Los Espíritus en Teatro Cariola: La profundidad e intensidad de lo humano

Los Espíritus en Teatro Cariola: La profundidad e intensidad de lo humano
14 de diciembre 2018.

Por Manuela Beltrán.
Fotografías por Francisco Aguilar A.

Mucha expectación rodeó el comienzo del concierto que celebraba el exitoso disco de estudio de Los Espíritus Agua Ardiente. Contrariamente a ocasiones anteriores y gracias a una gran ovación, la banda no tardó en presentarse; cada uno de los seis integrantes se acomodó en el escenario del teatro Cariola: tres por delante con instrumentos de cuerdas, entre ellos Maxi Prietto, fundador y principal guitarrista, junto a Miguel MactasMartín Fernández Batmalle en el bajo; tres más atrás, con las distintas percusiones, Pipe Correa con la batería, Fernando Barreyro y Santiago Moraes. Entre sonidos encendidos por guitarras psicodélicas y excitantes congas, el vocalista partió cantando: “A mi modo de ver las cosas todos estaríamos mejor”, el primer verso de “Mares”, la canción que abrió el show.

Desde un comienzo tres percusionistas diferentes proporcionaron mucha potencia, y la mantuvieron siempre arriba. A diferencia de las bandas de rock tradicionales, Los Espíritus se destaca por tener muchas guitarras y muchas percusiones, que en lugar de ser excesivas son complementarias. Las congas, shekere y varios tipos diferentes de sonajas, por ejemplo, otorgan riqueza al ambiente de la percusión, creando sonidos más místicos y elaborados. Así, con la “La Mina de huesos”, se instala precisamente un ambiente como de blues moribundo, pero a la vez juguetón, una suerte de alusión a calaveritas mexicanas, con explosiva intensidad cada vez que Maxi Prietto grita “era en el mismo lugar”. También hay juego en el diálogo de punteos entre las guitarras, una aguda, la otra menos, ambas tocando juntas, entrelazando sonidos. Para “El Viento”, el público ya estaba subido al viaje musical de “Los Espíritus” dando saltos, levantando poleras y haciéndolas girar.

Por otra parte las letras de las canciones parecen simples, pero están cuidadosamente elaboradas y recuerdan clásicos poéticos del estilo de Jim Morrison y que, precisamente, son cantadas con la tradición psicodélica setentera. Así, con “La Mirada”, se percibe una crítica social fuerte, elemento que tanto describe el estilo de la banda argentina. En escasas líneas, se recrean escenas complejas de dramas universales, postales que describen todo lo que pasa con las personas en un simple trayecto matutino “El hombre mira al hombre y le aguanta la mirada, apretados en un subte…” o “El trabajo dignifica eso me dice mi patrón”. De la letra parece canalizarse la energía tensa, liberada en catarsis de solos incendiarios de guitarra y de cantos como gritos. En los siguientes temas se le da más espacio a las percusiones para destacarse con ritmos enriquecidos y un ambiente más alegre. “El Palacio”, por ejemplo, suena casi como un huayno peruano con un redoble que transporta inmediatamente al desierto de América del sur. Acompañado de un punteo épico, se le da también espacios para cerrar la canción con solos de bombos y congas. En “Noches de verano” se pasa a un ambiente más iluminado y alegre con letras repetitivas “Noches de verano, de verano, llenas de felicidad”, aparece una calidez absoluta en el teatro Cariola.

Con poderosos solos de guitarra y percusiones que mantienen en ambiente elevado a cada instante, la banda transporta al público en un viaje interior musical. Resuena “Esa luz que ha iluminado al sabio espera / Tus brazadas las más largas / La búsqueda es el camino / Esa luz no va a golpear jamás tus puertas / Anda y nada en sombras a su encuentro” y, en estas pocas líneas que componen la totalidad de la canción “Esa Luz”, Los Espíritus logran una enorme profundidad y espiritualidad. Esto mismo ocurre con “Jesús rima con la cruz” que, más que una temática religiosa, parece una suerte de invocación pagana a la cual se le suma a las percusiones sonidos con sonajas de pezuñas y cajas de batería con ritmos autónomos. Se vive un gran espacio musical para solos e improvisaciones que van in crescendo y que terminan con juego de luces rosadas en la oscuridad.

“Gato” parte con el bajo y mantiene un ritmo continuo que luego se complementa mucho con las baterías, con los solos de guitarra y, luego, los aplausos del público que participan en tan elaboradas improvisaciones. En la canción “Las Armas las carga el Diablo”, hubo un breve momento de abucheo por parte del público que reaccionaba a causa de un verso contingente respecto al caso de Camilo Catrillanca: “Las armas las carga el Diablo y las descarga algún oficial”. A lo cual siguió un ritmo de blues incendiario, que expía las críticas sociales mezcladas con brujerías invocadas en este tema. Luego, siguiendo con las temáticas que describen dramas sociales, suenan “Las Sirenas” y se entona una letra que describe un crimen sangriento cometido por una persona marginal criada en condiciones terribles, todo retratado a través de ritmos de rock muy urbanos y melódicos.

El fin de esta contundente primera parte dio un respiro a la banda, mientras el público bramaba un encore. Al volver, “Huracanes” suena fuerte y hace vibrar el pecho de todos en el público para proseguir con “Jugo” y sus ritmos melódicos. “Muchas gracias che”, repitió Maxi Prietto, varias veces durante todo el concierto. “La rueda que mueve el mundo” mantuvo un ritmo bluesero con el que cerraron el concierto, pero un segundo encore más fuerte que el anterior trajo a la banda de vuelta al escenario con canciones como “Lo echaron del bar” y “Pelea callejera”. Bajando del viaje con temas que describen ya la decadencia del fin de la noche, Los Espíritus se despidieron dejando latente, con su música, la profundidad del espíritu y la intensidad de la realidad humana.

Setlist:
Mares
La Mina de huesos
El Viento
La Mirada
El Palacio
Noches de verano
Esa Luz
Jesús rima con la cruz
El Gato
Vamos a la Luna
Las Armas las carga el Diablo
Las Sirenas

Encore:
Huracanes
Jugo
La rueda que mueve el mundo
Lo echaron del bar
Pelea Callejera

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Los Espíritus en Teatro Cariola: La profundidad e intensidad de lo humano 14 de diciembre 2018. Por Manuela Beltrán. Fotografías por Francisco Aguilar A. Mucha expectación rodeó el comienzo del concierto que celebraba el exitoso disco de estudio de Los Espíritus Agua Ardiente. Contrariamente a ocasiones anteriores y gracias a una gran ovación, la banda no tardó en presentarse; cada uno de los seis integrantes se acomodó en el escenario del teatro Cariola: tres por delante con instrumentos de cuerdas, entre ellos Maxi Prietto, fundador y principal guitarrista, junto a Miguel Mactas y Martín Fernández Batmalle en el bajo; tres más atrás, con las distintas percusiones, Pipe Correa con la batería, Fernando Barreyro y Santiago Moraes. Entre sonidos encendidos por guitarras psicodélicas y excitantes congas, el vocalista partió cantando: “A mi modo de ver las cosas todos estaríamos mejor”, el primer verso de “Mares”, la canción que abrió el show. Desde un comienzo tres percusionistas diferentes proporcionaron mucha potencia, y la mantuvieron siempre arriba. A diferencia de las bandas de rock tradicionales, Los Espíritus se destaca por tener muchas guitarras y muchas percusiones, que en lugar de ser excesivas son complementarias. Las congas, shekere y varios tipos diferentes de sonajas, por ejemplo, otorgan riqueza al ambiente de la percusión, creando sonidos más místicos y elaborados. Así, con la “La Mina de huesos”, se instala precisamente un ambiente como de blues moribundo, pero a la vez juguetón, una suerte de alusión a calaveritas mexicanas, con explosiva intensidad cada vez que Maxi Prietto grita “era en el mismo lugar”. También hay juego en el diálogo de punteos entre las guitarras, una aguda, la otra menos, ambas tocando juntas, entrelazando sonidos. Para “El Viento”, el público ya estaba subido al viaje musical de “Los Espíritus” dando saltos, levantando poleras y haciéndolas girar. Por otra parte las letras de las canciones parecen simples, pero están cuidadosamente elaboradas y recuerdan clásicos poéticos del estilo de Jim Morrison y que, precisamente, son cantadas con la tradición psicodélica setentera. Así, con “La Mirada”, se percibe una crítica social fuerte, elemento que tanto describe el estilo de la banda argentina. En escasas líneas, se recrean escenas complejas de dramas universales, postales que describen todo lo que pasa con las personas en un simple trayecto matutino “El hombre mira al hombre y le aguanta la mirada, apretados en un subte…” o “El trabajo dignifica eso me dice mi patrón”. De la letra parece canalizarse la energía tensa, liberada en catarsis de solos incendiarios de guitarra y de cantos como gritos. En los siguientes temas se le da más espacio a las percusiones para destacarse con ritmos enriquecidos y un ambiente más alegre. “El Palacio”, por ejemplo, suena casi como un huayno peruano con un redoble que transporta inmediatamente al desierto de América del sur. Acompañado de un punteo épico, se le da también espacios para cerrar la canción con solos de bombos y congas. En “Noches de verano” se pasa a un ambiente más iluminado y alegre con letras repetitivas “Noches de verano,…

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