Joan Manuel Serrat en el Teatro Nescafé de las Artes: volver al comienzo

Joan Manuel Serrat en el Teatro Nescafé de las Artes: volver al comienzo
21 de noviembre 2018.

Por Constanza Paredes.
Fotografías por Francisco Aguilar A.

Joan Manuel Serrat vuelve a nuestro país con ocho fechas en diferentes ciudades, lo que lo llevará de centro a sur con su gira Mediterráneo da capo, un nombre poético que aplica perfectamente a lo íntima y cercana que es la propuesta; una gira que habla de su historia y vida musical de más de 50 años.

La trayectoria de Serrat es gigantesca, un sinfín de colaboraciones y conciertos, pero que no deja de lado a lo nuevo. Y esa fue la característica principal de su primer concierto en Chile: volver al comienzo y las tradiciones, pero involucrando nuevos sonidos y novedades en medio del show.

El inicio es intrigante: imágenes de un fiero mar en cámara lenta con una potente batería dan pie a lo que promete ser una bella y un poco misteriosa velada, como si efectivamente estuviéramos en el Mediterráneo, solo falta la copa de vino y la brisa marina. Ritmos sincopados fluyen y un juego de luces ciega un poco, pero después de esos destellos dentro del brillo aparece él en el escenario, la gente aplaude y en su mayoría se ponen de pie; algunos de los oyentes comentan que no pueden creer que lo estén viendo en vivo, más de alguno esperó con ansias esta jornada que, pese a ser fechada en el ombligo de la semana no afectó en la puntualidad de los asistentes ni en el posible trasnoche que podría significar. El público está tan anonadado que en “Qué Va a Ser de Ti” nadie canta, sin embargo cuando comienza a sonar “Vagabundear” las lenguas se sueltan y se escuchan los coros del público. La mayoría son de edad madura, pero uno que otro te amo y mijito rico se escapan acompañados de una risa nerviosa que el resto de los presentes comenta con complicidad, como si la juventud aflorara de pronto igual que un adolescente en el concierto de su ídolo.

El sonido es limpio, con ciertas complicaciones al principio que al parecer incomodaban al español en su retorno pero que para la quinta canción estaba totalmente resuelto. Cada instrumento se luce a su debido momento: la viola encabezada por la única mujer de su equipo musical, su zurdo baterista que mostró una destreza sin igual, su bajista que hizo la base para cada suave canción, su guitarrista que coreaba con él en silencio, su tecladista que agregaba lo eléctrico y moderno a sus clásicos y el pianista que incorporaba lo solemne y tradicional de su sonido, como el timón de su nave. Presentó a cada uno de ellos acompañado de sus fotografías en la canción “La Mujer que Yo Quiero”. La voz de Serrat está levemente gastada, sin embargo, es sutil ese cambio a la madurez que sus seguidores parecen interpretar como parte de su historia: un desgaste que muestra vida y le da un toque sensato a su interpretación, un toque maduro. Si bien su voz no está en su mejor momento, no es incómodo escucharle y a los espectadores pareciera que no les importa mucho.

La noche no solo estuvo acompañada de canciones, Joan Manuel se caracterizó por su buena conversación y sentido del humor, cada vez que conversaba y se dirigía al público contaba una anécdota de su vida o de sus canciones, se sinceró y contó el secreto de que tío Alberto nunca fue su tío, habló de sus días en la milicia y cómo ahí aprendió la importancia de las palabras y cómo ellas misma se van definiendo por sí solas cada vez que se utilizan (una historia que sacó carcajadas, vale decir). Además, demostró su gran conocimiento de la historia de España y el Mediterráneo, su afición por la literatura y así aparecieron el Quijote de la mancha y Ulises con su gran odisea.

Todo fue cálido, todos cantaron a más no poder sus clásicos “Aquellas Pequeñas Cosas” y “Cantares” (por nombrar algunas), poco importaron los problemas técnicos que aparecieron de vez en cuando, porque la gente participó y disfrutó de principio a fin. Probablemente todos los asistentes se fueron con las ganas de volver a repasar el comienzo de sus vidas, visitar el Mediterráneo y cantar todo lo que ha pasado en sus historias.

Setlist:
Mediterráneo
Qué va a ser de ti
Vagabundear
Barquito de papel
Pueblo blanco
Tío Alberto
La mujer que yo quiero
Lucía
Vencidos
Aquellas pequeñas cosas
Mediterráneo
La mer
La luna
Cantares
Plany al mar
Algo personal
Menos tu vientre
Para la libertad
De vez en cuando la vida
Hoy puede ser un gran día

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Joan Manuel Serrat en el Teatro Nescafé de las Artes: volver al comienzo 21 de noviembre 2018. Por Constanza Paredes. Fotografías por Francisco Aguilar A. Joan Manuel Serrat vuelve a nuestro país con ocho fechas en diferentes ciudades, lo que lo llevará de centro a sur con su gira Mediterráneo da capo, un nombre poético que aplica perfectamente a lo íntima y cercana que es la propuesta; una gira que habla de su historia y vida musical de más de 50 años. La trayectoria de Serrat es gigantesca, un sinfín de colaboraciones y conciertos, pero que no deja de lado a lo nuevo. Y esa fue la característica principal de su primer concierto en Chile: volver al comienzo y las tradiciones, pero involucrando nuevos sonidos y novedades en medio del show. El inicio es intrigante: imágenes de un fiero mar en cámara lenta con una potente batería dan pie a lo que promete ser una bella y un poco misteriosa velada, como si efectivamente estuviéramos en el Mediterráneo, solo falta la copa de vino y la brisa marina. Ritmos sincopados fluyen y un juego de luces ciega un poco, pero después de esos destellos dentro del brillo aparece él en el escenario, la gente aplaude y en su mayoría se ponen de pie; algunos de los oyentes comentan que no pueden creer que lo estén viendo en vivo, más de alguno esperó con ansias esta jornada que, pese a ser fechada en el ombligo de la semana no afectó en la puntualidad de los asistentes ni en el posible trasnoche que podría significar. El público está tan anonadado que en “Qué Va a Ser de Ti” nadie canta, sin embargo cuando comienza a sonar “Vagabundear” las lenguas se sueltan y se escuchan los coros del público. La mayoría son de edad madura, pero uno que otro te amo y mijito rico se escapan acompañados de una risa nerviosa que el resto de los presentes comenta con complicidad, como si la juventud aflorara de pronto igual que un adolescente en el concierto de su ídolo. El sonido es limpio, con ciertas complicaciones al principio que al parecer incomodaban al español en su retorno pero que para la quinta canción estaba totalmente resuelto. Cada instrumento se luce a su debido momento: la viola encabezada por la única mujer de su equipo musical, su zurdo baterista que mostró una destreza sin igual, su bajista que hizo la base para cada suave canción, su guitarrista que coreaba con él en silencio, su tecladista que agregaba lo eléctrico y moderno a sus clásicos y el pianista que incorporaba lo solemne y tradicional de su sonido, como el timón de su nave. Presentó a cada uno de ellos acompañado de sus fotografías en la canción “La Mujer que Yo Quiero”. La voz de Serrat está levemente gastada, sin embargo, es sutil ese cambio a la madurez que sus seguidores parecen interpretar como parte de su historia: un desgaste que muestra vida y le da un toque…

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