Por Manuela Beltrán.

No cualquier concierto es merecidamente filmado para cine. Nick Cave & the Bad Seeds han alcanzado un profesionalismo escénico legendario y las proporciones lo ameritan. Siempre caracterizados por una estética oscura tipo post-punk, la banda luce una intensa emocionalidad con una elegancia excepcional. Distant Sky es una película de estreno mundial, con un sólo día de exhibición en la gran pantalla, que parece simular la experiencia única de un concierto.

Dirigidas por el director David Barnard, todas las cámaras de la película están bien calculadas, y existe además mucha poesía en las letras de las canciones. Casi habría sido oportuno tener subtítulos en español o inglés para poder apreciar toda la alquimia que se estaba desarrollando en el escenario. Hay algo de poesía en la propuesta de Nick Cave, hay momentos en los que casi recita más de lo que canta y su voz fluye gracias a la maravillosa banda de músicos que lo acompaña.

El público y los fans también fueron retratados como protagonistas de la obra, visiblemente inmersos cantando de memoria y completamente conectados con el vocalista y la banda. Un nivel de reciprocidad, empatía y ternura inusual para anglosajones y nórdicos. La mayoría de la banda es australiana y el concierto se realizó en 2017 en Copenhague, Dinamarca.

Durante todo el concierto Nick Cave dialoga y genera contacto y empatía con el público. Con la canción “Can you feel my heart beat” donde prácticamente se lanza entre las manos de la gente, luego toma una de ellas y se la posa en el pecho, para después hacer la pregunta abierta “¿escuchas mi corazón?” guiando la respuesta de toda la arena para que grite a coro “bum bum bum”. Cada canción de la primera mitad de Distant Sky parece tener el clímax de un concierto entero. En “Jubilee Street”, por ejemplo, la intensidad es tan grande que genera escalofríos y el baterista Thomas Wydler es captado por las cámaras recuperando su aliento al final de la canción.

Todos los instrumentos sublimados llevados al éxtasis delante de un telón rojo granate aterciopelado de extrema elegancia. El piano de cola negro pasa por todos los estados de vibración y le hace mucho sentido el parche que lleva tiernamente bordado en un costado con las palabras Smoking – Melting – Boiling – Burning (Humeando – Derritiendo – Hirviendo – Quemando). A su lado durante la canción “From her to eternity”, el amplificador del músico Warren Ellis ruge violento con la distorsión de su violín, lo toca con y sin arco, casi como un charango, acercando y alejando el instrumento del parlante, manipulando las ondas sonoras.

La canción “Skeleton Tree” que interpreta junto a la cantante lírica Danesa Else Torp, es el momento de quietud del espectáculo que pasa de una estética oscura, profunda e intensa, hacia los lugares más tranquilos del corazón. Un aterrizaje armonioso hacia el final del concierto, donde tranquila y lúdicamente se invita al público a subir al escenario. Durante “Push the sky away”, Nick Cave elije al danés más fan de entre los que llenan la platea y lo mira directo a los ojos, el muchacho quiere eludirlo, pero él insiste y le canta “Some people say it’s just Rock and Roll but it gets right down to your soul”. Todo el concierto se siente como la transmutación de intensos sentimientos, teñidos por el duelo de su hijo recientemente fallecido, que Nick Cave transforma en catarsis musical. En Distant Sky las malas semillas han germinado el poder curativo de la música.

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