Max e Iggor Cavalera en Teatro Caupolicán: La poderosa celebración de sus raíces más profundas
Banda invitada: Nuclear
31 de julio 2022.

Por Paulo Domic.
Fotografías por Francisco Aguilar A.

En grande fue la celebración del 25to aniversario del disco Roots de Sepultura que trajo de vuelta a Chile a los hermanos Max e Iggor Cavalera. Una jornada que marcó un memorable regreso luego de los peores momentos de la pandemia, de los brasileños fundadores de la banda de metal más importante de Sudamérica. Una oscura velada que tuvo como número inicial la presencia estelar de los chilenos de Nuclear, quienes abrieron de manera perfecta una noche poseída por la potencia infernal de las guitarras que remecieron cada cimiento del histórico recinto de calle San Diego.

Cuando se lanzó el Roots de Sepultura en febrero de 1996, se convirtió en el mayor éxito comercial de los belo-horizontinos, entonces ya consolidados como una de las agrupaciones más destacadas del metal sudamericano. Habían llegado al tope de su creatividad dentro del Death y el Thrash Metal con su anterior disco, Chaos A.D. de 1993, por lo que era necesario dar un giro para el siguiente trabajo. Y esa inspiración llegó desde el corazón de su natal Brasil. Max Cavalera sintió la necesidad de viajar al Mato Grosso y visitar junto al grupo a la tribu Xavante. Conocieron de cerca su cultura, su música y cosmovisión, y entendieron que como grupo tenían muchas cosas en común con esta tribu, en el sentido de que también eran un colectivo que funciona al margen de lo establecido en la sociedad occidental.

Regresaron a casa de esta experiencia con ideas renovadas, muy inspirados y llenos de una energía única que se transformó en el ingrediente secreto para su obra maestra: una placa que fusiona el metal con ritmos brasileños y con temáticas relacionadas a la realidad de su país y de todo este rincón del mundo. Además, con la participación de personajes tan relevantes y destacados como Mike Patton (Faith No More) y Jonathan Davis (Korn), se volvió una pieza musical clave para los estilos que se desarrollarían desde entonces. Vendió más de 2 millones de copias y hasta hoy es fundamental para entender el rock y el metal de estas últimas dos décadas.

Con casi 20 años de trayectoria, a las 19:50 salió a escena Nuclear, un grupo pionero dentro del metal chileno de comienzos de milenio, combinando elementos desde el Thrash, el Punk y el Death metal. Veteranos cuyo desarrollo musical se traduce en seis trabajos de estudio, el último de ellos titulado Murder of Crows (2020), el que ellos mismos perciben como su «propuesta más extrema hasta la fecha». Con la canción que abre este disco comenzaron su presentación ante muchísimos asistentes que llegaron temprano para ver su show. Luego le siguió “No Light After All”, desencadenando sin misericordia una maquinaria de pesado metal que cayó con potencia sobre las cabezas sedientas de guitarras al máximo. El quinteto encabezado por la voz de Matías Leonicio, liberó su fuerza atronadora y demostró la calidad que los tiene encumbrados como exponentes claves del metal nacional. A través de poco más de 40 minutos, los ariqueños cerraron con su clásico “Apátrida” la delirante dosis de música extrema con que abrieron magistralmente la brutal ceremonia que se dio cita en calle San Diego. Forma perfecta para calentar los ánimos para lo que seguiría a continuación.

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A las 21:07 se apagan las luces y el escenario se tiñe de rojo, con el logo de Cavalera emulando el primer distintivo de Sepultura, como una declaración inmediata de que frente a nosotros estaban los fundadores de una banda legendaria cuya herencia también les pertenece y para la cual están absolutamente calificados y en pleno derecho de representar. “Roots Bloody Roots” comenzó y el publicó que a esa hora ya respetaba el recinto la coreó con una fuerza avasalladora. Siguieron así el orden del inmortal disco que vinieron a celebrar y fue un golpe tras otro para sus fanáticos. Luego de “Ratamahatta”, Max saludó a la gente y agradeció la masiva concurrencia a la fiesta. La batucada más poderosa de la tierra dio inicio a “Breed Apart”, que con su frenético ritmo puso a saltar a todos en el teatro.

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Uno de los músicos del cuarteto en escena era nada menos que otra leyenda del metal: Dino Cazares. También de origen latino por su ascendencia mexicana, el fundador de Fear Factory y también de Brujería fue fundamental para armar una base impresionantemente brutal de guitarras afiladas como guillotinas que volaron las cabezas de los fanáticos que colmaron el Caupolicán. Junto a la potencia de la voz de Max y al bestial ritmo de Iggor, estas leyendas del metal demolieron cada butaca e hicieron saltar y girar a su audiencia como un remolino imparable en la cancha. Un cuadro que completó el bajista Mike Leon, el miembro más joven que hace algunos años ya acompaña a Max en Soulfly y que sostuvo de forma sobresaliente la base del grupo con la potencia de su sonido.

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Durante “Lookaway”, Max pidió apagar las luces para que quedaran sólo la de los celulares, mientras se fondo comenzaba el ritmo a marcar el riff de la inmortal “War Pigs” de Black Sabbath. Luego la pegaron con un trozo de “Territory” del Chaos A.D., que generó un tremendo coro que gritó su clásico estribillo. Uno de los momentos más emocionantes del concierto que contó con los incontenibles gritos de los miles los miles de metaleros presentes. Seguido de esto, llegó el espacio estelar de Iggor con “Itsári”, instrumental cuyo hipnótico ritmo le permite demostrar su gran calidad en la percusión y el groove único que tiene y que lleva en su sangre brasileña.

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Terminadas las canciones del Roots, llegó otro de los clímax de concierto: “Troops of Doom”. Un clásico de los primeros años de Sepultura, de cuando Max e Iggor ni siquiera cumplían veinte años de edad. Un salto en el tiempo de 35 años hacia atrás que fue especialmente conmovedor para los mayores de la audiencia. Y pese a la trayectoria de los Cavalera, fue muy gratificante ver mucha gente joven también entre el público. Señal de que su música ha sabido también llegar a nuevas generaciones e identificar con sus mensajes, tan vigentes como en el pasado, a quienes eran pequeños o aún no nacían cuando ellos ya estaban dándolo todo en el camino del metal. Luego de ese viaje, los cuatro jinetes tocaron un cover de “La Migra”, canción perteneciente al álbum Raza Odiada de Brujería, de 1995. Otro paseo por la calle del recuerdo que fue muy sorpresivo y que despertó nuevamente el desenfreno de un furioso mosh en la cancha.

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Con los clásicos “Refuse/Resist”, “Orgasmatron” y una segunda versión, pero más rápida, de “Roots Bloody Roots”, se bajó el telón para una intensa noche de metal en su más puro estado. Tanto Nuclear como Cavalera ofrecieron una sobredosis de sonidos que abrieron un portal hacia el infierno a sólo cuatro cuadras de la Iglesia de los Sacramentinos. Tremendo sonido para ambas bandas, accesos expeditos y profesionalismo que se agradece y que permiten disfrutar mucho más estos memorables rituales de poder y descarga de pesada artillería metalera. Una gran experiencia que seguramente quedará en las mejores memorias musicales de quienes tuvimos la suerte de estar ahí para celebrar junto a los hermanos Max e Iggor, el glorioso nuevo germinar de sus más profundas raíces.

Setlist Nuclear:
Murder of Crows
No Light After All
God Forsaken Life
Abusados
Heaven Denied
Confront
Killing Spree
Belligerence
Apátrida

Setlist Cavalera:
Roots Bloody Roots
Attitude
Cut-Throat
Ratamahatta
Breed Apart
Straighthate
Spit
Dusted
Lookaway (con War Pigs y Territory)
Itsári
Ambush
Born Stubborn
Dictatorshit
Troops of Doom
La Migra
Refuse/Resist
Orgasmatron
Roots Bloody Roots

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