Lollapalooza Chile 2019, día 3: tenemos buena música para rato
31 de marzo 2019.

Por Jorge Fernández.
Fotografías por Francisco Aguilar A. / Lotus Producciones.

31 de marzo y no sólo se da término a un mes cargado de conciertos individuales por la capital, sino además se pone punto final al festival de música más importante en nuestro país. No existió cansancio en aquellos que vinieron por la última jornada consecutiva de larga duración. Esa que se dibujó como el broche de oro de un espectáculo de magna producción.

Son tres los días que reúnen a una multitud ecléctica de personas dispuestas a dejarlo todo en los diferentes escenarios que alberga el emblemático Parque O´Higgins. El outfit, las caras pintadas con brillos exuberantes y la catarsis contundente al escuchar sonidos que no necesariamente son conocidos por todos. Cada quien baila a su ritmo, desde los que sacan el pañuelo para zapatear con Torye Sivan hasta quienes desnudan su temeridad ante sonidos rimbombantes como St. Vincent. Y es que esta surreal invención no resulta tan extraña para un contexto donde la diversidad es un común denominador.

Todo comenzó con una presentación sólida de los porteños Adelaida quienes, pese a la reducida cantidad de personas que había llegado temprano, gozaron con el privilegio de ser los únicos sobre un escenario durante gran parte de su show. Siguiendo por el camino nacional, al poco rato le tocó el turno a Fiskales Ad-Hok banda precursora del sonido punk de nuestro país. Álvaro España y compañía no pasaron desapercibidos. Todo lo contrario de hecho, pues a la vez que proclamaban consignas en apoyo del pueblo mapuche, tuvieron la osadía de cruzar armas blancas en el rostro de varios políticos de la derecha. No literal, claro está, sino como material audiovisual mientras interpretaban “Mi Cadáver”.

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Vtr Stage se llamaba el escenario donde además sonaron clásicos como “No estar Aquí” y “Eugenia”. Mismo lugar donde un rato después se presentó Gepe, artista nacional que mezcla el sonido pop con una gama variada del folklor latinoamericano. Una gran puesta en escena y cueca incluida se unieron al virtuosismo del sanmiguelino quien deleito con temas como “Hablar de ti” y “Fruta y té”. La interpretación de “Un amor violento” de Los Tres y “Cacharpaya”, de la gran Margot Loyola también fueron puntos altos en su presentación, la que solo se vio mermada por algunos contratiempos en el sonido, pero que sin embargo no fueron excusa para celebrar.

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En el intertanto, los otros escenarios también estaban llenos de vida. De hecho, justo antes de la presentación de Gepe, se cruzó el primer contratiempo musical: con pocos minutos de diferencia, tocaban en simultáneo dos agrupaciones latinoamericanas de rock que debían ser vistas. Mientras en el Acer Stage se presentaban los venezolanos Caramelos de Cianuro, en Banco de Chile Stage asomaba su nariz armónica La Vela Puerca, agrupación uruguaya de gran talento.

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Varias banderas de Venezuela flamearon en la presentación de Caramelos, y es que los oriundos de tierras petroleras se hacen notar cuando una de sus bandas más queridas viene a visitar Chile. La Vela Puerca por su lado, aprovechó cada minuto y nos entregó su arsenal de buenas canciones entre las que destacan “El viejo”, “Va a escampar” y la tremenda “Zafar”.

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Pero dejemos un poquito de lado el rock. O no tanto en realidad. Porque también hubo espectáculos de fusión de estilos y presentaciones diversas. El colombiano Juanes es un ejemplo. En un momento se pensaba tal vez que su sonido más melódico no calzaba en el Line Up del evento, sin embargo, fue uno de los artistas que mayor número de fanáticos tuvo. Así, veíamos a quizás cuanto escéptico gritar a todo pulmón “A Dios le pido” o aquellos nostálgicos que vieron aparecer al mítico Charly Alberti de Soda Stereo para acompañarlo en la interpretación de “Cuando Pase el temblor”. Otro de los espectáculos que dejó un sabor dulce fue la presentación de Sinergia en Kidzapalooza. Copa Gamer se llevó a cabo entre un gran marco de público para el que Don Rorro y compañía desplegaron todo su talento.

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Dos números importantes que también formaron parte de la jornada fueron Rosalía y St. Vincent quienes no sólo realizaron sus presentaciones en el Acer Stage sino que tienen la grata particularidad de tener como protagonistas esenciales a mujeres. Aunque sonidos muy distintos la una de la otra, lo cierto es que ambas pudieron haber estado desplegando su arte en un escenario mayor si se quería, pues el cariño que siente el público por ellas es inconmensurable y así se los hicieron notar durante todo el show. Desde este mismo punto es necesario mencionar a nuestra mayor representante nacional de la jornada, Anita Tijoux, quien acompañada de diversos sonidos de viento hizo un show impecable de principio a fin.

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De ahí en más, solo platos fuertes hasta el final. Más masificados, tal vez. Vale la pena subrayar porque en un evento como Lollapalooza todos se hacen fuertes, teniendo un público ameno que lo único que quiere es pasarlo bien y escuchar buena música. La banda británica Foals fue la primera en aparecer y no defraudaron ni un segundo. ¿Su mayor gracia? El día anterior se presentaron en Lollapalooza Argentina y el show varió en cantidad de canciones y estructura. La calidad se mantuvo y emblemas como “My Number” y “Mountain at my Gates” no faltaron, sin embargo, fue diferente y esa descompensación se agradece.

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Desde la misma región del mundo llegó nuevamente The 1975 banda comandada por su talentoso y extrovertido frontman Matthew Healy, quien enamora al público de manera certera. Mucho éxito y buen espectáculo para disfrutar (véase nota The 1975).

Y el final se aproxima a pasos agigantados. Los escenarios aledaños comienzan a reducirse progresivamente y las largas y permanentes filas para entrar al Movistar Arena ya no son tan extensas. Dentro de este último, la gente se mueve al compás de sonidos electrónicos, estridentes y dispares. La fiesta y el movimiento son interminables, desde el representante de trap argentino Khea, pasando por Don Diablo y subiendo los decibeles al máximo con los sonidos electrónicos del holandés Tiësto.

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Dos momentos más de fanatismo aún quedan. Son muy distintos el uno de los otros, pero comparten la cantidad innumerable de gente que se quedó solo para escucharlos. Sam Smith por una parte, con un sonido acompasado, suave y perfumado, dejó extasiada a toda la fanaticada que, a esas alturas, repletó el Banco de Chile Stage.

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Y faltaba la mejor carta para cerrar el festival. Y era que no, si lo que hizo Artic Monkeys sobre el escenario es digno de alabar, abriendo el show con los clásicos “Do I Wanna Know” y “Brainstorm” y cerrando con “Arabella” y “R U Mine” bengala incluida. Alex Turner y el resto de la banda saben de la pasta que están hechos y se nota al verlos en el escenario haciendo lo que mejor saben hacer. (Véase nota Artic Monkeys)

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Jornada para el recuerdo. Un día intenso con una calidad musical enorme. Contratiempos de sonido hubo, aunque muy pocos. Lo importante del asunto es que Lollapalooza hoy por hoy es enorme y valorado por el mundo entero, por lo que es muy probable que el festival iniciado por Perry Farrel nos entregue buena música por mucho tiempo más.

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