5 de marzo 2026.
Por Eliseo Muñoz.
Fotografías por Francisco Aguilar A.
Hay fechas y eventos que se atesoran con especial afecto en la memoria, y no cabe duda de que la noche del 5 de marzo pertenece a esa categoría. The Fall of Troy, la banda estadounidense insignia de esa cruza entre el post-hardcore y el math rock, finalmente pisó tierras chilenas tras más de 20 años de espera. La jornada comenzó con la potencia de Matar a Grax, cuya propuesta sonora —afín al plato principal— añade altas dosis de irreverencia y humor. La banda se adueñó del escenario montando su propia escenografía: peluches de la Rana René y Tung Tung Sahur, junto a los icónicos cabezales de Bilz y Pap que custodiaban las escaleras como si fueran gárgolas. Su presentación fue un estallido inmediato que electrificó al público y encendió los primeros mosh pits de la noche.
Su experiencia en vivo es tan caótica como elocuente, ideal para marcar el tono de la jornada. Con una alineación de dos guitarras y dos bajos, el departamento de cuerdas se convierte en una muralla de sonido impredecible que, sumada a las intervenciones de sus miembros —quienes hablan a una velocidad vertiginosa o se interrumpen entre sí—, mantuvo un desconcierto magnético en todo momento. Al inundar la cancha con inflables que nunca tocaron el suelo, la banda transformó el Teatro Cariola en una fiesta caricaturizada, dejando una impresión sumamente positiva incluso entre quienes no los conocían.
Luego fue el turno de Delta. La agrupación nacional de metal progresivo destacó de inmediato por su profesionalismo, mezclando matices de metal melódico y glam dentro de una estructura técnica y brutal. La intrépida voz de Paula Loza logró acoplarse perfectamente al ataque de los instrumentos, mientras que Marcos Sánchez destacó con su bajo de seis cuerdas, aportando una potencia y groove que desbordaron las paredes del teatro. En esta ocasión, el grupo promocionó su último disco, Gemini, interpretando el sencillo “Great Dilemma” ante un público que ya presagiaba el frenesí que se desataría pasadas las 22:00 horas en la calle San Diego.
Antes de que The Fall of Troy saliera a escena, la cancha ya estaba sectorizada: el centro se reservó espontáneamente para el desenfreno. Al entrar, la banda solo necesitó un saludo para desatar a una audiencia que, a esas alturas, ya estaba en punto de ebullición. El inicio fue demoledor con un triplete de Doppelgänger: “Laces Out, Dan!”, “Mouths Like Sidewinder Missiles” e “I Just Got This Symphony Goin’”. Lo que se vivió en el interior del Cariola fue una catarsis colectiva; 20 años de espera contenidos que estallaron ante la muralla de sonido construida por la multiplicidad de efectos en la guitarra de Thomas Erak, la potencia de Andrew Forsman en la batería y el marcado bajo de Drew Pelisek.
A pesar de que la gira celebraba las dos décadas de su álbum más icónico, el repertorio no se limitó a este. Hubo espacio para éxitos de su disco homónimo, Manipulator e In The Unlikely Event, convirtiendo la noche en una cita antológica. Un detalle destacado fue la naturaleza dinámica del concierto, ya que en ningún momento hubo un setlist rígido. Los músicos se tomaban breves pausas para acordar qué canción continuaría, diferenciándose notablemente de lo presentado en otros países. Thomas incluso avisaba: “ahora viene una rápida”, para que la gente organizara el circle pit, e incluso aceptaron peticiones de la audiencia como “Chapter V: The Walls Bled Lust” y “Caught Up”, demostrando que la selección de temas se guiaba por la energía del momento.
Ni el calor sofocante ni los ligeros problemas de rebote en el audio detuvieron la intensidad. Si no había mosh, había saltos; y si la canción no era para saltar, se bailaba. La música poseyó a los asistentes, evitando cualquier cese de movimiento, mientras la banda no daba respiro con clásicos como “Act One, Scene One”, “You Got a Death Wish, Johnny Truant?” o la favorita de la casa, “Whacko Jacko Steals the Elephant Man’s Bones”. Al llegar al final, Thomas activó el delay de su pedalera para soltar el primer rasgueo de “F.C.P.R.E.M.I.X.”. La respuesta fue total: voces que gritaron hasta la afonía y un crowdsurf masivo que se tomó la cancha en un despliegue total de energía.
El debut de The Fall of Troy fue un hito anecdótico que recordó que el Teatro Cariola puede ser la pista de aterrizaje perfecta para propuestas interplanetarias. Aunque sigan siendo una banda de nicho que no llena grandes arenas, su propuesta única alimenta el alma de sus oyentes e inspira a nuevas generaciones de músicos que, como ellos, encuentran refugio en el caos.
Setlist:
Laces Out, Dan!
Mouths Like Sidewinder Missiles
I Just Got This Symphony Goin’
ROCKSTAR NAILBOMB!
Chapter I: Introverting Dimensions
Ex-Creations
Straight-Jacket Keelhauled
Semi-Fiction
Whacko Jacko Steals the Elephant Man’s Bones
Problem!?
Act One, Scene One
Reassurance Rests in the Sea
“You Got a Death Wish, Johnny Truant?”
Macaulay McCulkin
Caught Up
F.C.P.R.E.M.I.X.

