Ruidosa Fest 2018: Ruido hecho con amor por mujeres y para mujeres

Ruidosa Fest 2018: Ruido hecho con amor por mujeres y para mujeres
7 de abril 2018, Matucana 100.

Por Manuela Beltrán.
Fotografías por Jacqueline Riveros.

La tercera versión de Ruidosa fest, ya es una consolidada tribuna para mujeres artistas. Un festival asequible, inclusivo, honesto que tiene además como concepto ser un llamado a la reflexión y la colaboración entre mujeres en la música y en las distintas industrias creativas. La parrilla musical de Ruidosa Fest reunió trece conciertos, dos paneles y una comediante stand up. Una parrilla de 12 horas en la que mujeres destacadas en muy diversos géneros musicales, compartieron escenario en la explanada del centro cultural Matucana 100, donde además se albergaba una feria de carritos de comida, stands informativos de diferentes organizaciones activistas, colectivas y editoriales de mujeres.

La jornada de conciertos fue un recorrido musical donde se alternaron armónicamente artistas emergentes urbanas, folcloristas populares, música clásica, rap y artistas consolidadas de la industria musical chilena. El primer concierto comenzó cerca del mediodía con voces de niñas jóvenes, Natisú presenta: Coro de niñas Liceo Emilia Toro, interpretando la canción “Catedral” de Francisca Valenzuela, acompañadas en el piano y voz por la misma fundadora y directora del festival. La presentación fue traducida y a la vez coreografiada en lenguaje de señas por todo el coro y una lúdica intérprete, una conmovedora propuesta de inclusión y de valoración en la autoestima del cuerpo.

Le siguió el grupo Dulce y Agraz, liderado por la penquista Daniela González, una artista muy joven, con una propuesta sensible y profunda. Acompañada de músicos prodigiosos, sus letras poseen una poderosa expresión. Posteriormente y divergiendo en estilo, más no en corazón, continuó la folklorista popular Beatriz Pichi Malen. Sola en el escenario, con letras en mapudungún y relatos en español, la artista mapuche nacida en Argentina trajo vientos del sur en sus canciones. Cada interpretación, acompañada de un instrumento tradicional, se siente como un llamado a siempre tener en cuenta los orígenes ancestrales y revisar la profundidad espiritual que llevamos dentro. Música para ser escuchada con los ojos cerrados.

Es interesante ver cómo pueden alternarse en el escenario mujeres con diferentes estilos musicales, y aun así mantener un espíritu de comunidad. Siendo también oriunda del sur, siguió en el escenario Lía Nadja, artista que logró crear mucha empatía entre las pistas de música electrónica experimental en las que anunciaba y agradecía la atención de sus canciones. Con una puesta en escena minimalista e íntima y una gran sensibilidad, la música se impuso con mucha fuerza ante oídos atentos del público mayoritariamente juvenil, sentado en el piso y resguardado bajo la sombra del toldo de Matucana 100.

La tarde se entibiaba y Pascuala Ilabaca, cierra el primer bloque del festival. Con una presentación que trajo consigo canciones y colores de carnaval. Con un vestido lleno de manos representando a las mujeres trabajadoras del norte, Pascuala canta y toca instrumentos, baila entre su banda, el público comienza a levantarse con la letra de la canción “Te traigo flores”. Apenas termina, la gente en la explanada de M100 se movió rápidamente entre el baile, la feria y la comida, en un minuto todo quedó vacío y la sala interior del teatro se llenó. Más de 500 personas presenciaron la interpretación clásica de Mahani Teave. La pianista oriunda de Rapa Nui, que deleitó con un magnífico virtuosismo interpretativo piezas de música clásica. Una leyenda musical viviente de Chile.

Rápidamente se dio paso al panel de mujeres “desde la música”. Denisse Malebrán, Camila Gallardo, Mahani Teave, Javiera Parra y Zitazoe moderadas por Francisca Valenzuela hablaron sobre la autoestima, sobre vencer miedos, sobre el trabajo y disciplina de sus carreras, sobre cuando lo personal es político, sobre la esfera de lo doméstico y lo cotidiano como un referente del éxito personal, y del espacio donde se viven las mayores dificultades. Como mujeres que están sobreexpuestas mediáticamente, también hablaron sobre la importancia de derribar los estereotipos de belleza y los roles impuestos en la sociedad.

El conversatorio se vio interrumpido por el comienzo de Mazapán. Todo el auditorio salió e inmediatamente la explanada se llenó de niños y niñas. Clásicos como la “Cuncuna amarilla” fueron coreados por personas de todas las edades. Enseguida comenzó su show, Javiera Parra. Minutos antes en el conversatorio fue descrita como el “soundtrack de nuestras vida”. Estas canciones clásicas tienen casi la misma edad que el público promedio joven de Ruidosa. Un clásico no pasa de moda, dicen, y es parte de un recorrido musical intergeneracional que logra Ruidosa Fest. Tanto Javiera Parra como Camila Gallardo, casi al final del festival, cantaron covers de canciones de Violeta Parra, por siempre vigente.

Avanzando la tarde Natalia Norte se presenta ante el público: “Soy de Iquique” dice, y la palabra Iquique sonó con una distorsión sonora psicodélica. Pareció una metáfora sobre los territorios desérticos más arriba del trópico, que jamás tendrán palmeras o playas cálidas, pero que con canciones como “Mayami” inspiran un excelente estilo tropibailable.

El Panel “desde las industrias creativas” reunió a Maite Alberdi, Pepa San Martín, Manuela Infante, Isabel Plant, Soledad Salate, todas moderadas por Kena Lorenzini. De nuevo una conversación en profundidad que destacó la disciplina y el arduo trabajo de las mujeres para hacerse espacio circuitos creativos dominados por hombres.

Las panelistas compartieron su experiencia de ser invisibilizadas durante años, el trabajo de hormiga, el reconocimiento de la lucha feminista en su trabajo. “A mi no me costó ser mujer, me costó darme cuenta que me había costado” con profundas reflexiones se evidenció la dificultad naturalizada de las mujeres. El público de Ruidosa fest tuvo la suerte de participar de una experiencia colectiva de emancipación de las antiguas formas de hacer música y artes. “El éxito está sobrevalorado, no hay que ganarle a nadie, sólo a una misma”.

Después de sabias palabras, vinieron las rimas de valentía de Red Bull batalla de los gallos, una instancia de competencia de MCs en la que la rapera Zitazoe hacía de jurado. Este momento Hip Hop le otorgó frescura y contenido lírico al festival, todo en medio de un contexto de batalla y juego en un espacio de protección, donde se cuestionaron la competencia entre mujeres, y se improvisó sin miedo.

Posteriormente, ya bien caída la noche, Princesa Alba, llegó con canciones explícitamente antipatriarcales sin salir de un estilo sensual tanto en la música y letras como en la estética del show. Dos bailarinas, una DJ y fuertes gráficas con contenido anti-misógeno: “Mi cuerpo no quiere, tus piropos, tu opinión, tu opresión, tus posiciones machistas”. Así como una seguidilla de pantallazos de comentarios de odio virtual, ventiladas en forma de exorcismo musical.

Camila Gallardo fue sin duda la artista más esperada por el público juvenil, especialmente de las niñas pequeñas que llegaban en familia a ver a su ídola. Las canciones que idealizan el amor romántico parecen ser un tránsito ineludible hacia los sentimientos profundos, algo usual en el proceso emocional de muchas mujeres. Pasar por ahí conscientemente y “sin miedo”, como decía Camila durante su show, es también un acto de valentía.

Otra transición interesante fue la de Camila Gallardo hacia la comediante Jani Dueñas de “pelo corto y señora”. A partir de bromas sobre diferencias generacionales entró con mucho humor a reír sobre las dificultades de las mujeres al envejecer, para luego pasar a una rutina escatológica, sin pudor hablando libremente de “culiar” y del semen. Jani fluye con el público joven, de una generación nueva mucho más liberada en lo sexual que las anteriores.

Con sincronía y puntualidad Francisca Valenzuela parte y cierra Ruidosa. Una excelente presentación llena de luces y expresión de sentimientos, una artista completamente consolidada que comparte su tribuna para levantar la de la colectiva. Ruidosa fest es como un prisma que visibiliza las múltiples luces y diferentes aspectos de lo que significa ser mujer y ser feminista, del trabajo y lucha de hacerse un espacio en un mundo patriarcal. Un festival sin duda hecho con amor por mujeres para mujeres.

>>> REVISA NUESTRA RESEÑA FOTOGRÁFICA DE PASCUALA ILABACA <<<

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>>> REVISA NUESTRA RESEÑA FOTOGRÁFICA DE CAMILA GALLARDO <<<

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Ruidosa Fest 2018: Ruido hecho con amor por mujeres y para mujeres 7 de abril 2018, Matucana 100. Por Manuela Beltrán. Fotografías por Jacqueline Riveros. La tercera versión de Ruidosa fest, ya es una consolidada tribuna para mujeres artistas. Un festival asequible, inclusivo, honesto que tiene además como concepto ser un llamado a la reflexión y la colaboración entre mujeres en la música y en las distintas industrias creativas. La parrilla musical de Ruidosa Fest reunió trece conciertos, dos paneles y una comediante stand up. Una parrilla de 12 horas en la que mujeres destacadas en muy diversos géneros musicales, compartieron escenario en la explanada del centro cultural Matucana 100, donde además se albergaba una feria de carritos de comida, stands informativos de diferentes organizaciones activistas, colectivas y editoriales de mujeres. La jornada de conciertos fue un recorrido musical donde se alternaron armónicamente artistas emergentes urbanas, folcloristas populares, música clásica, rap y artistas consolidadas de la industria musical chilena. El primer concierto comenzó cerca del mediodía con voces de niñas jóvenes, Natisú presenta: Coro de niñas Liceo Emilia Toro, interpretando la canción “Catedral” de Francisca Valenzuela, acompañadas en el piano y voz por la misma fundadora y directora del festival. La presentación fue traducida y a la vez coreografiada en lenguaje de señas por todo el coro y una lúdica intérprete, una conmovedora propuesta de inclusión y de valoración en la autoestima del cuerpo. Le siguió el grupo Dulce y Agraz, liderado por la penquista Daniela González, una artista muy joven, con una propuesta sensible y profunda. Acompañada de músicos prodigiosos, sus letras poseen una poderosa expresión. Posteriormente y divergiendo en estilo, más no en corazón, continuó la folklorista popular Beatriz Pichi Malen. Sola en el escenario, con letras en mapudungún y relatos en español, la artista mapuche nacida en Argentina trajo vientos del sur en sus canciones. Cada interpretación, acompañada de un instrumento tradicional, se siente como un llamado a siempre tener en cuenta los orígenes ancestrales y revisar la profundidad espiritual que llevamos dentro. Música para ser escuchada con los ojos cerrados. Es interesante ver cómo pueden alternarse en el escenario mujeres con diferentes estilos musicales, y aun así mantener un espíritu de comunidad. Siendo también oriunda del sur, siguió en el escenario Lía Nadja, artista que logró crear mucha empatía entre las pistas de música electrónica experimental en las que anunciaba y agradecía la atención de sus canciones. Con una puesta en escena minimalista e íntima y una gran sensibilidad, la música se impuso con mucha fuerza ante oídos atentos del público mayoritariamente juvenil, sentado en el piso y resguardado bajo la sombra del toldo de Matucana 100. La tarde se entibiaba y Pascuala Ilabaca, cierra el primer bloque del festival. Con una presentación que trajo consigo canciones y colores de carnaval. Con un vestido lleno de manos representando a las mujeres trabajadoras del norte, Pascuala canta y toca instrumentos, baila entre su banda, el público comienza a levantarse con la letra de la canción “Te traigo…

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