Ensayo sobre una familia de provincia: Construcción de identidad e ingenio
Matucana 100. Teatro principal. 23 de enero de 2017.

Por Jorge Fernández
Fotografías por Victor Santibañez

La realidad siempre será el motor que intervendrá en lo más profundo de la ficción. En cada obra nos encontraremos con retazos de una certeza que, si bien puede cansar, nos mantiene en el eterno transitar de la abstinencia al tedio, a la vergüenza y, si somos afortunados, a la esperanza. Uno de los puntos más influyentes se da cuando de los parlamentos sale vida, costumbres e identidad, pues estos son los encargados de hacer que los espectadores formen parte de algo que en el momento también les pertenece.

A partir de esta premisa surge el conflicto de “Ensayo sobre una familia de provincia”, obra que está siendo representada en el festival de teatro Santiago Off. La primera impresión como público es estar en la sala equivocada, viendo la obra que no te corresponde, pues son varios los minutos en que lo que está en escena es “Ánimas del día claro” de Alejandro Sieveking. El detalle no menor es que estamos en presencia de una representación dentro de la representación misma. Los personajes son un grupo de actores, pertenecientes a la ciudad de Talca que, de un momento a otro, deciden terminar con la vacuidad en que se encuentran al no sentirse parte del conflicto que este clásico nacional les otorga. En concilio, resuelven crear una obra costumbrista donde los problemas que se muestren sean contingentes y típicos del lugar en el que han vivido toda su vida. Ya no serán fantasmas, que buscan en la tierra cumplir sus últimos deseos para descansar en paz, sino una familia con dramas latentes en una sociedad que parece bombardearlos de pesares. Un padre que ha quedado cesante, una madre con un dolor inexorable y tres hijas con personalidades totalmente distintas conforman esta familia posicionada explícitamente en una intersección de reconocidas calles talquinas.

“Ensayo sobre una familia de provincia”, nació a través de la mano experta de uno de los más importantes dramaturgos nacionales de hoy por hoy, Luis Barrales, quien esta vez, también se hace cargo de la dirección del montaje. Barrales se ha caracterizado por trabajos anteriores en donde el foco central es la crítica y concientización social del espacio en que convivimos a diario pero que, sin embargo, para algunos sigue siendo ajeno. La presente obra se mantiene estoica frente a estos principios. El despido de un hombre que ha dado su vida por su trabajo de años, las necesidades de una joven que debe ayudar a sustentar económicamente su hogar, la simple inclusión de una pequeña niña cuyas preguntas, profundas dentro de su ingenuidad, rebotan en oídos sordos intencionados para no despertarla de la inocencia en la que aún vive o la soberbia de una adolescente que cree ser dueña del mundo para terminar siendo devorada siniestramente por él, son parte del desarrollo del conflicto que despiertan una empatía generalizada entre quienes tenemos la dicha de estar presentes.

Otro de los puntos altos que tiene la obra, es la inclusión de técnicas contemporáneas e ingeniosas para dar a conocer la historia: muñecos que toman vida en las manos de los mismos actores. Maquetas que dibujan con maestría una gran cantidad de cuadros donde ocurren las acciones y una cámara que proyecta permanentemente lo que las marionetas y los personajes van realizando, dan cuenta de un trabajo profesional en manos de un grupo de personas, que se conformó a través de un taller de teatro para actores maulinos dirigidos y guiados por Barrales.

Por último, y para refrendar lo dicho en un principio sobre el potente juego de ver una obra como espejo de una identidad que se logre proyectar con eficacia, hay que recalcar que la historia fue hecha a retazos y por medio de aportes de todos quienes la conformaban. Situaciones cercanas y muchas veces reales como el caso de un homicidio en el puente La Colchona en el año 1989 que se incluye en la obra. Todo culmina con un crudo relato de injusticia social, en donde, a partir de un monólogo, recreamos en nuestra mente lo que ni siquiera uno se debiese imaginar. Este último parlamento es dicho poéticamente a través de un recurso literario llamado versos de cabo roto, donde los versos terminan con palabras cortadas pero que de igual modo se entienden. Es uno quien tiene que completar el puzle, es uno quien debe juntar las piezas disueltas en el frío sitial del crimen perpetuado.

“Ensayo sobre una familia de provincia” es una obra que hay que ver y admirar, ya que no sólo funciona como un reflejo social en su interioridad sino que, además, nos da cátedra al ser un texto regional que se viene a presentar en Santiago ampliando así, el foco de construcción y evitando el centralismo cultural al cual estamos tan acostumbrados.

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