Juana Molina en Chile: Una clase de cómo romper las reglas
Teatro San Ginés, 13 de agosto 2017.

Por Omar Saldias.

Ayer en el contexto de Red Bull Music Academy Session, Juana Molina se presentó en un show en solitario en el Teatro San Ginés. Antes de las nueve de la noche ya se podía ver una insólita fila que rompía un extrañamente tranquilo barrio Bellavista. El show partió pasadas las diez, una larga espera para un público que no dejó butaca vacía y que cuando comenzó a sonar “Cosoco” se acomodó en sus asientos para sumergirse en el hechizo que propone la trasandina.

En una charla que pudo dar anteriormente, habló con las siguientes palabras sobre su proceso creativo, “Se que voy por buen camino creativo cuando se me nubla el pensamiento, la intención y el juicio. Sólo está el hacer. No existe consciencia, dejo que las cosas pasen, me dejo llevar y entro en el túnel”

Es interesante pensar que los más de veinte años de creación de Juana desembocan en algo, un camino, un paisaje donde la rueda no se mueve en falso, donde es el paisaje el que cambia, muta y se conceptualiza. Ayer en la noche pudimos vivir su último disco Halo de este mismo año, materializado en algo más que música, en ese intangible llamado Arte.

Es cierto, para escuchar o, más bien, para entrar en la propuesta de Juana Molina se requiere algo más que atención, hay que salir de la grilla, no predisponerse y sentir.

“Cara de Espejo” canción con la que continuó su show ayudó a entrar en este trance. La percusión y la distorsión de su voz se volvió hipnótica. Juana y sus músicos demostraron maestría en transiciones inauditas y sorpresivas, poniendo como primera capa lo orgánico, aparentemente improvisado, pero que, si miras más de cerca, son melodías meticulosas, construidas con libertad. Como “Paraguaya”, tema con el que abre Halo y que cuenta con uno de los videos más surrealistas que he visto en mucho tiempo. La noche continuó con su single del 2013 “Eras” para continuar con «Lo Decidí Yo» de su álbum WED 21, tema donde sedujo al público con sus lúdicos cambios de ritmo y sus preguntas que rayan en lo metafísico, reafirmando la postura rupturista de Juana, donde los sonidos aparecen sin previo aviso y el tiempo se diluye o se extiende en una atmósfera elástica.

Cuando empezó a sonar el piano de “Un Día” Juana Molina se iluminó y su voz caló hondo en todos los que queríamos vivir ese hermoso himno a la libertad en vivo:

«Un día voy a ser otra distinta,
voy a hacer cosas que no hice jamás.
No va a importarme lo que otros me digan
ni va a importarme si resultará»
.

También pudimos escuchar «Sin Guía No» tema en el que Juana nos regala a su manera una ofrenda a los rituales y mitología Selknam.

Juana Molina nos vino a mostrar una obra de arte, no fueron necesarios varios puntos de vista para dejarnos llevar por su encanto, por su libertad a la hora de crear y por el gran logro de transmitir sus sentimientos tal y como salen de su ser.

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