Por Carlos Barahona.

Hace años se viene hablando que el punk está muerto y que las sonoridades han desviado su camino hacia otras formas y expresiones. En el documental “Don’t go gente: A film about Idles” (Mark Archer, 2020) la premisa que hay en el trasfondo del relato plantea un cuestionamiento a esa aseveración: si bien en las décadas que han sucedido al apogeo que tuvo el punk en los años setenta ya no causa el mismo revuelo, el contexto sigue siendo el mismo en la Inglaterra actual.

Las desigualdades sociales reflejan actitudes patriarcales, xenófobas, clasistas, sumado a un sistema político que sigue sin entregar esa promesa de bienestar y estabilidad ciudadana. Y Idles, banda que nace en la pequeña ciudad de Bristol, es un manifiesto andante de estas situaciones, las que se registran en el documental, el cual es un viaje que se relata en dos relatos.

El primero es el relato musical, en el que se da cuenta todo lo que tiene que ver con el nacimiento del grupo , conformado inicialmente por Joe Talbot en voz, Mark Bowen y Andy Stewart en guitarras, Adam “Dev” Devonshire en bajo y Jon Beavis en batería, en la escena musical de su ciudad, considerada en palabras de sus propios integrantes como “una ciudad que es en si misma una celebración de las individualidades que les permite ser ellos mismos”, por lo que la exploración musical plasma emociones viscerales, las que se cuentan a partir de la creación del primer ep de la banda (Meat), sus primeros dos discos (Brutalism y Joy as an act of resistance) y la consolidación en nivel mundial, capitalizada en su concierto en el mítico festival de Glastonbury del año 2019.

Y el segundo relato, muestra lo que hace de Idles una propuesta que hace que siga sumando seguidores por todos los lados donde andan: sus letras reflejan vulnerabilidad y emociones que hacen tambalear la existencia en los tiempos agitados en los que existimos. Exceso de productividad, necesidad de rendir, sentirte útil y un aporte a la sociedad… ¿pero qué pasa cuando no puedes? ¿cuándo la vida nos agobia? ¿cuándo perdemos seres queridos? ¿cómo y de qué nos aferramos?

Aquí es cuando aparece la narrativa más íntima de la banda, que se muestra en el film a partir de diversos momentos álgidos como la renuncia de Andy Stewart a la banda por ya no poder seguir el ritmo y sufrir constantes crisis de ansiedad y de pánico, el ingreso de Lee Kiernan y los cruces de personalidades tan diversas, procesos de duelo ante la muerte de seres queridos – en pleno apogeo de la banda mueren la madres de Mark, el bajista y de Joe, vocalista, quien además pierde a su hija– y como esto al plasmarse en canciones, como la potente “Mother”, fue generando un nexo tan potente y empático con seguidores de la banda, que incluso aparecen en el documental contando como se ha creado una comunidad de apoyo y soporte frente a diferentes situaciones de lo cotidiano, la AF Gang.

En síntesis, el documental es una alegoría al ser comunidad en tiempos difíciles, y como el descontento frente a lo cotidiano se puede transformar en un propósito de esperanza, compañía y sobretodo, amor.

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