Hamnet: Tan dolorosa como conmovedora

Por Ignacia Gutiérrez.

Chloé Zhao, la segunda mujer en la historia en ganar el Oscar a la mejor dirección, regresa a la gran pantalla con la adaptación de Hamnet, la aclamada novela de 2020 escrita por la irlandesa Maggie O’Farrell.

La obra es una cuidada y hermosa fusión entre hechos reales y ficción que construye el relato nunca contado tras Hamlet, la tragedia más trascendental de William Shakespeare. Esta cinta se presenta como una removedora oda a la maternidad y la fragilidad de la infancia, donde el duelo se entrelaza con la capacidad del arte para dar vida a los recuerdos y al amor.

El filme explora la vida del dramaturgo británico desde el momento en que conoce a su esposa, Agnes. Tras desposarse, la pareja recibe a su primogénita, Susanna, y luego a los mellizos, Hamnet y Judith. Es el fallecimiento del pequeño Hamnet a los once años, víctima de la peste, lo que se convierte en el detonante de esta trágica narrativa.

Aunque un vistazo superficial al argumento sugeriría que el peso recae sobre Will, es Agnes quien se alza como el corazón del relato. En una interpretación magnífica —que posiciona a Jessie Buckley como una fuerte contendiente al Oscar—, el personaje principal nos guía por una representación visceral y desgarradora de la pérdida y la soledad. Además, se retrata la complejidad de ser mujer en aquella época a través de su conexión espiritual con la naturaleza, un legado de su difunta madre.

Paul Mescal no se queda atrás. El joven actor, ya experto en encarnar personajes sensibles, interpreta a la perfección lo que pudo haber sido Shakespeare. Con una mezcla de actitud, esmero y belleza expresiva, Mescal logra que el espectador no pueda apartar la mirada de la pantalla. Asimismo, el reparto infantil merece los halagos de la crítica; Jacobi Jupe, en el papel de Hamnet, sorprende con un desplante escénico capaz de conmover hasta las lágrimas.

Zhao no solo acierta con un casting preciso donde cada actor encaja orgánicamente en el periodo histórico, sino que también aporta su distintivo sello estético al retratar los espacios y el vínculo humano con el entorno. Agnes parece fundirse con el bosque y su halcón, lo que otorga una profundidad mística a sus acciones.

Entre escenas que invitan al llanto y otras que celebran la belleza visual, la directora logra insertarnos en el universo shakesperiano. Al adentrarnos en la magia del teatro, Zhao rompe la distancia entre el filme, la representación interna y el público, culminando en una escena final absolutamente desgarradora que cierra la obra de manera magistral.