Banda invitada: Fahrenheit.
19 de abril 2026.
Por Paulo Domic.
Fotografías por Francisco Aguilar A.
El debut de Smith/Kotzen en Chile finalmente se materializó anoche en un Teatro Coliseo que fue testigo de una sociedad musical ya plenamente consolidada. Con el respaldo de su segundo álbum de estudio, Black Light / White Noise, la dupla conformada por Adrian Smith y Richie Kotzen demostró que no es solo un proyecto de sesión, sino una alianza sólida de hard rock con marcados tintes sureños. Vivimos una celebración de los sonidos clásicos de los años 70, donde la química orgánica y el virtuosismo sin pretensiones se tomaron el escenario para validar una propuesta que ya tiene peso propio en la escena internacional.
No estamos ante una unión azarosa, sino ante la convergencia de dos trayectorias que han definido el rock de las últimas décadas. Por un lado, Adrian Smith, pieza fundamental en el andamiaje melódico de Iron Maiden; por el otro, Richie Kotzen, el versátil músico cuyo paso por Poison, Mr. Big y The Winery Dogs cimentaron su estatus de leyenda contemporánea. Esta potencia se vio amplificada por una sección rítmica brasileña de alto calibre: Julia Lage en el bajo y Bruno Valverde en la batería. Ambos llegaron con un currículum forjado en el metal de los últimos años —destacando la técnica de Valverde en Angra—, proporcionando una base sólida y moderna que permitió que el diálogo entre las guitarras fluyera con total libertad.
La jornada comenzó con la presencia de Fahrenheit, institución del hard rock chileno que, con más de dos décadas de historia, demostró por qué sigue siendo un referente ineludible del género a nivel local. El vínculo de la banda con esta noche era especial, recordando que ya hace 22 años habían tenido el honor de abrir para Richie Kotzen en su primera visita. Con un desplante escénico arrollador, la banda desplegó un setlist certero que arrancó con la energía de “King of the Night” y “Voodoo Negra”, rescatando lo mejor del glam y el hard rock de los 80. Pasajes como “Toxic Love” —parte de su EP más reciente— y la potencia de “Unleash the Love” y “Nuevos Tiempos” mantuvieron la intensidad en alto, para finalizar de forma épica con “Vuelvo a Vivir”. Fahrenheit, que en su trayectoria cuenta con hitos como haber trabajado con productores internacionales y rotado en cadenas como MTV, demostró que no le pesan los escenarios masivos tras haber abierto para gigantes como Kiss o Mötley Crüe, dejando la atmósfera del Coliseo cargada de energía para el plato principal.
La travesía sonora de Smith/Kotzen arrancó puntualmente a las 20:30 con la energía directa de “Life Unchained” y “Black Light”, estableciendo de inmediato una estética de rock puro y sin disfraces. Adrian Smith, con su clásica chaqueta de cuero y una presencia autoritaria pero serena, contrastaba con la elegancia bohemia de Richie Kotzen, quien dominaba el escenario con una soltura envidiable. La conexión entre ambos fue evidente desde los primeros compases, especialmente en “Taking My Chances”, donde el intercambio de voces y solos se sintió como un diálogo fluido y lleno de respeto mutuo. No había artificios digitales; solo un backline real y una iluminación cálida que permitía al público concentrarse en el impresionante trabajo de dedos sobre el mástil, mientras la banda se movía con una libertad que solo se ve en grupos que disfrutan genuinamente lo que hacen.
A medida que el show avanzaba, la intensidad técnica fue en aumento. El bloque central, coronado por la pesadez de “White Noise”, mostró el lado más virtuoso del cuarteto, con un riff que retumbó en cada rincón del Coliseo. Acto seguido, “Scars” nos regaló uno de los momentos más íntimos de la noche; Adrian Smith tomó el protagonismo entregando un fraseo melódico que silenció al teatro en un acto de respeto absoluto antes de estallar en una ovación cerrada. La sección rítmica brasileña alcanzó su cénit con “Solar Fire”, la canción que cerró el set principal de manera demoledora. Aquí, Julia Lage electrificó el ambiente con su impecable interpretación, mientras Bruno Valverde desplegaba una pegada magistral, recordándonos por qué es uno de los genios más brillantes de la batería actual sudamericana.
El regreso para el encore fue, sencillamente, histórico. Tras la visceralidad de “You Can’t Save Me”, donde Richie Kotzen demostró por qué posee una de las mejores voces del rock actual, el ambiente se preparó para el cierre definitivo. Los primeros acordes de “Wasted Years” desataron una catarsis colectiva. Esta pieza, que Adrian Smith compuso para el icónico Somewhere in Time de 1986, ha sido durante cuatro décadas un pilar fundamental del legado de Iron Maiden, pero escucharla en este formato más crudo y orgánico le dio una dimensión nueva y conmovedora. Ver al autor original liderando el himno en la intimidad del Coliseo, con el público chileno convertido en un solo coro gigante, fue una experiencia épica que trascendió lo musical. Fue el broche de oro para una noche donde la historia y el presente del rock se dieron la mano, sellando el debut de una dupla que, lejos de vivir de glorias pasadas, ha construido una identidad propia, sólida y emocionante.
Cuando el estruendo de las cuerdas dio paso al eco del silencio se grabó en nuestra memoria la imagen de ese diálogo perfecto entre dos titanes que ya no tienen nada que demostrar, pero que lo entregaron todo. Fue una jornada donde el legado y el presente colisionaron para recordarnos que el rock and roll, en su estado más puro, es un lenguaje eterno de fuego y libertad. Santiago fue testigo de una hermandad eléctrica que se elevó como una leyenda que apenas comienza a escribirse.
Setlist Fahrenheit:
King of the Night
Voodoo Negra
Toxic Love
Unleash the Love
Nuevos Tiempos
Vuelvo a Vivir
Setlist Smith / Kotzen:
Life Unchained
Black Light
Wraith
Glory Road
Hate and Love
Blindsided
Taking My Chances
Outlaw
Darkside
Got a Hold on Me
White Noise
Scars
Running
Solar Fire
Encore:
You Can’t Save Me
Wasted Years
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