11 de marzo 2026.
Por Sebastián Allende.
Fotografías por Francisco Aguilar A.
Este miércoles 11 de marzo vivimos la primera de las dos caídas de rayos que significa el demoledor golpe sonoro que dará AC/DC en nuestro país. Un rayo que no sólo electrifica: arrastra, convoca y que desbloqueó a generaciones enteras que se dieron cita en un mismo terreno común, que este miércoles fue el Parque Estadio Nacional.
Desde temprano, miles avanzaban por Pedro de Valdivia, por Av. Marathon y por Grecia con paso decidido, como si hubiese una brújula secreta guiando a todos hacia el mismo núcleo de electricidad. Un núcleo que hacía que se mezclaran las poleras históricas de giras pasadas con las cuales los padres aprendieron del rock con “Highway to Hell” y sus hijos en años posteriores en tutoriales, masacraban las seis cuerdas como si fueran clones de Angus. Fue una tarde noche en la que fanáticos que vivieron las épocas con Bon Scott, otros que crecieron con discos más noveles como Black Ice y adolescentes que simplemente vinieron a ver “cómo se siente de verdad un concierto de rock” fueron parte de una de esas ceremonias en donde se aprecian algo que casi no existe: una leyenda viva que aún no claudica y que se encuentra defendiendo su trono en tiempo real.
Para comenzar, antes del rayo principal, el escenario fue tomado por los nacionales de Hielo Negro, expertos en ese riff sureño, crudo y de carretera que a la vez es tan propio como lejano que en la capital siempre encuentra casa. Luego, aparecieron The Pretty Reckless quienes trazaron una atmósfera más oscura, más espesa, con una Taylor Momsen llenando cada esquina del escenario con su presencia absoluta logrando dejar encendida la mecha emocional para que AC/DC cumpliera con su rol detonador minutos más tarde.
Antes de reseñar a los dueños de la noche, cabe destacar el tremendo despliegue técnico que ya daba pistas de lo que se venía: más de 300 toneladas de estructuras metálicas levantadas como una fortaleza del rock, un escenario monumental que parecía una fábrica de electricidad a cielo abierto. A eso se le sumaron 24 toneladas destinadas exclusivamente al sistema de audio, porque si hay una banda que no se escucha, esa es AC/DC, ya que se siente. A ambos lados del escenario, los clásicos seis cañones esperaban su momento, amenazantes y ceremoniales. Y para que la experiencia fuera totalmente envolvente, había tres pantallas gigantes proyectando imágenes en alta definición, junto a pantallas laterales que aseguraban que incluso quienes estaban más lejos pudieran ver cada gesto y cada riff.
De regreso a la música, tras varias pistas envasadas de distintas agrupaciones afines, pasando las 21.30 horas las luces cayeron y tras un video introductorio, sin aviso, sin preámbulo, sin discursos, AC/DC reventó el aire con “If You Want Blood (You’ve Got It)”. El rugido colectivo fue inmediato, un golpe visceral que se sintió de todos lados. Desde ese primer riff quedó claro que Angus Young no envejece, muta en un ser que no es humano y que transforma sonidos desde su guitarra completamente poseído por el sonido, doblando rodillas, agitando piernas, haciendo del escenario una pista electrificada. A su lado, su fiel compañero Brian Johnson, impregnado de su look clásico: gorro, sonrisa de guerrero, voz áspera y eterna, nos demuestra que si bien el paso de los años hace estragos, sigue siendo uno de los intérpretes más honestos del rock.
En una noche que recién comenzaba, “Back in Black” caería temprano y fue como escuchar un patrimonio de la humanidad ejecutado por sus propios dueños. El golpe de la caja, las tres notas iniciales, ese riff que no tiene tiempo ni contexto, que es casi una obligación al momento de querer aprender a tocar guitarra, llega a Santiago para imponerse y desatar la locura. Con “Demon Fire” y “Shot Down in Flames”, el concierto entró en modo locomotora, y fue entonces cuando llegó “Thunderstruck”, que más que canción es otra de esas que no pasan desapercibidas: Decenas de miles haciendo el “tata-tata-tá” al unísono creando una energía pura que era una demostración de un parque que ya se encontraba rendido.
El recorrido siguió por esos rincones emocionales que la banda habita con naturalidad: “Have a Drink on Me”, “Hells Bells”, con esas campanas que parecen invocar una dimensión más profunda y en donde incluso bajó una tremenda campana de la parte superior del escenario, para dar pie a “Shot in the Dark”, parte de su último disco que ha reafirmado que su presente también ruge y que merece ser parte del tremendo set que nos dan estos viejos rockeros.
No se puede negar que un show de AC/DC es un show de hits y cuando llega “Highway to Hell” es una llave para que la gente presente alcance un nivel de euforia transversal, en donde todas las generaciones vibren al mismo volumen. La música que sigue en la noche y la banda que abre el el baúl y lanza una joya tras otra: “Shoot to Thrill”, “Sin City”, “Jailbreak”, “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”, “High Voltage”, “Riff Raff”, cada una con un pulso distinto, cada una que despierta memorias y emociones que se forman como propias en distintos sectores del recinto, que le da pie al karaoke gigantesco con “You Shook Me All Night Long”.
Si bien la magia de AC/DC la arman en el escenario las performances de Angus Young y Brian Johnson, hay que reconocer de que no sería nada sin el gran acompañamiento que les entrega Stevie Young, en la guitarra rítmica, Chris Chaney en el bajo y el baterista Matt Laug, músicos que con su labor logran completar la ecuación sonora de estos verdaderos dioses del rock. Para el cierran llegarían “T.N.T.” que hizo estallar al Parque Estadio Nacional, y finalmente “For Those About to Rock (We Salute You)” que trajo los cañones, el fuego y el ritual eterno de cierre que caracteriza a estos Dioses. Un pacto que hoy volvió a sentirse genuino como ese lejano 22 de octubre de 1996.
Hay que decirlo, lo que AC/DC entrega en vivo no es nostalgia, no es un tributo, no es el vivir de los laureles. Es la forma más pura de poner al rock en pie, de darle sentido al sonido de la guitarra, al tratar de ser distinto y a sobre todo l compartir la energía y darle más valor generación tras generación. Este miércoles en Santago la tormenta y el rayo pegó muy fuerte ¿y sabes la verdad? Se agradece.
Setlist:
If You Want Blood (You’ve Got It)
Back in Black
Demon Fire
Shot Down in Flames
Thunderstruck
Have a Drink on Me
Hells Bells
Shot in the Dark
Stiff Upper Lip
Highway to Hell
Shoot to Thrill
Sin City
Jailbreak
Dirty Deeds Done Dirt Cheap
High Voltage
Riff Raff
You Shook Me All Night Long
Whole Lotta Rosie
Let There Be Rock
T.N.T.
For Those About to Rock (We Salute You)

