Por Guillermo Ziem.

El próximo miércoles 26 se vivirá en Santiago una nueva versión del Metal Attack y, en esta oportunidad, el desafío será salir vivo del Teatro Caupolicán.

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Napalm Death, los británicos oriundos de Meriden nos visitan nuevamente, esta vez enmarcados en el tour relacionado con su más reciente álbum, Coded Smears and More Uncommon Slurs, un compilatorio doble (tipo Greatest Hits) de los padres del Grindcore.

Si bien es cierto que la banda se formó en el año 1981, su existencia mediática se cimenta totalmente desde su primer disco Scum de 1987. Hoy, a tres décadas de ese lanzamiento y catorce álbumes después, vemos a Napalm Death vivo, rugiente y acercándose firmemente a reconquistar el espacio ganado en territorio nacional.

Sus letras y ritmos a veces pueden ser ininteligibles, sin embargo, la carga de sus letras siempre apunta hacia el hastío por cómo el mundo se maneja, desde la fe hasta las empresas, pasando por todo el recorrido que el ciudadano de a pie realiza en su diario vivir. Quizás es desde ese nicho que los Napalm Death siempre han tenido un espacio ganado en territorio nacional y en el oscuro corazón del metalero chileno. Desde sus primeras visitas en la segunda mitad de los 90’, acompañándose de bandas épicas a nivel internacional tal como fue con Criminal en el entonces Estadio Chile (actual Estadio Víctor Jara), derribaron el muro del lenguaje para transformarse en uno con el público.

No debemos olvidar que los Napalm Death que hoy conocemos, no son los miembros que formaron la banda en 1981. El grupo ha mutado y cambiado a sus integrantes a tal punto que actualmente el miembro más antiguo es el bajista Sahane Embury, quien ingresó en 1987 al grupo. En cuanto al resto de su alineación actual, se sumaron al proyecto desde 1997 aproximadamente. Aun así, es la alineación más clásica y que ya hemos visto en tierras chilenas en al menos cuatro visitas previas.

También se han paseado por los espacios underground más exquisitos de nuestra ciudad, dejando a su paso liberación en los presentes, aquella que no se encuentra en las creencias paganas, sino en la reflexión de cómo vivimos. La crítica social es el punto siempre álgido de la lírica de los británicos, en clave de grindcore, un estilo difícil de digerir para quienes tienen pelos en la lengua. En su última visita, en el ex Club Kmasú Premiere, espacio extinto a manos de las llamas en la previa de la celebración de los 30 años de Fiskales Ad-Hok en 2016.

Así, nos preparamos para recibir una vez más a Napalm Death, liderados por Mark “Barney” Greenway en las voces, Mitch Harris en guitarra y voz, Danny Herrera en batería y Shane Embury en bajo, descargaran toda su artillería contra el mundo el próximo miércoles desde el Teatro Caupolicán, junto a los norteamericanos de Cannibal Corpse, los alemanes de Destruction y los nacionales de Recrucide, en lo que promete ser Metal Attack II, cita anual que ya se hace institución para el deleite de los tímpanos reforzados.

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