tijoux, fue una emocionante celebración dedicada a los invitados invisibles de la fiesta. El público no demoró en unirse al canto.

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De cierta manera, mirar a Ana Tijoux en vivo ayer, fue como observar un resumen de la historia de nuestro país en las últimas décadas. Ya sea entonando “Luchín” junto a su densa catarsis, o levantando la voz y poniendo el dedo en la llaga, la letrista nacional ha formado parte de la contingencia local desde sus primeros versos. Banda sonora de los años de protesta estudiantil, y protagonista clave en manifestaciones sociales, especialmente dentro del movimiento feminista, para Tijoux el rap y la justicia social no son conceptos separados. Por eso, en los interludios brindó tribuna a Mario Aguilar, el presidente del Colegio de Profesores, en contexto del paro docente, y también a los estudiantes secundarios, mediante los representantes de la ACES. La educación chilena está en peligro nuevamente, es el mensaje, mientras las ominosas primeras notas de “Shock” tensionan el ambiente. La invitación es a seguir luchando, cuando el coro del poderoso single del 2011 resuena en las gargantas. A su vez, “La bala” hace honor a su nombre en una versión infartante, donde el cuarteto de bronce y los bombos de Carlitos Cortés cortaron el aire de un disparo.

Todas las facetas de Anita salieron a brillar ayer, finalizando el primer set con “Misterio”, uno de sus últimos temas escritos para Roja y Negro, proyecto donde se acerca al cancionero romántico. También sus años en Makiza se hicieron presentes con “Un día cualquiera”, una conquistadora “En Paro” y el ya clásico verso de “La rosa de los vientos” que fue recitado silaba por silaba por los fanáticos. La sorpresa final vino en el encore cuando “Los más buscados” se vuelven a reunir para acompañar a la MC nacional en un cierre por todo lo alto, que se robó el aliento del llenísimo Caupolicán. La sólida batería de Andrés Celis marcó el ritmo de “Creo en ti”, mientras que Miguel Barriga y el talentoso Pera Prezz reforzaron las épicas bases de “Antipatriarca”, himno que sonó absoluto y deslumbrante.

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La hija del año de la serpiente muda de piel y emprenderá el vuelo hacia nuevos horizontes, no sin antes reafirmar un legado que ya está incrustado, en nuestra memoria y en nuestro pueblo. Finalizando con el profundo canto reivindicador de “Somos Sur”, donde puños y banderas de lucha se levantan con convicción por última vez, los fanáticos chilenos despiden a su más grande MC. Ana Tijoux, internacionalista de profesión, guarda todo el amor y sale a recorrer nuevamente los caminos, en búsqueda de la letra y de ese esquivo concepto que anoche colgó en su cuello. “Libertad”.

Setlist:
Emilia
Oro Negro
Mi verdad
Vengo
A veces (con Hordatoj)
Pestañas de luz
Sacar la voz
Calaveritas (con María E. Tijoux)
Arriba quemando el sol (con Álvaro Henríquez y Ismael Oddó)
Luchín
Gol
Un día cualquiera
Partir de cero
La bala
Sube (con Hordatoj)
Shock
1977
En paro
Las cosas por su nombre
Misterio

Encore:
Creo en ti (junto a Pera Prezz, Miguel Barriga y Andrés Celis)
Antipatriarca (junto a Pera Prezz, Miguel Barriga y Andrés Celis)
Somos sur (junto a Pera Prezz, Miguel Barriga y Andrés Celis)

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