Por Jorge Fernández.

En el mundo del Rock, hay bandas para todos los gustos. Y esta premisa no solo va mediada por la diversidad de estilos, sino más bien por la recepción de los fanáticos y, más allá de ello, del público en general. Ese mismo público que goza de la buena música simplemente porque lo es.

Si tuviésemos que ejemplificar lo anterior, buscando una banda que fuese idolatrada y querida por un gran grueso de personas, sin duda nuestra balanza se inclinaría, entre otras, por los míticos Iron Maiden y la relación exorbitante y poderosa que tienen con su fanaticada nacional.

Porque el Estadio Nacional completo no es suficiente y por eso se requería una nueva fecha en Movistar Arena y porque, aunque se repita la dosis año tras año, los imponderables de siempre seguirán moviendo sus cabelleras empobrecidas como lo hacían antaño.

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La pregunta entonces es ¿De dónde viene este fanatismo? ¿Qué hace de Dickinson y compañía sinónimo de admiración exacerbada? En este texto tal vez no encuentres respuestas, pero sí una buena dosis de lo que ha sido la historia de esta tremenda banda británica de Heavy Metal fundada hace más de 40 años atrás.

1975 es la fecha donde inicia todo y Steve Harris es el tipo que comanda la partida. El bajista es uno de los seis integrantes que conforman Iron Maiden donde sobresalen, además, las figuras de Dave Murray en guitarra y del bueno de Bruce Dickinson al frente de la banda.

Un disco homónimo fue su carta de presentación y de ahí en más solo cosecharon éxitos. Cinco años tuvieron que pasar eso sí para que saliera a la luz y los resultados fueron bastante favorables. De esta primera placa, donde el vocalista aún era Paul Di´Anno destaca la canción que también lleva el mismo nombre, además de “Prowler” y “Phantom of the Opera”, entre otras.

Killers (1981) fue el segundo disco también comandado por la voz de Di´Anno en el cual se encuentran baluartes musicales de la talla de “Wratchild”, “The Ides of March” y “Murders in the Rue Morgue” inspirada esta última en el clásico escrito de Edgar Allan Poe.

Bruce Dickinson reemplaza a Paul Di´Anno para ser parte de quizás uno de los discos más importantes de los británicos. Corría 1982 cuando sale a la luz The Number of the Beast, el que catapulta sin escalas al éxito mundial. De aquí se desprenden tremendas canciones infaltables en sus espectáculos entre las que destacan sin lugar a dudas “Hallowed Be Thy Name” “Run to the Hills” y la homónima “The Number of the Beast”.

Los ochenta continuaron encumbrando el camino de Iron Maiden, tanto así que los discos que sucedieron al tremendo The Number of the Beast, le hacen la pelea de tú a tú a la placa e incluso le ganan la partida. Piece of Mind (1983) y Powerslave (1984) tienen una estupenda recepción mundial, alcanzando notoriedad en todos los rincones del planeta. Del primero destacan canciones como “Were Eagles Dare”, “The Trooper”, “Revelations” y “Fligth of Icarus” mientras que en Powerslave nos encontramos con el grueso calibre comandado por “2 Minutes to Mignight” y secundado por canciones como “Rime of the Ancient Mariner” y la tremenda “Aces Hight”.

Tres discos de gran factura aseguraban su carrera hasta el infinito, sin embargo, Iron Maiden no era solo eso. Espectáculos portentosos y atrapantes, lo que los llevó a ser considerados como uno de las mejores bandas en vivo de Heavy Metal, y esto sumado al carisma de Dickinson y compañía, quienes suelen dejar una estela de cariño en el público y toda la pasión por la música sobre el escenario son cartas de garantía para ver y disfrutar sus presentaciones.

Los últimos discos de los ochenta fueron considerados más bien de porfía, pues mientras el Heavy Metal inclinaba su balanza a todo el estilo imperante del glam de aquellos años, Iron Maiden no cuajó con esa religión y de modo persistente continuó con sus raíces. Sintetizadores y sonidos más futuristas fueron la tónica en el primero de ellos, sin embargo, estos nuevos artilugios fueron considerados piedra angular para la renovación de lo que sería el Heavy Metal de manera posterior. Somewhere in Time (1986) y Seventh Son of a Seventh Son (1988) fueron aquellos mencionados y en ellos destacan canciones como “Wasted Years”. “Stranger in a Stranger Land”, “The Evil That Men Do” y la archiconocida “Can I Play with Madness” cuyo videoclip estuvo comandado por el director de cine Terry Gilliam.

Si los 80 marcaron a fuego a Iron Maiden la década que le seguía fue su contraparte. Los 90 comenzaron con la salida del guitarrista Adrian Smith de la banda y continuarían con una serie de tropiezos entre los que destacó la primera presentación frustrada de la banda en nuestro país, la que no se pudo realizar porque fueron censurados por autoridades encubiertas que mermaron su debut. Pero el punto de mayor relevancia fue la salida de Bruce Dickinson en 1993 para recién regresar de forma inesperada un año antes de que comenzara el nuevo milenio.

No todo fue tragedia eso sí. Los discos siguieron saliendo, y aunque no tuvieron la misma acogida que los de su época de mayor éxito, igual hay sencillos que se pueden destacar y que aparecen en sus espectáculos de manera continua.

No Praying for the Dying (1990) y Fear of the Dark (1992) estuvieron aún bajo la batuta de Dickinson y en ellos encontramos canciones como “Bring you Daughter… to the Slaugther”, “Holy Smoke”, “Wasting Love” y “Fear of the Dark”.

La etapa sin Dickinson, tuvo como vocalista a un siempre criticado Blaze Bayley, y era que no, si las canciones de Maiden estaban moldeadas para la voz de Bruce, lo que perjudicaba enormemente las aspiraciones de Bayley. De este periodo nacen los discos The X Factor (1995) Y Virtual XI (1998) donde destacan canciones como “Sign of the Cross”, “Man of the Edge”, “Futureal” y “The Clansman”.

Casi con cambio de folio y con unas ganas increíbles de reunirse nuevamente, Bruce Dickinson y Steve Harris sellan con un abrazo el reencuentro y el inicio de una nueva era para Maiden. Smith también regresa. El milenio está ad portas y la banda no se quiere dormir en los laureles ochenteros. Es así como en la nueva década siguen componiendo música y sacan los discos Brave New World (2000), Dance of Death (2003) y A Matter of Life and Death (2006) desde donde podemos extraer canciones como “The Wicker Man”, “Out of the Silent Planet”, “Rainmarker” y “For the Greater Good of God”.

The Final Frontier (2010) y The Book of Souls (2015) ha sido lo último que ha realizado Iron Maiden en términos de estudio y aunque se les ha valorado profundamente el hecho de seguir componiendo, es cierto también que estos trabajos no les llegan ni por cerca a lo hecho en su época de máximo revuelo. De hecho, ninguna de las canciones incluidas en estos discos ha sido escuchada en la última gira que está haciendo la banda y que es precisamente la que los trae de vuelta a nuestro país. No obstante, ese no es motivo para no mencionar canciones de la talla de “The Final Frontier”, “El Dorado”, “Speed of Light” o “Empire of the Clouds” que destacan en estas placas.

Ya no queda nada para ver a Iron Maiden en nuestro país y por partida doble, pues son dos las fechas a falta de una. Sin lugar a dudas su llegada se espera con ansias y estaremos con los brazos abiertos esperando a la Dama de Hierro o al siniestro y, a su vez benévolo, Eddie the Head.

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