Cancamusa en Teatro Nescafé de las Artes: La dosis justa de química natural para calentar el alma

24 de mayo 2026.

Por Pablo Álvarez.
Fotografías por Matías Schwartz.

Popularmente se le llama “el cuarteto de la felicidad” al conjunto formado por 4 químicos naturales específicos: oxitocina, serotonina, endorfinas y dopamina. Justamente este último elemento es el que da el nombre al más reciente disco de Cancamusa (36), trabajo que presentó casi íntegramente la noche de este domingo en el Teatro Nescafé de las Artes.

La noche comenzó con la cantautora nacional Paskurana, quien junto a su guitarra acústica amenizó la espera en medio de la fría jornada dominical en la capital. A las 20:10 las luces del teatro se volvieron tenues y comenzó la música. 6 músicos desplegados en escena, pero Cancamusa no aparecía en el escenario. Eso hasta que un redoble se escuchó en el fondo del recinto y -cual tamborilero- la música nacional entró tocando con su caja pegada al cinto. Apenas subió a la tarima sonó la rítmica “Trenes”, que sirvió como un exorcismo contra las bajas temperaturas y ese canto al frío que se siente tras el fin de una relación. Para terminar de entrar en calor llegó “Te Conocí”, una dosis potente de ágil oxitocina y ese enamoramiento que te hace volver a sentir un adolescente feliz y embelesado.

“Buenas noches. ¿Cómo están?”, pregunta Natalia Pérez (Cancamusa para el público), luciendo un conjunto azul marino con franjas burdeo. “Muchas gracias por estar aquí esta noche de frío. Estoy muy emocionada de estar cantando estas canciones y celebrando mi último disco, ¡¿que se llama?!”. “¡Dopamina!”, responde enérgica la audiencia, antes de que la oriunda de La Unión comience a tocar la pieza que le da el nombre al álbum. Francisco Durán de Los Bunkers, tomó no sólo la tarea de ser uno de los guitarristas de Cancamusa, sino que también se las dio de Gepe para cantar la única colaboración que tiene el Dopamina. Mientras, la gente cantaba el coro elevando corazones rosados por toda la sala.

Una visita a su disco anterior Amor Minimal (2023), llegó con el romance cósmico de “Sin Miedo a la Profundidad” y el teclado de Felipe Santana tomando el protagonismo, seguida de la hermosa pero dolorosa “La Ironía de las Flores”, que terminó con un potente solo de Diego Peralta en la guitarra eléctrica. De vuelta al Dopamina, Cancamusa se plantó sobre la batería reservada para ella en una tarima al fondo y al centro del escenario, para cantarle a esa “Cicatriz” que muchas veces nos dejan las personas que pasan por nuestras vidas. Cambio de mood porque una sobredosis de oxitocina y endorfinas nos entregó la sensual y apasionada “En medio del Desierto”, pegada magistralmente sólo por un breve fill de batería de Natalia con la confusión infiel y culposa de “Babel”, acompañada de un solo espacial y ruidoso de Francis Durán.

Todo se tiñó de fucsia cuando Cancamusa se sentó al lado de su guitarra para la atractiva “Venus”, de su disco debut (Cisne: Lado Negro, 2020), que con su misterio y sensualidad se ganó una ovación de los presentes. Y del fucsia a la luz blanca por primera vez en la noche, quizás en un guiño al único cover de la velada: “Entre mis Recuerdos”, escrita por Albert Hammond y popularizada por la española Luz Casal. Antes de que la chilena volviese a la batería, toda la banda entró en modo funky cósmico para “Una Noche que Nunca Termina”, la que finalizó con un aplauso cerrado del público a la destreza de Diego Peralta en las 6 cuerdas.

Nuevamente con Cancamusa desde lo alto y con 2 baquetas en sus manos, sonó esa balada de despedida que busca cerrar el capítulo para avanzar en “Fue un Adiós”, seguida de la inédita “Nunca Es Tarde”, que formará parte de la versión deluxe de Dopamina a lanzarse en los próximos meses. Liberada de todo instrumento, a excepción de su voz, la también baterista de Los Bunkers desata su más pura versión de frontwoman para invitar al público a bailar con el pop fresco y dulce de “Quédate”. La dopamina siguió arriba con “Check” y su interpelación a abrazar nuestro pasado. Disposición que no fue distinta para “Si te Viera”, que dejó a todos moviendo los pies y pidiendo más ante la salida de la banda.

Para el encore, llegó el romance cadencioso de “Reviví”, con la luz cenital iluminando solamente y en todo momento a Cancamusa. Mientras que “Horas Contigo” convirtió en un karaoke al teatro, y el excelente bajo de Ismael Oddó se llevó las miradas en el beat ágil de “Garza”. Para el final, una última sorpresa con otro Bunker a escena: Mauricio Durán se colgó la guitarra para “Planetas Viejos”. “Gracias por esta noche tan especial. Es un honor para mí estar cantando mis propias canciones”, dice la estrella de la jornada a modo de despedida. Como cierre definitivo llegó “Antes de que se Apague el Sol”, la que fue coreada con ganas por sus fanáticos.

En aproximadamente 1 hora y 40 minutos el show de Cancamusa desplegó el cuarteto de la felicidad completo: la voz de Natalia fue la serotonina que nos dio la calma y el cobijo, le cantó a ese amor apasionado para llenarnos de oxitocina, junto a su banda nos envolvió en endorfinas llenas de acordes y ritmos acompasados, y por sobre todo nos entregó una sobredosis de dopamina a la vena, como para celebrar que valió la pena batallar contra el frío capitalino y recibir nuestra merecida recompensa encarnada en 21 hermosas canciones.

Setlist:
Trenes
Te Conocí
Dopamina
Sin Miedo a la Profundidad
La Ironía de la Rosas
Cicatriz
En Medio del Desierto
Babel
Venus
Entre mis Recuerdos
Una Noche que Nunca Termina
Fue un Adiós
Nunca Es Tarde
Quédate
Check
Si te viera
Reviví
Horas Contigo
Garza
Planetas Viejos
Antes de que Apague el Sol